Etapa 14: Cannes – Ventimiglia (76 Km)

Hoy regresamos a tierras italianas. Si hace dos años os anunciábamos que era la primera vez que pedaleábamos por aquí, ahora no podemos decir lo mismo.

Hemos dejado Cannes con el bullicio matutino de comercios y restaurantes que tanto nos gusta. Uno de los grandes placeres de viajar, para nosotros al menos, es ser testigo de esa pequeña intimidad de las ciudades desperezándose y cobrando vitalidad un día cualquiera. Esta vez no hemos ido a hacernos la foto a la alfombra roja, que ya hicimos en nuestra anterior visita, sino que hemos emprendido la ruta en dirección a Niza. Hemos vuelto a pasar por el bello Antibes, pero no nos hemos detenido apenas. Recordamos nuestra visita en la entrada del blog del Periplo Mediterráneo.

Siguiendo la costa junto a un continuo de playas, la mayoría de ellas de canto grueso, hemos entrado en Niza. Primero pasando junto a su gran aeropuerto (se tarda un rato en cruzarlo) para después enfilar por el Paseo de los Ingleses, una larguísima avenida paralela a la playa que desemboca en el centro de la ciudad y que se hizo tristemente famosa hace dos años tras el terrible atentado terrorista ocurrido aquí.

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Entrando en Niza por el Paseo de los Ingleses

En Niza hemos dado un pequeño paseo por su centro y su puerto para volver a deleitarnos con su belleza. Es una ciudad muy atractiva, desde luego y siempre nos deja ganas de más. Pero queríamos avanzar camino y seguro que volvemos en otra ocasión por aquí.

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Circulando por el corazón de Niza

Hoy el día está un poco encapotado y la luz es un tanto grisácea. Revisando las fotos que hicimos hace dos años se nota que tuvimos más suerte con el día.

Si desde Cannes a Niza el camino es prácticamente llano, a partir de aquí comienzan otra vez las subidas y bajadas. Lo que perdemos en esfuerzo lo ganamos en deleite y belleza, pues cuando la costa se vuelve abrupta el paisaje suele salir ganando. Es curioso cómo muchos de los lugares que nos van llamando la atención ahora también lo hicieron en nuestra anterior visita. ¿Será que estamos programados en nuestra respuesta a los estímulos?.

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Foto en el camino a Mónaco

Queríamos llegar a comer a Mónaco. Veníamos pensando en el coqueto mercado en el que comimos la otra vez pero se nos estaba haciendo tarde (para los horarios de aquí) así que hemos parado un poco antes en un restaurante de carretera. Con el estómago lleno y con un poco de frío, como dice el dicho sobre el españolito fino, hemos llegado a Mónaco. Esta ciudad (y país) resulta un tanto estresante. Desde el tráfico que es muy intenso, ya que la geografía obliga a usar un número muy restringido de vías, hasta la arquitectura abigarrada y un tanto asfixiante y fea, la verdad.

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Mónaco desde la distancia

La parte antigua sí vale la pena. Se eleva sobre un promontorio y conserva el aire de las ciudades históricas de la zona con calles muy pintorescas y apenas tráfico. Pero la ciudad del día a día agobia. Al menos a nosotros. Ahora estaban desmontando las gradas del estadio de tenis en el que se celebra el torneo de Montecarlo pero estaban montando otras para el gran Rally de Mónaco. Por lo visto esto es un no parar de festejos a lo grande.

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Preparando el Grand Rallye Monte-Carlo

Desde aquí hemos vuelto a un sube y baja por la carretera que va a Menton, que es el último pueblo de Francia. Como ya os comentamos, el viejo Menton es un lugar muy bello. Su estampa, según nos alejamos de la ciudad hacia la frontera italiana, es de una singular y colorida armonía a pesar de que hoy la luz no nos ha acompañado tanto como la otra vez. Nos hemos despedido de Francia, una vez más, para entrar de nuevo en tierras la la Liguria italiana.

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Aparentemente el paisaje apenas cambia. Como comentábamos la otra vez, las ciudades de un lado y otro de la frontera siguen los mismos patrones arquitectónicos de construcción sobre una colina  (suponemos que por motivos defensivos). Pero también es cierto que, hoy que hemos podido ver más tranquilamente Ventimiglia, sí que hemos notado la diferencia. En lontananza ambas parecen similares, pero en su interior una, Menton, está muy cuidada, con casas rehabilitadas y comercios y servicios de cara al turismo, mientras que la otra, Ventimiglia, siendo muy bella igualmente, si no más, está completamente abandonada, es muy decadente. Puede ser simplemente que una ha gozado de más popularidad turística que la otra pero sospechamos que en esa diferencia se esconde también algo más profundo que tiene que ver con la economía, la gestión y la idiosincrasia de dos países con sensibles diferencias entre sí.

Bien es cierto que en Ventimiglia están construyendo un moderno puerto deportivo y muchas calles y plazas han sido rehabilitadas, pero se nota que aún queda mucho por hacer. Es probable que en un futuro esta ciudad se desarrolle turísticamente. Desde luego tiene encantos sobrados para ello. Pero así, como está ahora, con sus casas desvencijadas, sus callejones (Vicos) oscuros, su ropa colgada de las ventanas… guarda una esencia y una autenticidad que ya querrían sitios como Saint Tropez.

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