Etapa 19: Fumo – Cremona (83 km)

Hoy hemos salido de la región de Lombardía, hemos pasado a la de Emilia Romagna para volver, al final de la etapa, a la de Lombardía.

Por suerte el día ha vuelto a salir soleado y aunque hemos tenido un poco de viento, este ha sido a favor casi siempre. Hemos continuado pedaleando por la gran llanura del Po, aunque solo hemos llegado a ver el río al llegar a Cremona.

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El Po a su paso por Cremona

La etapa ha sido prácticamente llana, atravesando un continuo de tierras de cultivo en su gran mayoría dedicadas a la vid y al cereal.

Hemos hecho la primera parada en un pueblo llamado Castel San Giovanni para descansar un poco. El bar donde hemos tomado el café estaba regentado por una pareja de chinos y la clientela, en su mayoría, eran magrebís. Desde luego que la globalización ha llegado también aquí. No solo por sus habitantes. En este lugar han construido uno de los mayores centros de distribución de Amazon en Italia.

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Castel San Giovanni

Toda esta zona es territorio de encrucijada. Se nota especialmente en sus infraestructuras, líneas ferroviarias, redes eléctricas, autopistas que conectan con buena parte del territorio norte de Italia (Turín, Bolonia, Brescia, Génova, Venecia…). Casi todas los caminos pasan por aquí. Y no es algo reciente. Ya las antiguas vías de comunicación medievales (y quizás ya romanas) pasaron por estas tierras. Es el caso de la Vía Francígena, un camino de peregrinación a Roma que parte de Canterbury. Hoy se ha recuperado como incentivo turístico imitando al Camino de Santiago. Y aquí se cruza con otra ruta que sigue el curso del Po, que es la que, más o menos, estamos siguiendo nosotros.

Hemos llegado hacia la una a Piacenza, una pequeña ciudad con mucha historia y monumentos. Lo primero que hemos hecho ha sido buscar un lugar para comer ya que estábamos hambrientos. Aunque pedalear por la llanura no exige el mismo esfuerzo que la montaña lo cierto es que desgasta bastante.

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Entrando en Piacenza

Después de comer hemos paseado tranquilamente las calles de Piacenza descubriendo parte de sus encantos. La ciudad está llena de palacios, la mayoría de ellos construidos con ladrillo como el espectacular Palacio Gótico, en la Plaza de los Caballos o el enorme Palacio Farnesio.

También hemos visitado el Duomo que, la verdad, nos ha decepcionado un poco (especialmente si lo comparamos con el de Cremona, por ejemplo).

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El Duomo de Piacenza

Piacenza también es famosa por sus embutidos. De hecho, por el camino hemos visto mucha publicidad sobre la charcutería piacentina y el queso Padano. Al final lo hemos podido degustar no aquí sino en Cremona, en el bar de Alessandra, una chica italiana que, según nos ha contado, estudió en Salamanca unos años. Ella y su pareja hacen embutidos tradicionales con los cerdos de raza autóctona (parecido al ibérico) que crían ellos mismos de forma ecológica. Los hemos disfrutado acompañados de un riquísimo vino de la zona.

De Piacenza a Cremona hemos venido bastante rápido ya que hemos tenido un fuerte viento a favor. Cremona es, para los melómanos, una ciudad que muy evocadora.

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Plaza del Duomo

Lo primero que nos viene a la cabeza al hablar de esta ciudad son los archiconocidos violines que se produjeron aquí en el barroco. Muchos de ellos siguen sonando hoy día y, desde luego, no cualquiera puede tener uno, son muy cotizados. Quizás los más famosos sean los Stradivarius pero no son los únicos. Hubo otros grandes constructores como los Guarneri o los Amati. Por cierto que en el Palacio Real de Madrid se conserva una colección notable de Stradivarius.

La construcción de instrumentos de arco no es cosa del pasado aquí. Hay una gran cantidad de luthieres en la ciudad. Además hay una famosa escuela de luthería que cumple, por lo visto, ochenta años.

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Uno de los muchos talleres de lutheria

Aparte de por la construcción de instrumentos, Cremona es conocida también por ser la ciudad natal de un grande de la música, el enorme Claudio Monteverdi. En esta catedral se formó como músico siendo apenas un chiquillo con Marco Antonio Ingegnieri.

