Hoy llegamos a Marsella, ciudad en la que estaremos un par de días de descanso. El trayecto ha sido corto pero la entrada hasta el centro no ha sido especialmente fácil. Desde luego no es esta una ciudad pensada para la bicicleta.
Hemos salido de Port-le-Buc siguiendo el canal de Caronte que une la laguna de Berre con el mar. Había mucha gente pescando en el canal pero a nosotros no nos haría mucha gracia comer el pescado de estas aguas. Para poder atravesar hacia el otro lado se han construido varias estructuras: un puente para el ferrocarril, otro para la autopista… pero nosotros pasamos por uno más modesto en el pueblo de Martigues.
Puente de la autovía sobre el canal de Caronte
Esta pequeña villa tiene un encanto especial. Conserva su esencia marinera con casas bajas y coloridas a ambos lados del canal. No nos hubiera importado quedarnos todo el día por aquí pero no queríamos llegar a Marsella demasiado tarde.
Casas en Martigues
Desde Martigues hemos continuado por una carretera departamental situada de forma paralela a la autopista. No tiene tanto tráfico como esta pero tampoco es una carretera tranquila. Lo bueno es que aquí casi todas las vías tienen mucho arcén lo que hace más tranquilo el pedaleo. Para llegar a Marsella hemos tenido que superar un pequeño puerto de unos 200 mts en cuya cumbre está un pueblo llamado La Rove sin especial atractivo.
Bajando el puerto de La Rove
Desde ahí hemos bajado el puerto por su cara sur y hemos entrado ya en el área urbana de Marsella con unas vistas espectaculares sobre su bahía.
Vista de la bahía de Marsella junto al viaducto de La Corbiere
El primer pueblo o barrio de Marsella que nos ha recibido es L´Estaque, un lugar muy querido y frecuentado por pintores de varias épocas y estilos, especialmente Cezanne, Braque y Renoir.
«El golfo de Marsella desde L´Estaque» de P.Cezanne
A partir de L´Estaque hemos seguido la línea de los muchos kilómetros de puerto con que cuenta la ciudad. De hecho es el principal nodo marítimo del Mediterráneo y el tercero más importante de Europa.
Parte de las instalaciones del enorme puerto de Marsella
Finalmente hemos llegado al Puerto Viejo, centro neurálgico de la ciudad, a través del Fuerte de Sant Jean. Ahora nos toca disfrutar la ciudad a pata y dejar a nuestras bicis descansar un poco que se lo han ganado.
Hoy hemos hecho dos etapas en una. La primera, la bella y la segunda, la bestia. Ahora os contamos por qué.
La Bella
La Bestia
Desde Saintes Maries de la Mer hemos cogido un camino de tierra que atraviesa todo el parque natural de la Camarga hasta Salin de Giraud. Son más de treinta kilómetros por una zona de naturaleza salvaje sin apenas visos de la mano del hombre. Un continuo de playas vírgenes, marismas y lagunas repletas de multitud de aves, especialmente inmensas bandadas de flamencos.
Flamencos en el parque natural
El día ha salido muy soleado y de temperatura perfecta. Vamos, una gozada para el pedaleo. Ayer pensábamos alargar la etapa hasta Salin de Giraud, pero nos alegramos de haberlo dejado para hoy. Esta ha sido la parte bella del día.
La parte de la bestia ha venido después. En Salin de Giraud hay que coger otra barcaza para cruzar el Gran Ródano. Se puede decir que toda la Camarga es el enorme delta formado por los dos brazos del Ródano y sus desembocaduras (Las Bocas del Ródano). Ayer atravesamos el Pequeño Ródano y hoy hemos cruzado el Grande.
A punto de cruzar el Gran Ródano
Pues bien, tras cruzar el Gran Ródano se acabaron los espacios idílicos de la Camarga. Sí que siguen habiendo lagunas y se ven aves dispersas pero poco a poco se va apoderando del paisaje un horizonte lleno de enormes moles industriales, chimeneas humeantes de refinerías, fundiciones, industrias químicas.
