Etapa 38: Bar – Muriqan (35 km)

Hoy hemos hecho una etapa bien corta por imperativos atmosféricos. Ya estamos en Albania, Shqipëria en albanés, pero apenas hemos recorrido unos metros de su territorio. Nada más cruzar la frontera nos ha pillado una tormenta de aúpa que nos ha obligado a posponer el resto de la etapa.

Hemos comenzado tarde a pedalear. El desayuno se ha alargado charlando con Dusko, el dueño de la casa en la que nos hemos alojado, un hombre muy simpático y amable. Nos ha contado parte de su vida, que puede ser un resumen de la triste historia reciente de los países balcánicos. Él era de Split y allí vivía tranquilamente trabajando en una estación meteorológica. Pero llegó la guerra, mataron a su padre, el acabó herido y tuvieron que salir de Croacia (su familia es de origen serbio ortodoxo). Su antigua vivienda fue incendiada. Así es como su familia acabo en Montenegro. Es una más de las terribles historias personales de muchos habitantes de la exyugoslavia. Seguro que podríamos encontrar la misma o parecida historia en el caso de otras etnias en cualquier otro país de la exyugoslavia. No se trató de un conflicto de buenos y malos sino de una lucha fraticida en la que todos salieron perdiendo, aunque como siempre unos quizás más que otros. Pero aparte de esto, Dusko nos ha contado otras muchas cosas en un mal chapurreado inglés. Está claro que cuando alguien se quiere comunicar con pocas palabras bastan. Nos ha dado a probar el orujo que produce y nos ha enseñado su pequeña destilería. Menos mal que no nos han hecho control de alcoholemia.

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En el laboratorio de Dusko

Tras despedirnos de Dusko, hemos aprovechado para cambiar una cubierta de una de las bicis en un pequeño taller. Ya estaba pidiendo a gritos la renovación y por aquí no abundan las tiendas de bicicletas, así que no queríamos desaprovechar la ocasión. Cuando hemos querido arrancar ya eran más de las once y el sol apretaba, especialmente durante la subida que nos ha tocado superar para salir de Bar. Por suerte, el paisaje de campos de olivos y granados en flor nos ha hecho más ameno el esfuerzo.

Desde la salida de Bar se observa un cambio cultural. Si hasta ahora en cada pueblo dominaba la figura del torreón de una iglesia, católica u ortodoxa, en los pueblos de por aquí destaca la estilizada figura del alminar de la mezquita.

Son zonas de población albanesa y de mayoría musulmana, lo cual también se nota en los múltiples cementerios que aparecen en el camino. Son lugares que transmiten mucha paz ya que suelen estar entre campos de olivos, o en pequeñas praderas.  Por lo demás, el paisaje apenas cambia respecto a días anteriores.

Hemos avanzado por una pequeña carretera sin apenas tráfico en una zona de pastos entre montañas calizas. Hemos visto a varias mujeres vestidas con atuendos más tradicionales que en días anteriores.

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Cerca de la frontera albana

Finalmente, hemos llegado a la frontera montenegrina y albanesa. En este caso ambas están puerta con puerta, no como en el caso de la croata.

Nada más cruzar hemos parado a comer en un hotel restaurante, pues ya eran cerca de las tres y solo llevábamos encima el desayuno (y el orujo, claro). Pero mientras comíamos se ha levantado una fortísima tormenta y hemos decidido esperar a que amainara.

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Tras varios cafés y un par de horas el panorama no tenía visos de mejorar así que nos hemos quedado aquí, en Muriqan, el primer pueblo tras la frontera. En el hotel hemos conocido a Amir, un simpático chico albanés con el que hemos estado hablando toda la tarde al calor de unas Tirana, la cerveza local.

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La birra Tirana

Así que mañana esperamos poder empezar a recorrer el país de las águilas, como ellos lo llaman.

 

Etapa 37: Tivat – Bar (63 km)

Hoy hemos hecho la que quizás sea nuestra única etapa íntegra por tierras de Montenegro. Este es un país pequeño y gran parte de su territorio se extiende por las tierras montañosas del interior. Aunque su línea costera no sea generosa en longitud, sí lo es en riqueza y variedad.

Hemos salido de Tivat tras un estupendo desayuno en la terraza de la habitación. El primer tramo de carretera no nos ha gustado demasiado ya que tenía mucho tráfico. Luego, a lo largo de la etapa, por suerte, ha  ido disminuyendo. Al menos en Montenegro tenemos la sensación de que los conductores son mucho más cuidadosos en los adelantamientos que en otros países, como Croacia por ejemplo.