Hemos llegado tarde para ver el museo de los violines que quizás visitemos mañana antes de partir.

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Museo del Violín

 

Etapa 18: Acqui Terme – Fumo (87 kms)

La de hoy ha sido una etapa sin apenas desnivel. Hemos empezado a recorrer las llanuras de la cuenca del Po, desde tierras del Piemonte para acabar en Lombardía.

Ayer los meteorólogos amenazaban con lluvia pero el día, por suerte, ha salido con un sol espléndido. Tras dejar atrás las aguas sulfurosas de Acqui Terme nos hemos dirigido hacia el noreste. Hemos diseñado una etapa por pequeñas carreteras, en las que ver un coche es un acontecimiento, y por solitarios caminos agrícolas.

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Uno de los caminos de la ruta

Hemos disfrutado del pedaleo tranquilo y sin agobios y de los sonidos de la naturaleza. Es cierto que esta parte del recorrido no es tan pintoresca como lo han sido otras (por eso quizás hay menos coches también). El paisaje es el propio de una llanura agrícola, con grandes extensiones de cereal salpicado por pequeñas poblaciones construidas a base de ladrillo y barro, sin apenas gente y sin demasiado encanto. Pero aún así ha sido un placer cruzar estas tierras.

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Típica construcción con ladrillo de esta zona

Hemos parado en un pequeño pueblo agrícola llamado Frugarollo, en el que nos ha costado encontrar un bar abierto. Desde allí nos hemos dirigido a Tortona. Esta es una ciudad pequeña, con apenas 25.000 habitantes. Para los amantes del ciclismo es una referencia ya que aquí vivió y murió el mítico ciclista Fausto Coppi, que nació en un pueblo de la comarca llamado Castellania, en el que hay un museo dedicado a él. Hoy era un día especial en Tortona. A lo largo de su calle principal, que no es corta, se extendía una continua sucesión de puestos que vendían antigüedades de todo tipo (juguetes, muebles, botellas de alcohol, ropa..). Como hemos llegado un poco tarde nos ha tocado comer un bocadillo que nos ha preparado una simpática panadera. Eso sí, el salami de Pavía estaba delicioso.

Desde aquí hemos continuado rumbo a Voghera, una ciudad de unos 40.000 habitantes que tampoco tiene especial atractivo. Pertenece a la provincia de Pavía y ya está dentro de la región de Lombardía. Es conocida por sus vinos, con la denominación de Oltrepò Pavese.

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Catedral de Voghera

Hemos acabado la etapa en un pequeño pueblo llamado Fumo, a unos diez kilómetros de Voghera, persiguiendo a la lluvia, menos mal que sin alcanzarla apenas, que nos ha precedido durante todo este tramo.

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La lluvia ha estado cerca

 

Etapa 17: Savona – Acqui Terme (62 Km)

Hoy hemos dejado la costa ligur para adentrarnos en tierras del Piamonte. Echaremos de menos el Mediterráneo, por un tiempo, pero nos dejaremos seducir por los encantos de la gran llanura del Po.

Esta mañana ha salido un día soleado tras una noche con mucho viento. Hemos andado acompañados por Francesco hasta un pueblo llamado Albissola.

A partir de ahí hemos tomado el camino hacia la montaña. Han sido poco más de 500 m de subida, con pendientes variables. Desde luego que hoy sí nos hemos ganado la comida.

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Subiendo el puerto

Lo cierto es que los paisajes nos han ayudado a disfrutar de la ascensión. Toda esta región es muy verde y en esta época está todo florido.

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Vista desde la carretera

Hemos hecho una pequeña parada de descanso a mitad de la ascensión en un pueblecito llamado San Givanni tras la que hemos completado el resto de la subida.

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Panorámica en la subida

Un poco más tarde, ya en pleno descenso, hemos decido comer en un restaurante de Sassello, un pequeño y bonito pueblo conocido por sus dulces típicos, los “amaretti“, y por sus boletus.

En realidad toda esta zona es prolífica en setas y hongos, no hay más que darse una vuelta por cualquier tienda de comestibles.

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Boletus secos en Acqui Terme

Desde Sassello hemos pedaleado ya en bajada y llano junto al río Erro, disfrutando de los hermosos paisajes que éste forma por el valle.

