Etapa 39: Palinuro – Praia a Mare (84 kms)

Hemos llegado a un pueblo llamado Praia a Mare. Si venimos dos días antes nos hubiéramos encontrado con la cuarta etapa del Giro de Italia (Praia a Mare – Benevento).

Hoy hemos atravesado tres de las regiones del sur Italia, algo un tanto insólito en una etapa de 84 kms. Hemos salido de Campania, en la que llevábamos unos cuantos días, hemos llegado a Calabria, por la que andaremos las próximas etapas, y hemos cruzado la pequeñísima fracción costera de Basilicata.
En los primeros treinta kilómetros de la etapa nos hemos tenido que separar de la costa, puesto que la escarpada orografía ha obligado a los ingenieros a buscar pasos alejados del mar. En principio íbamos a intentar la ruta más corta, pero dos colegas de bici italianos que nos encontramos ayer en el camping nos lo desaconsejaron y nos sugirieron una variante con algún kilómetro más pero con menos pendiente. Hemos salvado el mismo desnivel que por la ruta que pensábamos hacer, cerca de 450 mts, pero subiendo por rampas menos agresivas. El camino ha sido todo un acierto, no sólo por habernos evitado algunos tramos de los que rompen las piernas, sino por la belleza del paisaje. Hemos salido de un camping junto a la playa y en unos pocos kilómetros estábamos pedaleando en plena montaña. Este es uno de los atractivos del Parque Nacional del Cilento y Valle de Diano, que contiene paisajes de mar, montaña y llanura, y todo ello trufado de historia y mitología.

Hemos rodeado el monte Bulgheria, nombre derivado de los búlgaros que repoblaron esta zona siglos atrás. La mayoría de los pueblos se ubican encaramados en escarpados promontorios, seguramente como método de defensa ante los ataques provenientes del mar. Un bello ejemplo es Roccagloriosa, uno de los más grandes de la zona.

Tras rodear el Bulgueria hemos vuelto al mar, como transportados de repente a otro mundo. Hemos tenido que rodear el golfo de Policastro, que realmente se extiende entre las tres regiones de las que hablábamos. En Sapri, un turístico enclave situado en una pequeña bahía, hemos parado a comer. Justo allí se pasa de Campania a Basilicata y se encuentra la frontera del Cilento y su parque Nacional.

La costa de Basilicata es igualmente bellísima, o más si cabe. A pesar de que ha sido un contínuo subir y bajar, hemos disfrutado de lo lindo. De repente, tras una curva de la solitaria carretera, nos encontrábamos con una pequeña ensenada de color turquesa, o con impresionantes escarpes cayendo verticalmente al mar.

Suponemos que en verano la zona estará masificada por el turismo pero nos cuesta entender que ahora no haya prácticamente nadie más que nosotros admirando tanta belleza, lo cual hace que nos sintamos aún más afortunados.

Ahora estamos en un camping frente a una pequeña isla, Dino, cuyo nombre parece ser que deriva de un antiguo templo dedicado a Venus. No sabemos si mañana nos tocará quedarnos aquí en parada forzosa ya que las predicciones meteorológicas anuncian lluvias durante todo el día.

Etapa 38: Santa María de Castellabate – Palinuro (67 kms)

Como decíamos ayer, hemos aprovechado esta mañana para visitar el hermoso pueblo de Santa María. Es un pequeño puerto de pesca en el que, en esta época del año, se respira un ambiente tranquilo sin apenas turistas.

La mañana se ha levantado nublada y con algo de lluvia. El pueblo vecino, Castellabate, está unos doscientos metros más arriba, en la ladera de la montaña, pero hoy había algo de niebla y apenas se veía.
Hemos pedaleado por el corazón del Cilento, una zona mucho menos conocida que la cercana costa Amalfitana. Esta última exhibe más glamour y puede que sea más pintoresca, pero el Cilento es más agreste, más salvaje y seguramente más auténtico. Desde luego está mucho menos frecuentada por el turismo. Y guarda en su seno rincones realmente bellos y lugares cargados de historia y mitología.

