Etapa 40: Lezhë – Tirana (68 Km)

 

Hoy hemos llegado a Tirana, una ciudad de la que veníamos sin saber absolutamente nada y de la que ahora, al menos, tenemos algunas pinceladas.

Nuestros amigos croatas son muy madrugadores y cuando nos hemos levantado ya no estaban. Nosotros nos tomamos las cosas con bastante más calma y hemos emprendido camino hacia las nueve y media. Tras despedirnos de la entrañable gente del camping de Lezhë, hemos salido con dirección a Tirana. Queríamos evitar la carretera principal, que tiene mucho tráfico, y hemos buscado una ruta secundaria. Ha sido todo un acierto ya que hemos podido rodar muy tranquilos y encima con viento a favor.

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Pedaleando tranquilamente

Los kilómetros han pasado rápido mientras cruzábamos pequeñas aldeas y campos de cultivo. También hay que decirlo, con bastante suciedad por todas partes, especialmente en los ríos, absolutamente maltratados. Casi tanto como los pobres perros, que tienen pinta de llevar muy mala vida por aquí.

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Un río blanquecino de algún vertido

El paisaje en algunos momentos se convierte en un escenario de distopía futurista, como cuando hemos pasado junto a una gran fábrica abandonada.

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Restos de una fábrica abandonada

Es lo que tiene la pobreza. Sin recursos es difícil construir, mantener, limpiar, ordenar… por eso, a pesar de constatar esta realidad, no queremos convertirnos en jueces de la misma. Pero lo que no pasamos es el llamar a una de las principales calles de Tirana George W. Bush, eso ya es mal gusto.

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Calle George W. Bush

Hemos cruzado por pueblos en los que destacaba la torre de una iglesia y otros en los que apuntaba hacia el cielo el minarete de la mezquita. Vamos, que conviven unos con otros sin demasiados conflictos aparentes. Y eso dice mucho en positivo de esta sociedad.

Los niños de los pueblos saludaban efusivamente a nuestro paso preguntando de dónde veníamos. Esa curiosidad por el extranjero sólo hemos empezado a verla por aquí. Quizás es que aún no estén saturados de “guiris” como en otros países vecinos.

Como decíamos, íbamos pedaleando tranquilos por la ruta secundaria hasta que nos hemos topado con un terraplén que cortaba la carretera.

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Carretera cortada

Hemos pensado que sería por algún obstáculo para los coches, como nos ha pasado otras veces, así que lo hemos sorteado y hemos continuado. Bueno, lo hemos intentado.

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Puente caído en la carretera

Tras ver el puente hecho añicos no nos ha quedado otra que retroceder y buscar la carretera principal. Tenía mucho más tráfico, si, pero al menos podíamos avanzar. Además, en algunos tramos tiene una especie de carril para vehículos lentos (carros, motos, motocarros…) que te permite ir un poco más tranquilo.

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Carretera principal

Desde la bici, este es uno de los aspectos que más llaman la atención, las deficientes infraestructuras. Es difícil buscar rutas alternativas a las pocas carreteras principales que hay ya que no existe una red desarrollada, la mayoría de ellas muere sin enlazar con otras. Y las pocas que hay ya veis cómo están.

La única ventaja de la carretera principal es que es más directa, así que hemos hecho menos kilómetros de los que esperábamos.

Antes de comer estábamos entrando en Tirana y no ha sido fácil. El caos del tráfico es considerable y hay que andar con cien ojos, incluso hacia el suelo ya que es difícil encontrar alguna tapa de alcantarilla en su sitio.

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Las tapas de las alcantarillas brillan… por su ausencia

Pero finalmente lo hemos conseguido. Bastante cansados por el intenso pedaleo que hemos traído y el estrés del tráfico, hemos parado a comer algo y relajarnos. Después hemos buscado una habitación y nos hemos dado un buen garbeo por el centro de Tirana.

Al principio, es una ciudad que no sabes por dónde coger. No tiene un centro histórico como tal, que es precisamente lo primero que buscas para entender una ciudad, así que nos ha costado un poco orientarnos y buscar los puntos de referencia. Pero una vez llegas a la plaza Skanderbeg, que es su centro neurálgico, y paseas por sus alrededores comienzas a cogerle el pulso. Verdaderamente, no es lo que entendemos por una ciudad bonita, no hay que engañarse, pero según la vas conociendo vas descubriendo un cierto deje oriental, casi intangible, que la hace atractiva, especialmente a partir del atardecer.

Además, se nota el esfuerzo por parte de la administración por humanizar el centro de la ciudad. Toda la plaza Skanderbeg y sus alrededores están en pleno proceso de renovación. Se está restaurando la vieja mezquita Et´hem Bej, de época otomana, mientras se está construyendo otra inmensa cerca de ella.

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Nueva mezquita Xhamia e Namazgjase en construcción

Hay una zona peatonal en el Parque Rinia, que al atardecer se llena de gente paseando, con terrazas de bares y restaurantes. La verdad es que hemos estado muy a gusto disfrutando de la desconocida Tirana.

Después de cenar estupendamente en una terraza junto a la nueva mezquita de Xhamia e Namazgjase y comernos un helado de un puesto callejero, hemos vuelto para el hotel. Hemos recorrido una parte ínfima de la ciudad pero ésta ya nos ha dejado huella en la memoria. Mañana continuaremos nuestras andanzas por tierras albanesas.

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