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Cascada en el rio Erro

Finalmente hemos llegado a nuestro destino previsto hoy, Acqui Terme. No queríamos hacer una etapa especialmente larga teniendo la subida que teníamos. De todas formas ha sido un acierto parar aquí. Como su nombre indica, Acqui Terme es y sobre todo ha sido, un importante centro balneario. Ya los romanos construyeron grandes infraestructuras para el disfrute de estas aguas. De esta época quedan vestigios como parte de las termas y algún resto de su acueducto.

Hablando de un pasado más reciente, en los años 60 y 70 vivió un momento de gran esplendor turístico basado en sus aguas termales. Hoy, aun siendo bastante visitada, se observa que la ciudad ya no es lo que era. O mejor dicho, se nota que sigue siendo la que era porque se ha quedado detenida en aquellos años. Todos los edificios y comercios remiten a aquella época, especialmente los hoteles. Como el negocio ha ido en declive no han podido remodelarlos y se respira un aire decadente no exento de encanto.

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El Gran Hotel Thermes en el corazón de Acqui Terme

Su centro histórico es pequeño y bonito. La plaza sobre la que gira toda la vida social es la Piazza della Bollente, en la que hay un manantial natural de aguas termales que sale a más de 70 grados. En el siglo XIX, un alcalde de la localidad construyó un templete para dar más entidad a la fuente. La verdad es que la Plaza tiene mucho encanto. Y huele a azufre por todas partes.

Etapa 16: Albenga – Savona (45 Km)

Hoy hemos hecho una etapa corta porque queríamos descansar en Savona. Mañana nos desviamos de la ruta que veníamos repitiendo junto al mar de Liguria y nos adentraremos hacia tierras piamontanas.

Esta mañana hemos vuelto a ver el sol y la verdad es que lo hemos agradecido. Suponemos que también lo habrán hecho las personas que había en las playas de la zona.  El día estaba para ello.

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Una de las playas del camino

Hemos continuado volviendo a pisar nuestra anterior ruta por estas tierras. Recordamos que en aquellos tiempos hicimos una etapa desde Ceriale hasta Génova. Hoy repetimos parte de esa etapa hasta Savona pero no nos importa en absoluto. Esta tierra merece dos y más visitas, desde luego.

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Vista en el camino

Hemos entrado en varios de los pueblos costeros junto a los que pasa el camino como Pietra Ligure, Finale Ligure. Todos ellos comparten una misma estructura. Cuentan con una calle principal bastante estrecha en la que se concentran la mayor parte de los comercios y servicios hosteleros. De esta arteria principal salen callejuelas aún más estrechas que van a dar o hacia el mar o hacia la montaña. De tanto en tanto las fachadas de las casas están unidas por un conjunto de arcos que hacen de contrafuerte. Este tipo de construcción es común a toda la zona de Liguria, incluida Génova.

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Calle en Pietra Ligure, característica de la zona

Hemos venido disfrutando del paisaje y parando para hacer fotos de los lugares que nos atraían. Os podéis imaginar que han sido muy frecuentes las pausas.

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Una chica hace equilibrismo sobre el mar

El tramo de carretera que atraviesa el cabo de Noli nos ofrece unas vistas espectaculares.

Pasado el mediodía hemos decidido parar a comer en un lugar llamado Spotorno. Por sus numerosas construcciones residenciales se nota que es muy turístico aunque en su corazón histórico conserva las mismas trazas de pueblo ligur que hemos explicado antes. Allí hemos ido a dar con un “ristorante” de comida “casalinga”, es decir casera. Tan de verdad era esto que el comedor era el propio salón de la casa-posada que lo albergaba. Hemos comido estupendamente, claro.

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Restaurante en Spottorno

Desde Spotorno a Savona hay apenas diez kilómetros. Nos hemos instalado en un camping junto a la playa donde hemos conocido a Francesco, un simpático compañero cicloturista que va a Roma. ¡Un saludo si lees esto!.

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Con Francesco en el camping de Savona

Como hemos llegado pronto hemos aprovechado para volver a visitar Savona. No es una ciudad especialmente bonita pero tiene cierto encanto. Como decíamos en Imperia, son ciudades que parecen de otro tiempo. Por lo demás es un lugar históricamente importante. La ciudad de los papas la llaman ya que, por lo visto, hubo dos de ellos de aquí. Además tiene un importante puerto. Muchos de los cruceros por el Mediterráneo hacen escala en él.