Nada más salir de Santa María de Castellabate está Punta Licosia, nombre que se asocia a una de las sirenas de la mitología y, según algunos autores, zona en la que está basado el pasaje de la Odisea. Quién sabe pero, como siempre, nosotros preferimos dejarnos llevar por la imaginación y pensar que por aquí anduvo el asendereado héroe homérico.
Un poco más adelante, hemos parado en Acciarioli, otro pequeño pueblo marinero que, desde hace años, está ligado a la figura de Ernest Hemingway. Por lo visto, el escritor pasó alguna temporada por aquí y se dice que trabó amistad con un pescador que le sirvió de inspiración para su novela “El viejo y el mar”. No sabemos si será cierto pero, con Hemingway, uno tiene la sensación de que vayas donde vayas él ya anduvo allí. Y como si de una franquicia se tratara, siempre encuentras un bar o restaurante con su nombre.

Pedalear por aquí es una gozada, ya que apenas pasan coches y el paisaje es hermoso. El precio a pagar es el de tener que subir y bajar cuestas constantemente. Mientras nuestras piernas aguanten, bien lo vale.
Hemos parado en Pioppi, pueblo que alardea de ser la capital mundial de la dieta mediterránea. No debe ser, por tanto, un mal lugar para comer. Nosotros lo hemos hecho en un bonito restaurante junto al mar, el Pioppi Café. Allí Gianni, que regenta el restaurante, nos ha tratado de maravilla y Marco, el majísimo cocinero, nos ha preparado unas riquísimas viandas. Gianni nos ha contado que hizo el Camino de Santiago el año pasado con una amiga suya. De hecho ella, inspirada por la experiencia compostelana, ha creado algo similar en el Cilento, la Vía Silente. Es una ruta de unos 600 kms por la región , dividida en 15 etapas y preparada para poder pernoctar en albergues o casas rurales. Por supuesto, también cuenta con las credenciales que hay que ir rellenando en cada una de las etapas. Es una excelente idea y una buena manera de conocer esta maravillosa zona que, por lo demás, es Parque Nacional y Patrimonio mundial de la Unesco. El próximo día 15 de mayo celebran el inicio de la ruta. Eso si, hay que venir algo preparado porque la zona, llana, no es. Os dejamos un enlace con información: http://www.laviasilente.it

Nos hemos despedido de la gente del Pioppi Café y hemos partido, aunque no nos hubiera importado quedarnos al concierto que tenían preparado para esta noche.
Unos kilómetros más adelante hemos pasado por las ruinas de Velia, ciudad que quizás os suene más por su nombre griego, Elea, de donde eran Zenón y Parménides, y que dío nombre a la famosa escuela filosófica. Y es que estamos en el corazón de la antigua Magna Grecia. En un principio, nuestro viaje iba a terminar en Atenas aunque finalmente nos hemos decantado Sicilia. Aunque no estemos en Grecia, su pasado clásico ha dejado una fuerte impronta en estos lugares y, de alguna forma, completa nuestro periplo mediterráneo.
Desde Elea, la carretera trepa por una colina hasta un pequeño pueblo llamado Ascea. Como venía sin afeitarme desde que salí de España y las barbas estaban empezando a ser algo molestas, he pensado en cortar por lo sano. En Ascea, junto a la carretera, hemos visto la barbería de Peppino y nos ha parecido el lugar ideal para ello. Al dueño se le ve un barbero de raza y lo es después de cincuenta años de oficio. Es la primera vez que me afeitan a cuchilla y la situación impone un poco, pero el maestro ha hecho un buen trabajo.

Peppino nos ha avisado de que, tras Ascea, hay un par de kilómetros en los que la carretera está en mal estado y tiene una buena pendiente. No le faltaba razón al barbero, ¡menudo tramo!, aunque las vistas eran espectaculares.

Superado este escollo, el camino llanea hacia Pisciotta, un bellísimo pueblo encaramado en lo alto de un promontorio. La primera visión del lugar en lo alto, con el mar al fondo, es imborrable.

Desde Pisciotta, la carretera desciende suavemente, entre olivos y limoneros, hacia al cabo de Palinuro. Hemos acabado aquí nuestra etapa, en un camping situado junto al mar desde el que se ve el saliente de tierra que lleva por nombre el del timonel de la nave de Eneas en su salida de Troya, lo que un mito explica bellamente (podéis leerlo aquí). Y es que, como véis, la geografía y la mitología están indisolublemente unidas en esta bella región del sur de Italia.