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Subiendo las primeras cuestas del día

Cuando hemos superado la primera cumbre del día nos hemos encontrado a un policía que nos ha obligado a parar (hay muchos policías en las carreteras montenegrinas). No sabíamos bien qué pasaba, el caso es que nos ha dicho que no podíamos pasar. Al poco rato se han empezado a escuchar muchas sirenas y ha pasado por la carretera toda una comitiva de oscuros coches oficiales rodeados de mucha escolta, ¿quien sería?. Bueno, lo importante es que hemos podido continuar tranquilos.

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Vistas mientras esperábamos el paso de la comitiva oficial

Poco después hemos llegado a Budva, quizás el mayor destino turístico del país. Este lugar es totalmente contradictorio, la verdad. Tiene un precioso centro histórico en una pequeña península al estilo de otros pueblos del Adriático como Trogir.

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Vista de la antigua Budva

Está completamente amurallado y en su interior esconde una red de estrechas callejuelas, palacetes y varias iglesias tanto cristianas como ortodoxas.

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Pero en cuanto sales de este bello oasis, el resto del lugar es un horrible pueblo de vacaciones, en el pero sentido del concepto, en el que se están cometiendo todos los excesos urbanísticos y tropelías arquitectónicas que han destrozado tantos otros lugares de costa.

Es un destino de playa al que acuden gentes de otros países del entorno y de Rusia, especialmente. Se nota que su industria del turismo está en pleno desarrollo pues no deja de verse construir por todas partes. Pero los derroteros que está tomando su desarrollo son, como decimos, bastante inquietantes. Y es una lástima porque su costa y su entorno atesoran joyas como la propia ciudad vieja de Budva o la bellísima península de Sveti Stefan.

La mayor parte de la costa, por suerte, no está sufriendo la presión urbanística de Budva y aún conserva enclaves con mucho encanto.

Hemos pasado junto a la costa de Petrovac, en cuya bahía destacan dos islotes, uno de los cuales muestra orgulloso la pequeña ermita de Sveta Neđelja que, según cuenta la leyenda, construyó un marino en agradecimiento a su salvación de un naufragio.

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Bahía de Petrovac y el islote de Sveta Neđelja

La mañana iba avanzando y el sol cada vez apretaba más así que hemos decidido parar a comer y descansar un poco en un restaurante de carretera en un pequeño pueblo llamado Kaluđerac. Como viene siendo tradición, después de comer siempre viene la cuesta de la digestión y la de hoy ha sido una buena digestión.

Poco antes de llegar a Bar hemos parado a refrescarnos en las bellas aguas del Adriático,  pues el calor apretaba de lo lindo.

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Refrescándonos

Bar es una ciudad con el puerto más importante del país. En él se encuentran amarradas varias fragatas y buques de guerra de la armada montenegrina. Además de ven varias instalaciones y almacenes industriales.

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Costa de Bar

Pero sobre todo es una ciudad vacacional y de veraneo pero de un turismo diferente al de Budva. El de aquí es más doméstico y local quizás. Se nota especialmente en los precios, mucho más bajos aquí.

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Patriótico hotel en Sutomore, antes de Budva

La ciudad en sí no tiene nada de especial. Su paseo marítimo es agradable y es donde la gente hace vida social. En él se encuentra uno de los pocos monumentos significativos del lugar, el palacio del rey Nicolás.

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Palacio del rey Nicolás

Pero el resto de la ciudad es anodina, incluso fea. Al parecer la antigua ciudad, el centro histórico, está un poco más al interior, en las faldas de la colina, pero por lo visto en la Segunda Guerra mundial la ciudad quedó arrasada y más tarde, en 1979, un terremoto acabó de rematarla. Así que decidieron que era mejor vivir en otro lugar, más cerca del mar, que es donde está la ciudad nueva. Es por ello que es una urbe sin alma, sin apenas una estructura urbana identificable.

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Moderna iglesia ortodoxa de Bar

De todos modos, la ciudad antigua, o sus restos, siguen en la falda de la colina y se pueden visitar. Uno de sus atractivos es un olivo milenario, de los olivos más antiguos que se conocen. Se calcula que tiene alrededor de 2200 años. Este sí que sobrevivió a bombardeos y terremotos, y es un símbolo de la ciudad.

Mañana esperamos atravesar la frontera con Albania, junto al lago Shkodër, el más grande de los Balcanes. Os contaremos.

 

Etapa 36: Dubrovnik – Tivat (73 km)

Pues ya hemos cruzado Croacia de cabo a rabo y estamos en tierras montenegrinas. Los pasos fronterizos de salida de Croacia y entrada en Montenegro distan algún kilómetro entre sí, no sabemos si es casual o quieren mantener las distancias por sus «diferencias» en el pasado reciente de la región. Por lo pronto, el primer restaurante que uno se encuentra en la carretera de Montenegro se llama Jugoslavija. Pues eso.