Mañana nos espera una etapa de montaña. Para llegar al Piamonte tenemos que cruzar las estribaciones de los Alpes Ligures. No es casualidad que estemos cruzando por aquí, es uno de los pasos naturales más accesibles. Aún así nos esperan unas subidas importantes así que os dejamos que tenemos que descansar.

Etapa 15: Ventimiglia – Albenga (78 Km)

Ya no recordábamos bien lo que es pedalear por tierras ligures con sus continuos sube y baja.  Menos mal que, aunque el día ha estado bastante grisáceo, el paisaje lo hace más llevadero.

Como os contábamos ayer, hemos pasado la noche en un camping de Ventimiglia. Esta ha sido y es ciudad fronteriza y esta condición sigue acarreando consecuencias. ¡Dichosas las fronteras que imponemos los humanos!. Hace tan solo una semana, a unos metros de nuestro camping, han desmantelado un campo de refugiados improvisado.

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Viaducto bajo el que se encontraba el campo de refutiados

Hace unos años que Francia ha blindado su frontera por esta parte. De hecho, ayer cuando pasamos estaba vigilada por el ejército. Recordamos que cuando cruzamos de Port Bou a Cervere nadie custodiaba aquella linde.

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Paso de la frontera franco-italiana con controles del ejército

Aquí si y el motivo es que la mayoría de las personas que entran irregularmente en Italia por el sur quieren seguir su camino hacia el norte de Europa y una de las vías naturales es esta. Así que el gobierno francés decidió poner un candado en esta parte de su territorio lo que dejó a muchos de estos inmigrantes atrapados y les está obligando a buscar caminos alternativos. Unos cruzan por los túneles ferroviarios, otros cruzan por la autopista, con igual o más riesgo, otros pagan a guías que les llevan por difíciles caminos de montaña. Ya van más de diez muertos registrados en estos intentos. Y lo peor de todo es que al final está aflorando cierta hostilidad en las personas de estas tierras. La Liga Norte, partido de ultraderecha, está haciendo su agosto por aquí. El ayuntamiento de Ventimiglia ha prohibido por ley incluso dar de comer a estas personas con sanciones de 300 a 3000€. Aunque también es cierto que ellos son víctimas de una política de inmigración y asilo vergonzosa por parte de esta Unión Europea tan poco solidaria que deja en manos de los ayuntamientos y las ONG las tareas que sus gestores políticos deberían afrontar más seriamente.

Así, con ese inevitable sentimiento de tristeza por poder transitar fácilmente de un territorio a otro dando unas pedaladas mientras otros de tus semejantes se juegan la vida por ello, hemos avanzado nuestro camino. Ójala algún día nos podamos mover todos libres por el planeta y ¿por qué no? en bici.

Hemos vuelto a rememorar nuestros pasados días por aquí a través de ciertos detalles del paisaje que nos evocan momentos de aquel viaje. Hemos entrado en San Remo para descansar y almorzar un poco y hemos vuelto a pasar junto al teatro Aristón, sede del Festival de la Canción. Antes de llegar a San Remo y gracias al aviso de un simpático ciclista setentón, hemos tomado un precioso carril bici que llega prácticamente hasta Imperia. Esta vía verde aprovecha el trazado de una antigua línea ferroviaria y en uno de sus túneles, bastante largo por cierto, han montado una exposición de homenaje a los ciclistas vencedores de la clásica Milán – San Remo. Por aquí es notable la afición al ciclismo profesional, no solo por los homenajes, que hay varios, sino por la gran cantidad de aficionados al pedaleo que nos vamos cruzando.

Pedaleando entretenidos entre campos de flores cultivadas hemos llegado hasta Imperia. Recordamos que esta ciudad debe su nombre al río que la cruza y que la divide en los dos núcleos de población que la conforman, Porto Maurizio y Oneglia. Si la anterior vez visitamos Porto Maurizio, la parte alta, esta vez hemos entrado en Oneglia.