Etapa 37: Salerno – Santa María de Castellabate (65 kms)

Hoy hemos salido más tarde de lo habitual. Como decíamos ayer, en una de las subidas hacia la costa Amalfitana rompimos un radio de la rueda trasera. La avería nos permitió continuar pero la rueda estaba cada vez más descentrada y tocaba en los frenos así que teníamos que solucionar el problema en Salerno. Ayer, de vuelta del paseo nocturno, vimos de casualidad el letrero de un taller de bicis junto al B&B en el que dormimos, así que esta mañana nos hemos acercado. El lugar lo regenta una pareja majísima, Roberto y Danielle. Nos han solucionado el problema estupendamente y encima no nos han querido cobrar. Hemos insistido pero nos han dicho que tienen por norma no hacerlo a la gente que viajamos en bicicleta. Y encima nos han estado aconsejando lugares para visitar los siguientes días. Así da gusto. Una vez más, nos volvemos a encontrar en el camino con gente amabilísima. ¡Muchas gracias de nuevo ragazzi! Os adjuntamos la web de la tienda: http://www.soloacciaio.it

Al final hemos salido de Salerno casi a la hora de comer, por la carretera litoral. El mar tenía un aspecto grisáceo debido a un manto de neblina que lo cubría todo. En el horizonte se veían dibujados los perfiles del relieve, pero con poca nitidez. Hemos pensado que si ayer nos llega a salir un día como éste no hubiéramos podido disfrutar tanto de los encantos amalfitanos.
A unos veinte kilómetros de Salerno nos hemos encontrado con las ruinas de Paestum, una antigua colonia griega que conserva tres imponentes templos dedicados a Hera, Apolo y Atenea. Se dice que en esta ciudad enseñaron Parménides y Zenon, casi nada.

Desde allí hemos continuado hacia una ciudad llamada Agrópolis, situada en una pequeña bahía y con un castillo de época aragonesa en lo más alto.

Para llegar a nuestro destino final, Santa María de Castellabate, teníamos varias posibilidades. Una, por la carretera principal, y otra, por un camino de trekking junto al mar. Queríamos hacer esta última pero en un centro de información turística nos lo han desaconsejado por tener algún paso difícil para nuestras bicis. Al final hemos optado por una solución intermedia. Hemos subido por carreteras secundarias, con una buena pendiente eso sí, hasta la cima del monte y desde allí hemos bajado a Santa María. Mañana visitaremos el pueblo, ya que nos hemos alojado en un camping a unos tres kilómetros. También veremos Castellabate que, según nos han dicho, es el pueblo en el que se rodó Bienvenidos al Sur, versión italiana de la conocida película francesa. Esperemos que nos nos llueva, a pesar de que el pronóstico nos dice lo contrario.

Etapa 36: Meta – Sorrento – Salerno (68 Kms) por Costa Amalfitana

Nos resulta imposible transcribir al lenguaje lo que nuestras retinas han venido admirando. Estamos abrumados por tanta belleza. Ayer Capri nos deslumbraba con su agreste elegancia y hoy la Costa Amalfitana nos ha ofrecido un enorme espectáculo, en donde lo natural y lo humano alcanzan un exquisito equilibrio. Como veis, ayer hicimos una etapa de descanso (apenas los seis kilómetros que separan Meta de Sorrento) para poder visitar la famosa Isla. A ella se retiró el emperador Tiberio hasta sus últimos días, el mismo que ordenó construir la fastuosa Villa con cueva en Sperlonga de la que os hablamos etapas atrás. Después, como sabréis, han sido muchos los poderosos o afamados que han seguido sus pasos. Y es que algo tiene esta isla, aparte de sus historias más o menos glamurosas, que cautiva a quien la visita.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Ayer hicimos noche en Sorrento, un bello pueblo que sirve de base a la mayoría de los que queremos conocer sus alrededores.

Esta mañana hemos salido de allí en busca de la Costa Amalfitana. Para llegar a ella no queda más remedio que atravesar la península Sorrentina desde la costa norte a la sur y para ello hay varios caminos. Hemos optado por el que sale de Piano de Sorrento porque hay que salvar menos desnivel. Aún así hemos subido un par de kilómetros con una pendiente que nos ha hecho apretar las tuercas de los pedales y ya de paso, romper un radio en una rueda.

Una vez coronada la cumbre, la carretera desciende por la escarpada vertiente sur. Las laderas de la costa caen en vertical sobre el mar y el camino va zigzagueando como puede a través de ellas. El paisaje es todo un espectáculo. Avanzábamos apenas cien metros y teníamos que parar para poder admirarlo con detenimiento y retratarlo con nuestras cámaras. El roquedo calizo se entremezcla con el verde frondoso de los pinos, las encinas, los limoneros y muchas especies más. Toda la zona forma parte del parque natural del Monte Lattario.