La salida de Dubrovnik nos ha deparado sensaciones encontradas, bicéfalas como el águila del escudo de Montenegro. Por una parte, ha sido un espectáculo maravilloso disfrutar de la bellísima estampa de la ciudad destacando con su majestuosidad en la pequeña bahía que se forma frente a la isla de Lokrum.

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Lokrum y Dubrovnik

Merecido nombre el de la perla del Adriático. Es más intenso su disfrute así, en la lejanía y en silencio. El callejeo por sus calles y recovecos es imprescindible, por supuesto, pero creemos que la ciudad cobra todo su esplendor vista en lontananza.

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Dubrovnik en la distancia

De otro lado, para salir de la «olla» en la que se enclava, hemos tenido que ascender por una estrecha carretera con rampas nada desdeñables que nos han hecho sudar ya desde los primeros kilómetros. Viendo la preciosa estampa de Dubrovnik desde lo alto se podría decir que el que algo quiere algo le cuesta.

Tras despedirnos de la antigua Ragusa en la cima de la ascensión, hemos comenzado un vertiginoso descenso por la otra cara de la montaña con otras vistas espectaculares de la costa.

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Bajando tras salir de Dubrovnik

Más adelante, la carretera se ha serenado un poco y hemos transitado junto a bellos paisajes de playas de aguas cristalinas.

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Playa en el camino

Hemos atravesado el aeropuerto mientras un avión aterrizaba y hemos llegado a una pequeña meseta por la que hemos rodado con alegría.

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Cruzando el aeropuerto

Un poco antes de llegar a la frontera montenegrina la carretera vuelve a subir a los doscientos metros entre bosques frondosos en los que destacan curiosas manchas de cipreses salvajes formando abigarrados grupos, cual cofradías de penitentes.

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La cofradía del santo ciprés

En el paso fronterizo hemos estado hablando con dos colegas de alforjas alemanes que se dirigían hacia Albania. Uno de ellos viaja en una de esas curiosas bicicletas reclinadas.

Tras pasar la frontera comienza una fuere bajada hasta el borde del mar, que en esta parte forma una sinuosa bahía, fiordo para algunos, llamado Bocas de Kotor, puesto que llega hasta esa ciudad.

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Pasado Herzeg Novi

Hemos tenido que rodear prácticamente todo el perímetro norte de este entrante de mar desde Herzeg Novi, un interesante pueblo costero, hasta un estrecho paso del que zarpan continuamente unos transbordadores que, por un par de euros, te ahorran un trozo de camino. Es cierto que no nos hubiera importado pedalearlo todo, por la belleza del lugar, pero teníamos ganas de no acabar demasiado tarde y poder descansar un poco.

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Playa cerca de Herzeg Novi
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Transbordadores en la bahía

Todo esta parte de la costa es un paraíso de un mar limpio rodeado de altas montañas tapizadas de frondosos bosques y pequeños pueblos de pintorescas casas de piedra blanca. Dicen que Montenegro es un joya por descubrir y, al menos esta parte, desde luego que lo es.

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Vista de las Bocas de Kotor

Hemos puesto fin a la etapa en un pueblo de playa llamado Tivat, que cuenta con el segundo mayor aeropuerto del país. Una vez acomodados en una estupenda y barata habitación con vistas al mar, hemos decidido visitar al vecino Kotor, (Cátaro en italiano), un bellísimo pueblo declarado Patrimonio de la Humanidad.

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Vista de Kotor

Este lugar, enclavado en lo más profundo de esa bahía o fiordo llamada Bocas de Kotor, es una joya tanto por dentro como por fuera. Tiene una larga historia, pero la mayor parte de su trazado actual se debe a los venecianos. ¡Qué gente la de aquella república! Parece que embellecían todo lo que tocaban. No sabemos si fueron o no buenos gobernantes pero, desde luego, tenían un gran gusto urbanístico.

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Muralla con el escudo veneciano

La ciudad está completamente amurallada, mérito este del emperador bizantino Justiniano I. Parte de las murallas trepan por la colina en un vertiginoso serpenteo.

Y a los pies de las mismas brotan generosos manantiales de aguas cristalinas directamente surgidas de la ladera montañosa.

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Manantial junto a la muralla

Y si en su exterior muestra la rudeza ascética del bastión defensivo, en su interior exhibe una delicada urdimbre de callejuelas y plazas, de palacetes e iglesias, de rincones y recovecos que invitan a no dejar de pasearla.