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Vista de Porto Maurizio (la parte alta de Imperia)

Esta es una ciudad parecida a otras que vimos por aquí. Nos recuerda un tanto a Savona por sus enormes soportales. La verdad es que tiene un carácter un tanto anticuado, como de otra época que precisamente le da un particular encanto.

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Soportales en Oneglia (Imperia)

Hemos comido en una pequeña terraza y hemos tomado el postre en una preciosa pastelería a la que ya habíamos echado el ojo. Hemos probado un dulce que anunciaban como algo particular de aquí, el Baba con ron. En realidad es un buñuelo empapado en licor pero está muy rico.

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Pastelería en Imperia

Hemos vuelto a cruzar pueblos bellísimos como Cervo o Laigueglia hasta llegar a Albenga.

Esta es una pequeña ciudad con un centro histórico precioso. Fue, como ya contamos, la antigua capital del pueblo ligur  y sus muchos siglos de historia se respiran en todos y cada uno de sus rincones. La ciudad antigua está embutida en un recinto más o menos cuadrado que, visto desde fuera, no deja imaginar la riqueza de su interior salvo por las indiscretas torres que emergen en lo alto como jirafas curiosas.

Hemos paseado con sosiego por sus calles y hemos acabado sentados en la mesa de un sencillo pero muy recomendable restaurante llamado “Di Franco” antes de volver al camping para descansar las piernas de las cuestas ligures.

Etapa 14: Cannes – Ventimiglia (76 Km)

Hoy regresamos a tierras italianas. Si hace dos años os anunciábamos que era la primera vez que pedaleábamos por aquí, ahora no podemos decir lo mismo.

Hemos dejado Cannes con el bullicio matutino de comercios y restaurantes que tanto nos gusta. Uno de los grandes placeres de viajar, para nosotros al menos, es ser testigo de esa pequeña intimidad de las ciudades desperezándose y cobrando vitalidad un día cualquiera. Esta vez no hemos ido a hacernos la foto a la alfombra roja, que ya hicimos en nuestra anterior visita, sino que hemos emprendido la ruta en dirección a Niza. Hemos vuelto a pasar por el bello Antibes, pero no nos hemos detenido apenas. Recordamos nuestra visita en la entrada del blog del Periplo Mediterráneo.

Siguiendo la costa junto a un continuo de playas, la mayoría de ellas de canto grueso, hemos entrado en Niza. Primero pasando junto a su gran aeropuerto (se tarda un rato en cruzarlo) para después enfilar por el Paseo de los Ingleses, una larguísima avenida paralela a la playa que desemboca en el centro de la ciudad y que se hizo tristemente famosa hace dos años tras el terrible atentado terrorista ocurrido aquí.

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Entrando en Niza por el Paseo de los Ingleses

En Niza hemos dado un pequeño paseo por su centro y su puerto para volver a deleitarnos con su belleza. Es una ciudad muy atractiva, desde luego y siempre nos deja ganas de más. Pero queríamos avanzar camino y seguro que volvemos en otra ocasión por aquí.

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Circulando por el corazón de Niza

Hoy el día está un poco encapotado y la luz es un tanto grisácea. Revisando las fotos que hicimos hace dos años se nota que tuvimos más suerte con el día.

Si desde Cannes a Niza el camino es prácticamente llano, a partir de aquí comienzan otra vez las subidas y bajadas. Lo que perdemos en esfuerzo lo ganamos en deleite y belleza, pues cuando la costa se vuelve abrupta el paisaje suele salir ganando. Es curioso cómo muchos de los lugares que nos van llamando la atención ahora también lo hicieron en nuestra anterior visita. ¿Será que estamos programados en nuestra respuesta a los estímulos?.

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Foto en el camino a Mónaco

Queríamos llegar a comer a Mónaco. Veníamos pensando en el coqueto mercado en el que comimos la otra vez pero se nos estaba haciendo tarde (para los horarios de aquí) así que hemos parado un poco antes en un restaurante de carretera. Con el estómago lleno y con un poco de frío, como dice el dicho sobre el españolito fino, hemos llegado a Mónaco. Esta ciudad (y país) resulta un tanto estresante. Desde el tráfico que es muy intenso, ya que la geografía obliga a usar un número muy restringido de vías, hasta la arquitectura abigarrada y un tanto asfixiante y fea, la verdad.