Cuesta acostumbrarse a pasar, en tan poco espacio y tiempo, de un lugar absolutamente idílico a un paisaje de distopía futurista. Para acompañar el escenario y hacerlo aún más monstruoso, se acabaron los carriles bici o cualquier tipo de vía que haga algo amable la circulación sin motor. Hay que arrimarse al arcén, que por suerte es generoso y convivir con un continuo de camiones y coches que van y vienen de las múltiples industrias de la zona. Es tal el caos que hemos tenido que preguntar a un trabajador de un almacén de la zona cómo continuar camino hacia Fos Sur Mer. Este nos ha dicho que no nos podemos imaginar la cantidad de ciclistas que pasan y le preguntan lo mismo. No alivia pensar que no somos los únicos ciclistas que, viniendo de pueblo, se pierden en cuanto aparecen cuatro encrucijadas. Lo cierto es que este tramo de camino no es fácil para la bicicleta. Es una zona de geografía limitada por los cuatro costados y los pasos que hay están pensados para el transporte a motor (autovías, autopistas, trenes…) en absoluto para las bicis, algo extraño en este país, la verdad. Pero esta zona no está pensada para ser amable con el ser humano. Aquí residen todas esas industrias que, aunque seguramente sean muy necesarias, nadie queremos tener al lado de casa. De hecho hay multitud de artículos por internet alertando de la cantidad de casos de cáncer y otras enfermedades que se dan en esta zona. Hablan incluso de una incidencia de tres veces por encima de la media francesa. Viendo el horizonte no es de extrañar. Y es curioso que cuando hemos llegado a Port de Buc nos ha llamado la atención la enorme cantidad de farmacias que se anuncian y se ven muchos gabinetes médicos… ¿Tendrá qué ver con ello? .
El mar está repleto de barcos que vienen y van de todas esos complejos industriales. Realmente el baño en estas aguas no proporciona un horizonte plácido.
Multitud de barcos en el horizonte
Queríamos hacer noche en Port de Buc, ya que tiene un pequeño camping municipal pero nos hemos enterado que todavía está cerrado. Como el siguiente camping nos queda bastante lejos para la etapa de hoy hemos buscado un hostal junto al tranquilo puerto del pueblo.
Hoy hemos hecho una etapa suave y placentera por la Pequeña Camarga.
Paisaje característico de la zona
Hemos salido de Le Grau de Roi no sin antes darnos un paseo por su puerto pesquero que a esas horas de la mañana tenía un incesante bullicio de gente paseando entre pequeños puestos que los pescadores ponen con sus recientes capturas.
Le Grau du Roi por la mañana
Desde Le Grau du Roi nos hemos dirigido a Aigues Mortes, un bellísimo pueblo que nos sorprendió enormemente en nuestro anterior viaje. Con ese nombre y en medio de una marisma no te esperas un lugar tan pintoresco. De hecho nos ocurrió al contrario que con La Grande Motte (que su nombre nos sedujo más que el lugar, podrían intercambiárselo).
Vista de parte de las murallas de Aigues Mortes
Como ya os contamos en aquella entrada del blog, Aigues Mortes es un pueblo completamente amurallado. La ciudad fue construida por Luis IX de Francia (apodado San Luis), en un pantanal poco salubre y desde luego nada atractivo para la construcción. Pero por aquel entonces Francia apenas tenía lugares para acceder al Mediterráneo ya que al este estaba la Provenza, que pertenecía al Sacro Imperio Romano, y al oeste Montpellier, del Reino de Aragón y la Aquitania inglesa. Así que este puerto se convirtió en el principal acceso francés al Mediterráneo hasta la anexión de Marsella en 1481 y hasta dicha fecha todas las cruzadas francesas partieron de aquí. Jugamos a imaginarnos el clima que se respiraría por estas calles los días antes de zarpar aquellos barcos, todas llenas de mercenarios y algún que otro santurrón. Con el estupendo estado de conservación de la ciudad es fácil remontarse a aquella época con la imaginación.
Una de las puertas de la ciudad
De Aigues Mortes partimos, la otra vez, hacia Arles. En esta ocasión nos dirigimos a Les Saintes Maries de la Mer, en pleno corazón de la Camarga y de alguna forma su capital. Este es un lugar especial por varios motivos. El primero de ellos es su luz y su color. Rodeado de agua por todas partes, tiene una atmósfera especial. No es de extrañar que Vincent Van Gogh estuviera una semana pintando en él durante su estancia en Arles. De aquí salieron algunos de los paisajes marinos más conocidos del pintor.