Parece increíble pero los grandes cruceros amarran a las puertas de la ciudad, tal es la profundidad de las aguas del fiordo que permiten llegar a buques de semejante calado.

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El puerto de Kotor

Tras pasear la ciudad hemos aprovechado para resolver algunos asuntos pendientes que teníamos hace días. Nos encantan estas barberías antiguas y en este caso estaba regentada por una mujer, algo no muy habitual en este tipo de establecimientos.

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En plena poda

Hemos cenado muy bien en una de las muchas terrazas de la ciudad y hemos vuelto a Tivat para descansar. Llevamos apenas unas horas en este joven país pero las primeras impresiones, tanto de sus paisajes como de sus gentes, nos han dejado un buenísimo sabor de boca.

Etapa 35: Neum – Dubrovnik (67 km)

Como os decíamos ayer hoy hemos vuelto a Croacia, aunque no será por mucho tiempo ya que en un par de días esperamos saltar hacia Montenegro.

Hemos salido de Neum y casi sin darnos cuenta, ya estábamos de nuevo en la frontera croata. Esta vez nos han invitado a pasar sin pedirnos la documentación. Se ve que los controles son un tanto aleatorios.

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Últimas vistas de Neum

Si todas las fronteras huelen a artificio esta, sin duda, más todavía. Por cierto, gracias a Sergio Tierno por dedicarnos una entrada de su blog «Un libro del mundo» y gracias por recordar su interesante entrada sobre Neum, que os dejamos en este enlace.

Hemos venido pedaleando a buen ritmo. Cuando ocurre esto y sientes que la bici avanza alegre y sin demasiado esfuerzo, suele ser síntoma de que tienes el aire de popa, aunque éste no se perciba con demasiada evidencia. Cuando sopla de proa enseguida te acuerdas de él.

La Península de Pelsejac forma un entrante de agua que se va estrechando cada vez más  según llega a su punto de partida, cerca de Mali Ston. Este pueblo tiene una estampa preciosa en la distancia, con su impresionante muralla del siglo XIV.

Dicen las guías que es la segunda muralla defensiva más larga tras la muralla China. No tenemos datos pero nos parece mucho decir. No obstante, tiene una longitud nada desdeñable de 7 km. En una etapa anterior ya habíamos visto algo parecido pero esta, desde luego, impresiona más. Se construyo una vez conquistada esta plaza por la República de Ragusa (actual Dubrovnic), para proteger las salinas del lugar que, por lo visto, generaban pingües beneficios. Hoy en día lo que parece que resulta lucrativo es la cría de moluscos puesto que hay bateas por todas partes. Son famosos los mejillones y ostras de Ston pero a las once de la mañana se nos hacía raro almorzar bivalvos.

Tras un tramo alejados de la costa hemos vuelto a ella bordeando una escarpada ladera con vistas espectaculares a una gran bahía cercada de islas.

Un poco después hemos parado a comer en un pequeño pueblo playero llamado Slano. A partir de ahí la carretera no abandona la línea costera y, aunque no deja de haber subidas y bajadas, ya no presenta grandes desniveles.

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Vista de Slano

Hoy nos hemos encontrado con bastantes colegas de alforjas. La mayoría de ellos en dirección contraria a la nuestra pero, cerca ya de Dubrovnic, hemos estado charlando con dos chavales nórdicos, jovencillos y con la piel quemadísima por el sol que venían hacia aquí también aunque su ruta es más ambiciosa que la nuestra. Nos han contado que tienen un año por delante y pretenden llegar a la India, ¡vaya viajazo!. Es asombroso lo lejos que se puede llegar pedaleando con tiempo.

Toda esta parte de costa es bastante abrupta pero, de tanto en tanto, aparecen pequeñas calas de aguas turquesa custodiadas con celo por escarpadas laderas calizas. Más de una vez hemos estado tentados de bajar a darnos un baño, aunque al final hemos el descenso nos ha hecho desistir.

La entrada a Dubrovnic se hace por un imponente puente de tirantes llamado Franjo Tudman, en homenaje al lider de la independencia croata. Recuerdo que en mi anterior visita por aquí aún no estaba acabado.

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Entrada por el puente Franjo Tudman

Hemos subido por la carretera principal, quizás más de lo que deberíamos, pero a cambio hemos recibido unas estupendas vistas de la ciudad de Dubrovnik.

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Ciudad vieja de Dubrovnik
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Puerto de Dubrovnik

Nos quedaremos un par de días por aquí disfrutando del lugar y preparando nuestra próxima parte del viaje por tierras montenegrinas y albanesas.