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Mónaco desde la distancia

La parte antigua sí vale la pena. Se eleva sobre un promontorio y conserva el aire de las ciudades históricas de la zona con calles muy pintorescas y apenas tráfico. Pero la ciudad del día a día agobia. Al menos a nosotros. Ahora estaban desmontando las gradas del estadio de tenis en el que se celebra el torneo de Montecarlo pero estaban montando otras para el gran Rally de Mónaco. Por lo visto esto es un no parar de festejos a lo grande.

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Preparando el Grand Rallye Monte-Carlo

Desde aquí hemos vuelto a un sube y baja por la carretera que va a Menton, que es el último pueblo de Francia. Como ya os comentamos, el viejo Menton es un lugar muy bello. Su estampa, según nos alejamos de la ciudad hacia la frontera italiana, es de una singular y colorida armonía a pesar de que hoy la luz no nos ha acompañado tanto como la otra vez. Nos hemos despedido de Francia, una vez más, para entrar de nuevo en tierras la la Liguria italiana.

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Aparentemente el paisaje apenas cambia. Como comentábamos la otra vez, las ciudades de un lado y otro de la frontera siguen los mismos patrones arquitectónicos de construcción sobre una colina  (suponemos que por motivos defensivos). Pero también es cierto que, hoy que hemos podido ver más tranquilamente Ventimiglia, sí que hemos notado la diferencia. En lontananza ambas parecen similares, pero en su interior una, Menton, está muy cuidada, con casas rehabilitadas y comercios y servicios de cara al turismo, mientras que la otra, Ventimiglia, siendo muy bella igualmente, si no más, está completamente abandonada, es muy decadente. Puede ser simplemente que una ha gozado de más popularidad turística que la otra pero sospechamos que en esa diferencia se esconde también algo más profundo que tiene que ver con la economía, la gestión y la idiosincrasia de dos países con sensibles diferencias entre sí.

Bien es cierto que en Ventimiglia están construyendo un moderno puerto deportivo y muchas calles y plazas han sido rehabilitadas, pero se nota que aún queda mucho por hacer. Es probable que en un futuro esta ciudad se desarrolle turísticamente. Desde luego tiene encantos sobrados para ello. Pero así, como está ahora, con sus casas desvencijadas, sus callejones (Vicos) oscuros, su ropa colgada de las ventanas… guarda una esencia y una autenticidad que ya querrían sitios como Saint Tropez.

Etapa 13: Saint-Tropez – Cannes (79 km)

Si ayer acabamos la etapa en un lugar glamouroso el de hoy no lo es menos. En un par de semanas las calles de esta ciudad se llenarán de personajes famosos muy elegantemente vestidos. Nosotros preferimos la tranquilidad que se respira ahora, sin duda.

Nada más dejar el camping nos hemos dirigido hacia el centro de Saint-Tropez. Desde luego es un pueblo con cierto encanto pero, como ocurre con casi todos los lugares de renombre, la masiva afluencia de turistas hace que se pierda cualquier atisbo de autenticidad. No nos queremos imaginar lo que tiene que ser esto en agosto. Eso sí, en sus calles no falta boutique ninguna de las marcas más refinadas para los señoritingos/as que viven o se dejan caer por aquí.

Después de tener las retinas empapadas con rincones del pueblo y de haber probado uno de sus dulces emblemáticos, la tarta de Saint Tropez (una especie de bamba de crema deliciosa), hemos cogido un pequeño ferry de línea que cruza la bahía hasta St. Maxime.

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Saliendo de Saint-Tropez en el Ferry

Desde aquí hemos continuado la carretera costera hasta Fréjus, una ciudad de unos 50.000 habitantes con un importante puerto deportivo y un estupendo anfiteatro romano reconvertido en plaza de toros. Justo aquí enlazamos con la ruta que hicimos un par de años atrás. A partir de este momento repetiremos varias etapas de las ya realizadas así que no entraremos en demasiados detalles (sin pincháis aquí os remitimos a aquellas)

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Playa de St. Frejus con el pueblo al fondo

Según hemos avanzado nos hemos ido encontrando rincones, lugares, paisajes… que nos han evocado al anterior viaje. Hemos cruzado por el monumento construido para conmemorar el 70 aniversario del desembarco de Provenza, también conocido como operación Dragoon, una maniobra de los aliados menos conocida que el famoso desembarco en Normandía pero sin la cual este seguramente no hubiera logrado su éxito.

