Etapa 37: Tivat – Bar (63 km)

Hoy hemos hecho la que quizás sea nuestra única etapa íntegra por tierras de Montenegro. Este es un país pequeño y gran parte de su territorio se extiende por las tierras montañosas del interior. Aunque su línea costera no sea generosa en longitud, sí lo es en riqueza y variedad.

Hemos salido de Tivat tras un estupendo desayuno en la terraza de la habitación. El primer tramo de carretera no nos ha gustado demasiado ya que tenía mucho tráfico. Luego, a lo largo de la etapa, por suerte, ha  ido disminuyendo. Al menos en Montenegro tenemos la sensación de que los conductores son mucho más cuidadosos en los adelantamientos que en otros países, como Croacia por ejemplo.

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Subiendo las primeras cuestas del día

Cuando hemos superado la primera cumbre del día nos hemos encontrado a un policía que nos ha obligado a parar (hay muchos policías en las carreteras montenegrinas). No sabíamos bien qué pasaba, el caso es que nos ha dicho que no podíamos pasar. Al poco rato se han empezado a escuchar muchas sirenas y ha pasado por la carretera toda una comitiva de oscuros coches oficiales rodeados de mucha escolta, ¿quien sería?. Bueno, lo importante es que hemos podido continuar tranquilos.

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Vistas mientras esperábamos el paso de la comitiva oficial

Poco después hemos llegado a Budva, quizás el mayor destino turístico del país. Este lugar es totalmente contradictorio, la verdad. Tiene un precioso centro histórico en una pequeña península al estilo de otros pueblos del Adriático como Trogir.

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Vista de la antigua Budva

Está completamente amurallado y en su interior esconde una red de estrechas callejuelas, palacetes y varias iglesias tanto cristianas como ortodoxas.

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Pero en cuanto sales de este bello oasis, el resto del lugar es un horrible pueblo de vacaciones, en el pero sentido del concepto, en el que se están cometiendo todos los excesos urbanísticos y tropelías arquitectónicas que han destrozado tantos otros lugares de costa.

Es un destino de playa al que acuden gentes de otros países del entorno y de Rusia, especialmente. Se nota que su industria del turismo está en pleno desarrollo pues no deja de verse construir por todas partes. Pero los derroteros que está tomando su desarrollo son, como decimos, bastante inquietantes. Y es una lástima porque su costa y su entorno atesoran joyas como la propia ciudad vieja de Budva o la bellísima península de Sveti Stefan.

La mayor parte de la costa, por suerte, no está sufriendo la presión urbanística de Budva y aún conserva enclaves con mucho encanto.

Hemos pasado junto a la costa de Petrovac, en cuya bahía destacan dos islotes, uno de los cuales muestra orgulloso la pequeña ermita de Sveta Neđelja que, según cuenta la leyenda, construyó un marino en agradecimiento a su salvación de un naufragio.

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Bahía de Petrovac y el islote de Sveta Neđelja

La mañana iba avanzando y el sol cada vez apretaba más así que hemos decidido parar a comer y descansar un poco en un restaurante de carretera en un pequeño pueblo llamado Kaluđerac. Como viene siendo tradición, después de comer siempre viene la cuesta de la digestión y la de hoy ha sido una buena digestión.

Poco antes de llegar a Bar hemos parado a refrescarnos en las bellas aguas del Adriático,  pues el calor apretaba de lo lindo.

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Refrescándonos

Bar es una ciudad con el puerto más importante del país. En él se encuentran amarradas varias fragatas y buques de guerra de la armada montenegrina. Además de ven varias instalaciones y almacenes industriales.

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Costa de Bar

Pero sobre todo es una ciudad vacacional y de veraneo pero de un turismo diferente al de Budva. El de aquí es más doméstico y local quizás. Se nota especialmente en los precios, mucho más bajos aquí.

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Patriótico hotel en Sutomore, antes de Budva

La ciudad en sí no tiene nada de especial. Su paseo marítimo es agradable y es donde la gente hace vida social. En él se encuentra uno de los pocos monumentos significativos del lugar, el palacio del rey Nicolás.

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Palacio del rey Nicolás

Pero el resto de la ciudad es anodina, incluso fea. Al parecer la antigua ciudad, el centro histórico, está un poco más al interior, en las faldas de la colina, pero por lo visto en la Segunda Guerra mundial la ciudad quedó arrasada y más tarde, en 1979, un terremoto acabó de rematarla. Así que decidieron que era mejor vivir en otro lugar, más cerca del mar, que es donde está la ciudad nueva. Es por ello que es una urbe sin alma, sin apenas una estructura urbana identificable.

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Moderna iglesia ortodoxa de Bar

De todos modos, la ciudad antigua, o sus restos, siguen en la falda de la colina y se pueden visitar. Uno de sus atractivos es un olivo milenario, de los olivos más antiguos que se conocen. Se calcula que tiene alrededor de 2200 años. Este sí que sobrevivió a bombardeos y terremotos, y es un símbolo de la ciudad.

Mañana esperamos atravesar la frontera con Albania, junto al lago Shkodër, el más grande de los Balcanes. Os contaremos.

 

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