 

Etapa 34: Podgora – Neum (84 km)

Hoy hemos hecho una etapa internacional, empezando en Croacia y acabando en Bosnia y Herzegovina, después explicaremos por qué. Mañana volveremos a Croacia.

Ha sido una jornada con continuas subidas y bajadas, vamos, lo normal por aquí. Eso sí, el paisaje ha sido bonito y bastante variado y el día ha salido espectacular para la bici. ¿Qué más podemos pedir?

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Uno de los paisajes del camino

Hemos salido de Podgora siguiendo la línea de la bella cordillera de Biokovo, Por el otro lado, y de forma paralela, la silueta de la isla de Hvar y el canal de mar que se forma entre ésta y la costa.

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Saliendo de Podgora

Hemos venido aprovechando pequeños caminos locales o calles de urbanizaciones dispuestas de forma paralela a la carretera principal ya que, aunque ésta tiene poco tráfico por aquí, esto nos permitía disfrutar más tranquilamente del pedaleo y del paisaje.

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Camino de la costa

Por esta parte de la costa hay playas  y parajes muy atractivos. Recordamos que todo esto pertenece aún a la Riviera de Makarska que, como os decíamos ayer, es uno de los principales destinos playeros de Croacia.

Se ven por toda la costa gran cantidad de obras de construcción y rehabilitación de edificios turísticos, se nota que es un sector en alza.

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Pisos en construcción

Hemos parado a descansar en un bar de la playa de Drvenik, un pueblecito turístico del que sale un ferry a las vecinas islas de Hvar y Korcula.

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La playa de Drvenik

Hemos continuado siguiendo la costa hasta que la carretera cruza hacia el interior de una pequeña Península. Para cruzar ésta nos ha tocado superar varias subidas hasta llegar a una cota desde la que se observaba el hermoso paraje de Baćinska Jezera, un conjunto lacustre formado por seis lagos de agua dulce de origen kárstico y conectados con el mar a través de un pequeño canal que desemboca en el puerto de Ploče.

Ploče es una ciudad portuaria sin demasiado atractivo, la verdad. Es un puerto de mercancías importante para la zona, especialmente para la vecina Bosnia, ya que es su principal centro de conexión marítima.

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Puerto de Ploče

Pasado Ploče comienza el gran delta del Neretva, río que procede de la vecina Bosnia.  El Neretva es el cauce sobre el que se levanta el hermoso Puente Viejo de Mostar, que fue un icono de la guerra de los Balcanes tras su triste destrucción. El delta es una planície  muy fértil en el que cada centímetro de tierra se aprovecha al máximo, especialmente para el cultivo de cítricos.

En la carretera hay gran cantidad de puestos que venden fruta, mermelada, zumo… Lo que no sabemos es de dónde sacan en esta época las naranjas que venden.

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Puestos de venta de fruta

Tras pasar el Neretva hemos tenido que subir otro puerto para volver a la zona costera. Las vistas del delta desde la altura han sido un espectáculo de formas geométricas en una infinidad de tonos verdes.

Tras superar el puerto, de apenas 160 m, comienza una zona de viñedo que aprovecha las inclinadas laderas de la montaña hasta Klek, que es el último pueblo de Croacia antes de la frontera.

Bosnia y Herzegovina tiene apenas veinte kilómetros de costa pasado Klek, la cual corta en dos el litoral croata hacia el sur. Es este el motivo por el que hoy estamos en este país. El origen de esta extraña frontera es de naturaleza histórica. En la Paz de Karlowitz, que puso fin a la guerra entre los imperios Austriaco y Otomano en el 1699, se cedió este sector costero a los turcos, que lo mantuvieron hasta 1878. Las sucesivas etapas históricas de este territorio han ido respetando este «capricho geográfico» hasta hoy en día. (si queréis saber algo más podéis leer este breve e interesante artículo de blog).

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Entrada en Bosnia y Herzegovina

Lo cierto es que para Croacia supone un cierto trastorno e incomodidad, especialmente con vistas a entrar en el espacio Schengen ya que el territorio bosnio quedaría fuera de él. Para evitar tener que atravesar este enclave, el gobierno croata ha planificado la construcción de un puente que una la Península de Peljesac con la costa en Komarna. Se comenzaron las obras pero inmediatamente se paralizaron. Por lo visto tienen pensado retomarlas este mismo año pero el gobierno bosnio pone bastantes reparos. Su principal argumento es que el puente dejaría imposibilitado el uso de Neum como posible puerto de gran cabotaje. Lo cierto es que Neum no funciona como tal y es difícil que lo haga ya que Bosnia no tiene jurisdicción sobre la zona marina. Croacia le responde que sigan usando el puerto de Ploče, como hasta ahora.