Cuadro pintado en Saintes Maries por Van Gogh
En segundo lugar, es un centro de peregrinación muy importante, especialmente para la comunidad gitana de todo el mundo. Todo esto no lo sabíamos pero al pararnos a comer en un chiringuito, que estaba en el embarcadero donde se coge la barcaza para cruzar el Pequeño Ródano, nos ha atendido un camarero gitano muy elegante y a mi me ha dado por mirar en google si había comunidades gitanas por aquí y mira por donde me han empezado a salir páginas sobre las peregrinaciones y las romerías. Es lo bonito de viajar con la ignorancia. Llegas a los lugares y casi siempre te sorprenden.
En la barcaza que cruza el río, después de comer
La historia es la siguiente. En la iglesia fortificada de Sainte Marie de la Mer se encuentran las reliquias de dos santas de la iglesia católica, Santa María Jacobe y Santa María Salomé. Pero a quien veneran los gitanos aquí no es a ninguna de ellas sino a «Sara la Negra», su «Santa Sara Kalí» (no reconocida como santa oficialmente por los cánones católicos).
Imagen de las dos santas en la barca
La leyenda cuenta que las dos santas (las oficiales) junto con otros acompañantes (que varían según las versiones: María Magdalena, Santa Marta, Lázaro (el ciego)…) llegaron a las playas de este lugar en el año 45 d.C en una pequeña embarcación a la deriva, huyendo de la persecución de los romanos en Palestina (parece que, por desgracia, los refugiados del próximo oriente ya existían por aquel entonces). No hay acuerdo sobre si Sara venía en la embarcación con ellas o no. Incluso hay corrientes esotéricas que creen que Sara era hija del propio Jesucristo. Lo relevante es que sus restos están, supuestamente, en el templo de este pueblo y cada 24 de mayo miles de gitanos de todo el mundo llegan aquí para celebrar una romería en la que sacan la figura de Santa Sara al mar. La iglesia está llena de exvotos, algunos muy suntuosos, que los creyentes van dejando aquí como ofrendas a las santas.
El interior de la iglesia
Santa Sara Kalí
El exterior de la iglesia
Por las calles no dejan de sonar canciones de los Gypsy Kings o de grupos similares. De hecho parece ser que la banda, o su germen, nació aquí o al menos eso dicen. Todo está impregnado de una mezcla de iconos de la Camarga, como su símbolo más emblemático, la cruz, el corazón y el ancla, con guiños a ciertos tópicos más o menos conseguidos de la cultura española. En algún restaurante ofertaban «paella sevillana», que no sabemos muy bien en qué consistirá.
El símbolo de la Camarga en la rotonda
También hay multitud de referencias a lo taurino ya que aquí hay mucha tradición de festejos con toros pero no propiamente corridas. Son «carreras», una especie de espectáculo de recortadores en los que tienen que poner o quitar unos aros del cuerno del toro.
Les Arenes (Plaza de toros)
El toro de la Camarga es una especie propia de estas tierras y junto con el caballo, son sus animales más emblemáticos.
El toro de la Camarga
De todas formas para nosotros hay un tercer animal que deberían considerar como símbolo del lugar. Uno que puede llegar a ser bastante más peligroso que los toros y, desde luego, es más difícil de capear: los mosquitos. En el camping del pueblo hay una auténtica plaga y no exageramos cuando decimos que en la farmacia había cola para comprar repelente.
Hoy hemos hecho un tramo de camino que ya habíamos recorrido dos años atrás. Sin embargo, apenas hemos vuelto por ninguno de los caminos que hicimos aquel año de tal forma que es como si el recorrido por estas tierras fuera nuevo para nosotros, o casi.
Desde el camping de Marseillan hemos recorrido la enorme lengua de tierra que separa la laguna de Thau del mar. Son varios kilómetros de dunas y playas naturales. Nos parece que hay bastante gente en la playa y es normal, aquí son ahora las vacaciones que llaman de Pascua. El día ha salido precioso así que la gente que ha venido de vacaciones está aprovechando para disfrutar de la playa.
Hay bastante gente en las playas
Hemos llegado a Sète a media mañana y hemos parado a tomar un café. Esta ciudad siempre que la hemos visitado (y ya va por la tercera vez) tiene mucho bullicio, especialmente en la zona de su puerto pesquero (que nos encanta). Séte es una ciudad puramente mediterránea y eso se nota en todos y cada uno de sus rincones.