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Lugar del desembarco de Provenza donde se encuentra el monumento conmemorativo

Hemos pasado por el camping en el que nos alojamos aquella vez, en el Cabo Estérel. Hemos vuelto a pedalear por una zona de acantilados y calanques impresionantes en donde contrasta el rojizo intenso de las rocas con la rica variedad de azules del agua. Nos ha vuelto a embriagar el olor de los falsos azahares que suelen poner en las verjas de las casas.

Y así entretenidos entre el disfrute de los sentidos, el recuerdo y el sube y baja de la carretera hemos llegado de nuevo a Cannes, eso sí, esta vez para pasar aquí la noche.

 

Etapa 12: La Seyne-sur-Mer – Saint-Tropez (92 Km)

Hoy hemos hecho una etapa bien bonita. La mayor parte del trayecto ha sido por un carril bici que, más o menos pegado al mar, sigue la línea de la costa.

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Parte del carril bici

Tras dejar el camping nos hemos dirigido al centro de Toulon (o Tolón) para desayunar. Esta ciudad tiene unos 160.000 habitantes y es un importante centro del ejército francés con el mayor puerto militar del país. No hay más que mirar a cualquier lado para encontrarse edificios fortificados con el cartel de prohibido pasar, zona militar. La ciudad tiene una enorme ciudadela que también pertenece, según parece, al ejército. Además de su espíritu castrense, Tolón es el principal nudo de enlace naviero con la cercana isla de Córcega. Por lo demás, el centro de la ciudad conserva la gracia de otras que hemos visto por la zona. Acogedoras plazas, calles y callejuelas con interesantes rincones. Y además un teatro operístico de los más reputados de Francia.

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Frente a la Ópera de Toulon

Después de reponer fuerzas nos hemos dirigido hacia el este pasando por pueblos de ambiente vacacional como Pradet, Carqueiranne. Hemos pasado por la zona costera de Hyères donde se encuentran Le site archéologique d´Olbia, una antigua ciudad grecorromana fundada por gentes de la colonia griega de Marsella (los mismos que fundaron Ampurias).

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Ruinas del antiguo puerto de Olbia

Siguiendo el camino hemos pasado por un pequeño pueblo llamado Le Londe-les-Maures, en el que hemos parado para comer. Después de las subidas que tuvimos ayer hoy nos cuesta más mover las piernas y después de la pausa de la comida más todavía. Hemos continuado por un carril bici para acercarnos nuevamente a la costa hasta la localidad de Le Lavandou, por lo que se ve un importante centro turístico.

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Puerto de Le Lavandou

A partir de aquí hemos seguido todo el camino junto a la costa hasta pasado Cavalaire-sur-Mer. Esta zona tiene pequeñas calas de aguas paradisiacas. Hemos tenido que parar unas cuantas veces para disfrutar tranquilamente del espectacular horizonte con la Île du Levant como telón de fondo.

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En el pueblecito de Rayol-Canadel-sur-Mer hay un jardín botánico llamado Domaine du Rayol, Le Jardin des Méditerranées que si bien no hemos podido visitar no nos hubiera importado hacerlo vistas las imágenes del mismo que aparecían en las guías.

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Entrada al Domaine du Rayol, Le Jardin des Méditerranées

Pasado Cavalaire-sur-Mer, hemos cogido una pequeña carretera que nos ha subido al pueblo de La Croix-Valmer, para acabar de ablandarnos las piernas. Por suerte, desde allí hasta Saint-Tropez ha sido todo bajada por un carril bici estupendo.

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Bajando por el carril bici

La última odisea ha sido la de buscar camping. Haberlos “haylos” pero por lo visto aquí llaman camping a un lugar en el que no se puede acampar (sólo tienen bungalows para dos noches) así que hemos deambulado un poco hasta encontrar uno entre Saint-Tropez y Saint-Maxime a pie de playa, de hecho se llama así, Camping de la Plage.

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Vista de la bahía de St. Tropez desde la playa del camping

Un sitio bonito, si,  pero nada barato. Nos da la sensación de que por aquí nada lo es. Hay que ver lo que se cotiza esto del glamour. Para nosotros con un día ya está bien, el resto se lo dejamos a los de los yates que se ven frente a la costa.