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Lugar en el que se construirá el puente

En fin, mientras tanto Neum sigue siendo el único pueblo marítimo de toda Bosnia y un destino importante en la zona. Muchos turistas y operadores lo usan como base para visitar la región ya que los precios son más baratos que en la vecina Croacia.

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Vista de Neum, en Bosnia y Herzegovina

 

Etapa 33: Split – Podgora (74 km)

A pesar de que ayer auguraban lluvias para hoy finalmente hemos tenido un día bastante soleado, quizás un poco más fresco pero, en todo caso, ideal para el pedaleo.

Con el buen sabor de boca que nos ha dejado Split hemos salido esta mañana siguiendo la carretera costera. Esta ciudad me trae muy gratos recuerdos. Hace casi quince años pase por aquí, rumbo a Bosnia y Serbia, en mi primer viaje en bicicleta. Es cierto que la memoria que guardaba de la ciudad era algo imprecisa y, en este reencuentro, Split me ha seducido más. También es cierto que no la recordaba con tantos turistas. Creo que Croacia ha desarrollado mucho este sector desde aquellos años.

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Saliendo de Split por un barrio cualquiera

La carretera costera tiene tráfico pero no exagerado y a medida que nos hemos ido alejando de la ciudad, éste ha ido disminuyendo. Lo peor son los autobuses croatas que más parecen camiones de bomberos que servicios de transporte. Hemos ido atravesando pueblos costeros con pequeñas playas de piedra, la mayoría artificiales, sin demasiado interés.

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¿Una escultura?

Sí que nos ha llamado la atención la desembocadura del río Cetina en Omiš, que parte en dos una vertical pared caliza antes de dejarse ir al mar.

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Desembocadura del río Cetina

A partir de aquí, y hasta la desembocadura del Neretva, se considera la Riviera de Makarska, un sector costero famoso por sus playas. En realidad es la parte que nos ha resultado más atractiva, no ya por aquellas sino por las espectaculares vistas a la cordillera Biokovo, un bello macizo de calizas que alberga algunas de las mayores cotas croatas como el Sveti Jure, con 1762 m, la tercera cima del país.

El centro administrativo de toda esta zona es Makarska, un pueblo con una buena playa y un hermoso puerto recogido en una abrigada bahía. Es uno de los destinos veraniegos más populares de la costa croata y el centro de partida para cualquier visita al Biokovo.

Tras descansar y pasear por Makarska hemos avanzado apenas diez kilómetros hasta Podgora, un pequeño pueblo de veraneo con unas vistas formidables a la vecina isla de Hvar y al Biokovo. Nos quedamos disfrutando del atardecer y relajándonos para continuar mañana la aventura.

Etapa 32: Trogir – Split (30 km)

Hoy más que una etapa hemos hecho un pequeño paseo entre Trogir y Split. Los que conozcáis la zonas sabréis que ambas ciudades distan entre sí apenas treinta kilómetros. No obstante por la mañana no sabíamos si podríamos acabarla ya que no ha parado de llover hasta pasado el mediodía. Eso sí, después se ha quedado una tarde espectacular.

Como os decimos, hemos tenido que pasar media mañana en la habitación que teníamos alquilada y la otra media tomando cafés por los bares de Trogir esperando que la intensa lluvia, que no dejaba de caer desde anoche, amainara.

Finalmente, tal y como avanzaban las predicciones, hacia las doce y media ha parado y es cuando hemos emprendido el camino hacia Split. Hemos salido por la carretera principal que une ambas ciudades pero, una vez pasado el aeropuerto, nos hemos desviado para circular por el camino costero que perfila la bahía. Entre Split y Trogir hay siete pueblos cuyo nombre comienza con Kaštel agrupados en un solo municipio llamado así. Esta toponimia deriva de su origen fortificado allá por los siglos XIV y XV. Aún quedan, en varios de ellos, las construcciones defensivas originales, algunas en bastante buen estado de conservación.

Una vez pasados estos siete pueblos el paisaje cambia por completo. Comienza el área metropolitana de Split con una inmensa y horrible cementera junto a un continuo de polígonos industriales… y la carretera va acumulando cada vez más tráfico. Por suerte el trayecto ha sido corto y enseguida hemos llegado al corazón de la ciudad.

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Entrando en Split

Split es un lugar muy especial. No son muchas las ciudades que pueden presumir de estar construidas dentro de un palacio y menos aún del de un emperador romano. El origen de todo el entramado urbano histórico es el palacio que Diocleciano construyó aquí para su retiro allá por el s.III. Impresiona encontrarse con sus antiguos muros, con el bellísimo Peristilo y sus marmóreas columnas, con estatuas egipcias… y todo ello salpicado de palacios y edificios religiosos de épocas posteriores (medieval, renacentista, barroca…).