Vista de Sète
De Séte hemos pedaleado hasta Frontignan por un tramo de carretera con demasiado tráfico para nuestro gusto. Por suerte ha sido un trayecto corto. En el camping de Frontignan hicimos noche en nuestra anterior visita. Aquella vez seguimos el canal del «Ródano a Sète» prácticamente hasta Arles. Sin embargo ahora hemos pedaleado por un estupendo carril bici que bordea la costa y que nos ha traído casi hasta Le Grau de Roi, lugar que no habíamos visitado.
Vista del camino del canal que anduvimos en el anterior viaje
Para llegar aquí hemos atravesado varios pueblos con mayor o menor encanto. El primero de ellos, Vic la Gardiole, nos ha gustado. Es un pueblo muy pequeño pero tiene una iglesia con aspecto de fortaleza bastante imponente.
Iglesia fortificada en Vic la Gardiole
Desde aquí hemos llegado a Villeneuve-les-Maguelone. Es un pueblo este que, como su nombre indica, fue una villa nueva que se hizo nueva después de abandonar otra, Maguelone, que estaba junto al mar. De aquella queda aún hoy su antigua catedral que recordamos haber visto en nuestro anterior viaje por aquí cuando pasamos por el canal. El obispado de Maguelone se trasladó, por lo visto, a Montepellier en el siglo XVI pero la antigua catedral aún sigue dando testimonio de aquellos años de esplendor de aquella pequeña villa costera.
En Villeneuve hemos parado a comer en un pequeño bar donde nos han servido unos platos de verdura con una especie de flan de pesto deliciosos.
Pequeño restaurante en Villeneuve donde comimos
Desde aquí hemos continuado por un carril bici hacia la costa. Todo el siguiente tramo no nos hubiera importado saltarlo pues hemos recorrido un continuo de feos barrios de pisos de veraneo sin ningún atractivo. En cuanto sales de la costa y entras un par de kilómetros al interior cualquier pueblo tiene un enorme atractivo, pero toda la parte de la costa… El máximo exponente de esta horrible arquitectura es, sin lugar a dudas, un pueblo llamado La Grande Motte. Al principio su nombre nos parecía sugerente pero al descubrirlo se nos ha roto cualquier expectativa. Si hubiera que dar el premio “Benidorm” a algún lugar de Francia, La Grande Motte llevaría muchísimas papeletas.
Típica construcción tradicional de La Grande Motte
No obstante, entre los diferentes pueblos y barrios que hemos ido atravesando se extiende una enorme superficie de lagunas marinas que en esta época cuentan con una enorme riqueza de fauna. Lo que más se observa por uno y otro lado son las enormes bandadas de flamencos, la mayoría de ellos con la cabeza hundida en el agua buscando su alimento. Que pájaro tan hermoso el flamenco, especialmente cuando levanta el vuelo.
Flamencos
Finalmente hemos llegado a Le Grau du Roi, un pueblo de la Pequeña Camarga. Se nota que es también un importante centro turístico pero conserva en su corazón un puerto pesquero a lo largo de un canal que le da un toque de autenticidad, algo que ni por asomo hemos visto en La Grande Motte.
Hoy hemos llegado al punto de encuentro con nuestra anterior ruta del Periplo mediterráneo. En aquella ocasión salimos de Soria y pasamos a Francia por San Sebastian para, posteriormente, seguir el canal del Midi hasta Agde. Hoy hemos llegado aquí desde el sur, siguiendo la costa. A partir de aquí parte de nuestra ruta será muy parecida a la anterior hasta que lleguemos a la costa de Liguria pero intentaremos cambiar algunos tramos para descubrir nuevos lugares. Por ejemplo la otra vez no pasamos por Marsella (hicimos una pequeña excursión desde Aix en Provence) pero ahora queremos recorrer ese tramo de la costa en lugar de ir por la zona interior de la Provenza.
La jornada de hoy ha sido una pequeña gymkana ya que nos ha tocado atravesar zonas de bosque cerrado, zonas encharcadas, confundirnos y desandar camino varias veces… pero esto es así. En el fondo ha sido divertido (ahora que hemos llegado, jaja).
La prueba del agua
Desde Narbona hemos pedaleado por carreteras secundarias hasta un pequeño pueblo llamado Fleury en el que hemos parado a tomar un café y unos deliciosos dulces de un panadero ambulante.