Etapa 11: Marsella – La Seyne sur Mer (67 kms)

Después de dos días de disfrute que no de descanso, puesto que no hemos parado de recorrer Marsella a pié, hemos vuelto a nuestro estado natural: el pedaleo. Os dejamos una vista de Marsella, una ciudad que nos ha dejado mejor sabor aún que la primera vez que vinimos.

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Vista de Marsella desde el “Parc Emile Duclaux”

Hoy ha amanecido un domingo soleado y de temperatura casi veraniega. La salida de Marsella ha sido muy fácil y tranquila, desde luego mucho más que la entrada. Hemos seguido una avenida llamada de Roma, hasta la plaza Castellano que después de ésta se convierte en la Avenida Prado para convertirse, finalmente, en el Boulevard Michelet. Al pasar por esta parte nos hemos topado con una de las obras esenciales del arquitecto Le Corbusier y por ende, de toda la arquitectura contemporánea, la Unité d´Habitation de Marseille.

Unité d´Habitation de Marseille

Toda la avenida tiene carril bici pero además, hoy domingo, apenas había tráfico de coches por ella. Y ya sabemos donde estaban todos los marselleses que faltaban en la ciudad, en las playas de la zona de las Calancas, que es por donde hemos pedaleado hoy.

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Bajando hacia Cassis

Las calancas, “Les Calanques”, son unos estrechos entrantes del mar sobre las rocas de la costa, a modo de fiordos. Forman un conjunto espectacular de imponentes acantilados y paradisiacas calas que ha sido declarado Parque Nacional. La otra vez que estuvimos por aquí, nuestro amigo Charlèlie, que por entonces vivía en Aix en Provence, nos recomendó verlas pero no pudimos hacerlo (un saludo si lees esto amigo). Esta vez tampoco las hemos llegado a visitar. La mejor forma de hacerlo, por lo visto, es en barco. Hay bastante oferta para ello tanto en Marsella como en Cassis o La Ciotat (los pueblos más cercanos), pero nosotros hemos estado muy entretenidos conociendo más rincones de Marsella y no nos ha quedado tiempo para ello. De todas formas está bien dejar algo por hacer para tener una excusa y volver por aquí.

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Imagen de una Calanque (Wikipedia France)

Desde Marsella a Cassis se llega por una carretera departamental que cruza por un puerto de montaña de unos 330 m. Hoy domingo estaba lleno de ciclistas subiendo y bajando. Éramos los más lentos, desde luego, pero es que ningún otro llevaba la casa a cuestas como nosotros.

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Vista desde el puerto hacia Cassis

Al llegar a la zona donde se aparcan los coches para poder llegar a alguna de las calancas había un auténtico atasco. No nos daba ninguna envidia, ¡hemos adelantado a muchos de los coches que nos habían pasado antes, jaja!. Así, disfrutando de la bajada hemos llegado a Cassis y hemos parado a tomar un café en una boulangerie. Había que coger fuerzas porque nada más pasar el pueblo comienza otro pequeño puerto, este de unos 200 m de subida, que lleva a La Ciotat, un pueblo con un bello puerto cuyo nombre tiene todavía aromas de la antigua lengua provenzal y de la que Stendhal dijo “«S’il fallait absolument habiter une petite ville en France, je choisirais Grasse ou La Ciotat» (Mémoire d’un touriste)”. En una pequeña y acogedora placita, detrás del puerto, hemos comido un poco y hemos descansado las piernas. Ya habíamos superado la parte más dura de la etapa.

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Desde la terraza en donde hemos comido en “La Ciotat”

Desde aquí hemos seguido la línea de la costa pasando por múltiples playas abarrotadas de gente, parecía agosto. Desde luego las aguas de esta Costa Azul invitan venir.

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Una de las playas del camino

Hemos atravesado el puerto de Saint-Cyr-sur-mer donde hoy había un mercado muy animado con puestos de todo tipo. Nos ha costado pasar de la gente que había.

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Pasando por el mercado de Saint-Cyr

Disfrutando de las vistas al mar azul hemos llegado a un camping de La Seyne sur Mer y hemos decido acabar la etapa de hoy. Ya nos hemos ganado la cena.

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