Como en toda esta parte de Croacia el turismo es intenso. A ello ha contribuido, seguramente, el haber sido uno de los escenarios de la famosa serie Juego de Tronos, cuya presencia aquí tienen bien explotada en muchas de las tiendas de souvenirs. Split también es un puerto clave para la comunicación con muchas de las islas croatas y de él salen y entran constantemente ferrys provenientes de estas.

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Puerto de Split

Es, sin duda, una ciudad con mucho carácter y muchos rincones por descubrir. Hemos dado un agradable paseo por sus calles y callejuelas. Si mañana lo permite el tiempo continuaremos nuestro camino. Si no, cosa probable según las previsiones, intentaremos seguir disfrutando de los encantos de esta estupenda ciudad.

Etapa 31: Šibenik – Trogir (63 km)

Šibenik y Trogir distan entre sí apenas cuarenta kilómetros por la carretera principal. Pero nosotros hemos preferido hacer una ruta un poco más larga, bordeando la costa del cabo que las separa. Y no nos hemos arrepentido.

La mañana ha salido un poco grisácea en Šibenik pero no llovía y las calles y terrazas de la ciudad estaban animadas. Nos hemos tomado un café junto al teatro municipal disfrutando de los últimos ratos allí y hemos empezado el camino.

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Desde la terraza tomando un café (enfrente recogen firmas contra la violencia machista)

 Al salir de la ciudad nos hemos topado con varias estatuas más de homenaje a Dražen Petrović en un típico barrio de la época socialista, posiblemente el lugar donde se crió.

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Homenaje a Petrović (las míticas  Kangaroo)

Enseguida hemos abandonado la carretera que va directa a Trogir y Split para desviarnos por la ruta costera. El tráfico por este lado es mucho menor y los paisajes, como hemos ido descubriendo, una maravilla. A ratos se ha puesto a llover y la temperatura ha bajado un poco así que nos ha tocado abrigarnos mejor.

La primera vista que nos ha emocionado ha sido la de la pequeña Krapanj, la isla habitada más pequeña y baja del Adriático, según dicen.

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La pequeña Krapanj al fondo

Es un pueblecito de casas de piedra caliza que se disputan el poco terreno que tienen entre sí formando un laberinto de estrechas callejuelas. Este entramado urbano es característico de toda la zona,  aprovechando pequeñas islas (como Krapanj) o pequeñas penínsulas conectadas al continente por un estrecho paso (como Trogir, Tribunj, Primosten…) con una intención defensiva.

 

 

Un poco más adelante nos hemos topado con una enorme muralla sobre un brazo de tierra que forma un estrecho entrante de mar hasta un pueblo llamado Grebaštica.

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La muralla de Grebaštica

Después, leyendo un poco, hemos descubierto que fue parte de un muro defensivo del siglo XV que se construyó como medida protectora frente a los ataques del turco, especialmente para frenar una potencial invasión de Šibenik. El paisaje en esta parte es una delicia. Un mar azulado salpicado de verdes islas.

Por un momento se ha levantado el viento con una molesta lluvia pero, por suerte, ha sido breve. Hemos continuado disfrutando de los atractivos recovecos que forma la costa hasta toparnos con un precioso pueblo encaramado en el promontorio de una pequeña península unida a tierra firme por un fino brazo de tierra.

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Vista de Primošten

Una vez más, el mismo tipo de emplazamiento que hemos descrito antes. El pueblo se llaman Primošten y ciertamente es un primor. Hemos parado a degustarlo y descansar un poco.

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Disfrutando de las vistas de Primošten
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Primošten

Cuando nos íbamos no podíamos dejar de mirar la bella estampa que forma el pueblo rodeado de agua y con un espectacular catálogo de nubes en el horizonte. Un autobús de japonenes había parado para que se hartaran de hacer fotos al pueblo. Nosotros no hemos querido ser menos.

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Haciendo el japonés

Es curioso como, al igual que en otros lugares, los paisanos se han buscado la vida para superar las dificultades impuestas por el terreno y poder cultivar la tierra para producir vino. Qué tendrá esta caldo que tantos esfuerzos hace el hombre para obtenerlo.

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Curiosas terrazas de cultivo de vides

Durante unos cuantos kilómetros la carretera se aleja un poco del mar para retornar a él en una estrecha bahía en la que se ven zonas de cultivo de moluscos. Siguiendo la línea de la costa hemos llegado a Trogir.