El panadero ambulante en Fleury
Desde Fleury, confiados de que podríamos pasar por unos caminos rurales hasta otro pueblo llamado Vendres, hemos tomado un desvío para seguir por una pista paralela al río Aude. Después de llevar varios kilómetros de pedaleo nos hemos dado cuenta de que toda la zona es una especie de marisma inundada y todos los caminos que queríamos cruzar estaban embalsados. Las últimas lluvias han dejado la zona rebosante de agua. También el propio río Aude baja bien cargado. Al final hemos intentando buscar el camino de entrada da una casa rural de la zona para, desde allí, buscar una salida pero hemos ido a parar a un prado con unos hermosos toros de lidia y bastante agua. Total, que ha tocado volver por donde habíamos venido y eso siempre escuece un poco.
La pradera de los toros de lidia
Finalmente hemos encontrado un atajo hasta un pueblo llamado Lespignan y de ahí una carretera hasta Vendres. Hemos aprendido la lección. Tal y como está todo de agua, los caminos no nos dan garantías de llegar a buen puerto así que hemos decidido avanzar por carreteras secundarias que, a pesar de tener un poco de tráfico (en realidad más bien poco) nos aseguran no tener que darnos la vuelta.
Curioso grafitti en medio de un sembrado
De Vendres hemos ido a otro pueblecito llamado Serignan en el que hemos parado para comer. En estos pequeños pueblos uno nunca acaba de saber si va a encontrar algo abierto. Cuando hemos llegado parecía un lugar fantasma pero después de un paseo por su bonito centro hemos encontrado un mercado con un puesto de comida regentado por un italiano muy simpático. Rodolfo, así se llama, nos ha dado de comer un plato de pasta casera, hecha por él mismo que nos ha sabido a gloria.
Rodolfo preparándonos el postre
Tras despedirnos de Rodolfo y de Serignan hemos pretendido seguir un camino rural hasta otro pueblo llamado Portiragnes, pero una vez más era imposible avanzar por él debido al agua.
En este si que nos hemos bañado
Así que hemos dado un poco de rodeo. Hemos cruzado el canal del Midi, un viejo conocido nuestro, y por una pequeña carretera hemos llegado a Vias, un pueblo con un centro histórico en forma circular y unos rincones bien agradables. Hemos tomado un café y hemos continuado rumbo a Agde, pueblo por el que ya es la tercera vez que pasamos (la primera cuando hicimos el canal del Midi, y la segunda durante el Periplo Mediterráneo).
Plaza de Vias
Desde aquí hemos pedaleado hasta la costa para finalizar la etapa en una fea zona de veraneo, repleta de comercios para el turismo masivo. Por suerte, en esta época del año todavía está casi todo vacío.
¡Hoy hemos vuelto a ver el sol!. Después de mojarnos generosamente en la etapa de ayer, hoy hemos podido disfrutar de un día perfecto: sol agradable, apenas viento, una temperatura alrededor de los 20º y unas pistas junto a las marismas con paisajes estupendos. ¿Qué más se puede pedir?. No obstante, sabemos que el camino no siempre es así pero hay que saber disfrutar cuando ocurre.
Pedaleando entre el canal y la marisma
Hemos salido del pequeño y coqueto pueblo de Torreilles a las 10 de la mañana y después de un desayuno con fundamento en la casa rural de una pareja majísima. Desde aquí nos hemos dirigido a Sant Laurent de Salanque y de aquí a Le Barcarés. En ambos pueblos nos hemos encontrado un ambiente de mercado muy animado con muchos puestos ambulantes y gran cantidad de gente. El día acompañaba, claro. Desde aquí hemos avanzado por una lengua de arena que separa el mar abierto de una gran laguna interior, al estilo del Lido veneciano y al que aquí llaman de igual modo. Hemos atravesado una zona de residencias veraniegas en Port Leucate y desde allí hemos pedaleado hasta el propio Leucate, un pequeño y pintoresco pueblecito en el que hemos parado a tomar un café.
Café en Lecaute
De camino aquí hemos disfrutado de unas impresionantes vistas de los Pirineos, cargados de nieve durante toda la última semana.
Los Pirineos nevados
Desde Leucate hemos seguido un trozo de carretera departamental para desviarnos, un poco después, hacia un pueblo llamado Port-la-Nouvelle. A partir de este desvío el tráfico era prácticamente nulo y las vistas a las marismas y las salinas espectaculares, con multitud de aves, especialmente flamencos, a ambos lados del camino.