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Cultivo de moluscos cerca de Trogir

Lo primero que aparece ante la vista nos es la pequeña y hermosa ciudadela medieval sino la imponente figura de los barcos que se construyen en el astillero de la ciudad. También se ven las casas en la ladera de la isla de Čiovo, que queda frente a Trogir.

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Casas en la isla de Čiovo

Trogir es una lugar de larga historia. Los griegos, los romanos, los venecianos, el Imperio Austrohúngaro… todos han pasado por aquí y han dejado su poso en el limitado espacio de la ciudad. Y todo ello se conserva casi intacto formando un armonioso y bellísimo conjunto. Tanto es así que la Unesco la incluyó en el listado de ciudades Patrimonio de la Humanidad con los siguientes argumentos: «Trogir es un notable ejemplo de continuidad urbana. El plano de la calle ortogonal de este asentamiento isleño se remonta a la época helenística y fue embellecido por sucesivos gobernantes con muchos edificios y fortificaciones públicas y domésticas. Sus bellas iglesias románicas se complementan con los edificios renacentistas y barrocos de la época veneciana«. No lo podríamos explicar mejor.

 

 

 

Etapa 30: Zadar – Šibenik (76 km)

Hoy hemos hecho una etapa un poco más monótona que la de ayer pero no carente de lugares de interés.

Tras disfrutar de los encantos de Zadar, hemos vuelto a seguir la ruta costera hacia el sureste. Como decimos, la etapa de hoy no ha sido tan variada como otras. Entre Zadar y Šibenik se extiende un territorio sin grandes elevaciones, algo inusual en tierras croatas, que permite el desarrollo de una actividad agrícola puramente mediterránea. Se ven muchos olivos, vides y frutales.

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Olivos frente al mar

Estamos en época de cerezas y por la carretera nos hemos topado con varios puestos en los que las vendían. Los pueblos costeros están claramente orientados al turismo aunque, en esta época, todavía están muy tranquilos. La vista en ningún momento es la de mar abierto. En el horizonte siempre aparece la silueta de la línea de islas que se extienden paralelas al litoral.

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Las islas omnipresentes en el horizonte (la de la derecha es Galešnjak)

Hay algunas grandes y alargadas como Ugljan o Pašman, y otras minúsculas como Galešnjak, también conocida como isla del amor por su forma de corazón.

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Isla del amor (Foto: canalviajes.com)

Hemos pasado junto a Biograd na Moru, un lugar de larga tradición turística y de dilatada historia puesto que fue la capital medieval del reino de Croacia. Más tarde la carretera se sitúa entre dos masas de agua. Por un lado el Adriático y por el otro el Vransko Jezero, el lago natural más grande de Croacia, de origen Kárstico, y una importante reserva ornitológica. Hemos parado a comer junto a una pequeña cala con todos los víveres que nos quedaban en las alforjas (latas de sardinas de Francia, queso Padano de Italia y pan y embutido croatas).

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La pequeña cala en donde hemos comido

Un poco después hemos parado a descansar en Pirovac, un coqueto pueblo pesquero que actualmente, como toda la zona, está más enfocado al turismo. A pesar de que la etapa ha sido bastante llana, en comparación con las de estos días, nos ha costado acabarla y hemos tenido que parar con frecuencia.

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El puerto de Pirovac

Finalmente hemos llegado al puente de Šibenski Most que se extiende sobre una especie de fiordo del Adriático en el que desemboca el río Krka.

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Šibenski Most con Šibenik al fondo

Éste, unos kilómetros arriba, conforma uno de los parques naturales más famosos de Croacia, el Parque Nacional del Krka, con unas características cascadas que aparecen en todas la guías.

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Horizonte sobre el Krka

Šibenik nos ha gustado mucho. Ya la entrada es espectacular. La ciudad se asienta en una ladera a la orilla de un entrante del mar cuya salida es a través de un estrecho cañón entre paredes de caliza. Su entramado urbano está conformado por estrechas callejuelas entre edificios de caliza blanca a lo largo de la falda de la montaña y bajo la protección de la imponente fortaleza de San Miguel. Es cierto que muchos rincones albergan un aire decadente y ruinoso pero eso no le resta ningún atractivo, más bien al contrario. Como monumento más significativo de la ciudad destaca la catedral de Santiago, construida enteramente en piedra caliza y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000, tras reconstruirse algunos daños causados durante la guerra de los Balcanes. Y para los amantes del baloncesto con algunos añetes encima, seguro que recordáis al inimitable Dražen Petrović. Pues este grandísimo jugador era de Šibenik y hay unos cuantos símbolos en su recuerdo repartidos por la ciudad, se nota que ha sido y es una persona muy querida aquí.