Flamencos «sin pelícanos» (para los de Radio 3)
Hemos aprovechado para comer en Port Leucate, un pueblo casi fantasmal en esta época del año, pero muy masificado en verano (por lo que nos han contado). Además, como su nombre indica, tiene un puerto que parece importante. El último tramo hasta Narbona lo hemos completado por una pista de tierra con bastantes charcos por las últimas lluvias.
El camino embarrado
Este camino avanza junto al canal de la Robine, un ramal que pertenece administrativamente al canal del Midi y que conecta con él a través del río Aude. Lo interesante de este tramo de canal es que está rodeado de agua (dos lagunas interiores) por ambos lados. Es un canal de agua entre agua, una cosa un tanto llamativa.
El canal de La Robine
Así hemos llegado a un camping en las afueras de Narbona y junto al canal. Un poco llenos de barro, debido a los charcos del camino, pero felices de una bonita jornada de pedaleo.
Etapa corta la de hoy debido a la lluvia que nos ha acompañado durante buena parte del camino. No teníamos ganas de pedalear en estas condiciones así que hemos decidido hacer meta en este pequeño pueblo cercano a Perpignan.
La lluvia se avecina
Hemos salido de Collioure no sin antes hacer la última visita de despedida a la tumba de Machado hoy que es, precisamente, 14 de abril.
Junto a la tumba de Machado, 87 años después de aquel 14 de abril
A partir de aquí hemos seguido la carretera de la costa que ya es mucho más llana que en el tramo anterior. Hemos optado por ir por la parte más cercana al mar ya que en esta época hay menos tráfico, aunque el paisaje de complejos residenciales veraniegos y centros comerciales de playa no nos entusiasma. Hemos parado a comer en Canet, un pequeño pueblo unos 5 kms al interior.
Torre en Canet
Después de comer se ha puesto a llover con muchas ganas y sin visos de parar. Hemos intentado avanzar pero es muy desagradable hacerlo en estas condiciones así que, calados hasta los huesos, hemos decidido finalizar la etapa en Torreilles, un pueblo con cierto encanto a unos 8 kms del anterior. Mañana parece que comienza una semana de sol y buena temperatura así que esperamos que podamos disfrutar un poco más las etapas.
Hoy la lluvia anunciada no ha aparecido y hemos podido pedalear en seco, cosa que hemos agradecido enormemente. Como podéis observar ha sido una etapa más bien corta aunque esta vez la dureza no la esperábamos por la distancia sino por las continuas subidas y bajadas del camino. Estamos en las estribaciones orientales de los Pirineos y se nota. De hecho, uno se da cuenta de que este lugar, antes que una simple frontera política, ha sido y es una clara frontera geográfica.
Hemos dejado Pau (un pequeño pueblo cercano a Roses) bajo un oscuro manto de nubes que nos hacían presagiar un día pasado por agua. Tras dejar Vilajuïga a un lado hemos comenzado una subida que nos ha llevado hacia Llançá, pueblo costero a las faldas del imponente monasterio de Sant Pere de Rodes. Por suerte según ha ido avanzando el día se ha ido aclarando un poco y la amenaza de lluvia ha quedado simplemente en eso.
Castillo de Quermançó, junto a Vilajuïga
Desde Llançá hemos seguido la carretera litoral hacia el norte en un continuo de subidas y bajadas para poder vadear los sucesivos valles y montes que cruzan hacia el mar. Así hemos pasado por varios pequeños y pintorescos pueblos encajonados entre imponentes masas rocosas y el Mediterráneo (Colera, Portbou…).
Dejando atrás Portbou
Esta carretera fronteriza nos trae a la memoria las imágenes vistas algunas veces de las interminables hileras de personas que, huyendo de la dictadura que se avecinaba allá por el año 39, atravesaban con dolorosa resignación estos duros caminos. Entre ellos anduvo Antonio Machado, al que un poco más tarde recordaremos junto a su tumba en Collioure. Pero también había quien llegaba aquí en sentido contrario, huyendo de una Europa cada vez más asfixiada por el nazismo. Es el caso de Walter Benjamin, muerto en Portbou en 1940 y junto a cuyo cementerio han erigido un memorial en su honor. Qué terribles años aquellos en los que esta frontera atrapó a quienes no tenían ya adónde huir de algunos de los episodios más abominables de la historia reciente de la humanidad. Hoy pasamos por lo que en su día fue la aduana y descubrimos con alivio que no queda de ella más que unas destartaladas casetas. Ojalá otros límites impuestos por unos humanos contra otros cayeran de la misma forma.
Antiguo paso fronterizo
Hemos comido junto a la pequeña playa de Cerbére, ya en territorio francés y en un horario más propio de este país que del nuestro. Menos mal que la comida ha sido frugal ya que nada más dejar el pueblo nos esperaba una generosa subida que nos hubiera complicado alguna digestión menos ligera. En esta parte del trayecto la mayoría de las laderas están jalonadas de viñedos que, a pesar de las fuertes pendientes, desafían a las dificultades para obtener unos preciados caldos bajo la denominación Banyuls-Collioure.
Viñedos en las laderas
Según hemos ido avanzando, los escarpes de las montañas han ido perdiendo fuerza aunque la carretera ha continuado jugando a un sube y baja de los que dejan suaves las piernas.
Vista de la carretera junto a la costa
Hemos cruzado hermosos pueblos como Banyuls, Port-Vendres… para acabar la jornada en Collioure, pueblo hermosísimo que hace tiempo teníamos ganas de visitar.
Preciosa vista de Collioure antes de llegar al pueblo
Nada más llegar al centro urbano hemos descubierto que estábamos a las puertas del cementerio en el que está enterrado Antonio Machado así que hemos hecho la visita que no podíamos dejar de hacer. Nos da tristeza que, al igual que a Walter Benjamin y a tantos otros, esta frontera atrapase a quien no merecía acabar sus días en el abandono y la soledad.
Después de disfrutar durante toda una semana de la maravillosa Girona y sus gentes hemos reemprendido el camino con nuevas energías. Para salir de la ciudad hemos cruzado todo el casco histórico y «hem fet un petó al cul de la lleona» para que nos ayude a volver en una próxima ocasión.
Besando el culo de la leona
Besando el culo de la leona
Tenemos que daros las gracias a todos los amigos que nos habéis acogido con tanto cariño. Gracias Leo, Joan, Sole y parroquianos… Esperamos volver pronto.
Hasta la próxima Joan, Leo, ¡Gràcies per tot!
Desde Girona nos hemos dirigido a Celrá. De allí hemos continuado en dirección Este hasta Sant Joan de Mollet en donde nos hemos desviado hacia Flaçá. Aquí hemos tomado un camino de tierra junto al río Ter con un precioso paisaje de bosque mediterráneo de encinas y pinos con bastante barro por las recientes lluvias.
Casa fortaleza junto al Ter antes de Flaçá
Hemos cruzado el Ter por la presa de Colomers y desde allí hemos cogido un camino de ribera hasta Jafré. Nuestras bicis se han ganado una buena limpieza. Finalmente hemos llegado a L´Escala, lugar en el que hemos parado para comer.
Camino de L´Escala con el Montgrí al fondo
Como no podía ser de otra forma hemos dado buena cuenta de unas anchoas con «pà amb tomaquet». Tras disfrutar de la comida y de las vistas de la pequeña cala del pueblo, hemos reemprendido el camino hacia las ruinas de la mayor colonia griega conocida en la Península, Ampurias. A pesar de que el lugar nos entusiasma no hemos parado, seguros de que en un futuro haremos un viaje por la zona para disfrutar con más pausa y detalle de los encantos de esta bellísima tierra.
Las ruinas de la antigua Ampurias
Junto a las ruinas de Ampuriaes y con L´Escala al fondo
El antiguo espigón griego de la ciudad
Hemos dejado atrás Sant Marti D’Empuries, un estupendo conjunto medieval, y nos hemos dirigido hacia Sant Pere Pescador, con la lluvia pisándonos los talones, tanto que cuando hemos llegado a este pueblo ya estábamos chorreando. Como parece que amainaba un poco nos hemos decidido a continuar en busca de Castelló d´Empuries. Desde aquí, como aún nos quedaban fuerzas y la lluvia respetaba hemos decidido avanzar hasta Vilajuïga pero finalmente hemos pecado de confiados y nos ha pillado un buen chaparrón.
Els Aiguamolls de L´Empordà
Camino a Sant Pere Pescador por Els Aiguamolls
Camino a Castelló D´Empuries
Camino a Castelló D´Empuries
Camino a Vilajuïga
A veces son los elementos los que toman las decisiones por nosotros así que hoy las nubes han querido que durmamos aquí.