El primer pueblo que se atraviesa es Positano, un lugar muy pintoresco que ha sido escenario de varias películas.

Las casas trepan por las vertientes de la montaña fomando un urbanismo vertical bellísimo.

Tras este, hemos pasado por Vettica Maiore al que siguen otros como Praiano o el mismo Amalfi. Todos ellos están perfectamente integrados en el paisaje formando un armonioso conjunto.

Aunque actualmente viven casi exclusivamente del turismo, en su historia han tenido que inventar el terreno cultivable. Para ello, generación tras generación, han ido creando terrazas en las empinadísimas laderas de los escarpes a través de un titánico empeño. La mayor parte del terreno cultivable está ocupado por limoneros, que aquí son todo un símbolo.

Gracias a ellos producen el famosísimo limoncello de Sorrento, pero no sólo eso. En las tiendas se encuentran caramelos de limón, jabones de limón, ambientadores de limón… y por supuesto, helados y granizados. El día ha salido soleado y hermoso, con una temperatura ideal para pedalear. Nos imaginamos que hacerlo en verano tiene que ser bastante más duro, ya que todo es vertiente sur y el sol da de lleno. Además, al no haber carreteras alternativas, el tráfico tiene que ser intensísimo. Ahora, sin embargo, a pesar de que se ven turistas, la carretera está muy tranquila y los coches y autobuses que pasan de vez en cuando no resultan demasiado molestos.

Entretenidos como veníamos con tanto deleite casi ni nos hemos dado cuenta de que no parábamos de bajar y subir cuestas así que, cuando hemos llegado a Salerno, el cansancio nos ha venido de repente. A pesar de ello hemos podido dar un pequeño paseo por el centro de esta atractiva y vital ciudad, con una antiquísima universidad, famosa desde tiempos medievales por sus estudios de Medicina.

Esta noche soñaremos con limoneros y el mar.

Etapa 35: Nápoles – Meta (53 kms)

No, no os penséis que hemos llegado al final de nuestro periplo. Meta es el nombre del destino de la etapa de hoy, en la península Sorrentina. Hemos salido de Nápoles hacia las diez de la mañana, en compañía del gran Giacomo, nuestro amigo napolitano, que nos ha acompañado hasta Pompeya después de invitarnos ayer a probar los dulces napolitanos, el helado, el café y la pizza, ¡qué gran anfitrión Giacomo!.

Hemos llegado a Pompeya a través de la carretera de la costa, la cual tiene un pavimento de grandes adoquines que hacen un poco incómodo el trayecto. Como era domingo, había mucha gente por las calles y un poco de tráfico por la carretera. El otro día decíamos que el tráfico de Nápoles no era para tanto pero hoy nos vais a permitir una pequeña rectificación. No es que sea especialmente caótico, pero sí un tanto más anárquico que en otros lugares. Aquí, primero se mete el morro del coche y después se mira. Según Giacomo, cuanto más al sur la gente anda más alocada…Hemos pasado muy cerca del Vesubio, junto a Ercolano y Torre del Greco y no podíamos dejar de pensar e imaginar cómo debieron ser los días de la gran erupción del año 79 d.C.

Al llegar a Pompeya nos ha sorprendido el enorme gentío que se arremolinaba en torno a una iglesia, el Santuario della Virgen del Rosario de Pompeya. Había hasta una banda de música tocando. Debe de ser un lugar habitual de peregrinaciones pero nos ha dicho Giacomo que ese ambiente es lo normal los domingos.

Hemos tomado un café en la plaza y después nos hemos dirigido a la entrada del yacimiento arqueológico. Cuando hemos llegado, nos ha decepcionado bastante que nos obligaran a dejar las bicicletas fuera del recinto del yacimiento, a pesar de que había mucho espacio dentro. Es una de esas posturas normativas que no acabamos de entender. Hemos ido al parking de coches para que, por lo menos, estuvieran en un lugar cerrado y no correr peligro de que se las llevaran. Para nuestra sorpresa, en el parking guardan coches, motos, caravanas… pero bicis no. Así que, finalmente, hemos tenido que dejarlas atadas en la calle. Como había un kiosco junto a la puerta nos hemos tomado un par de zumos y le hemos pedido al dependiente que las fuera echando un vistazo. Al salir, hemos respirado aliviados de verlas pero sin acabar de entender las trabas que se han empeñado en ponernos… Parece que todo es mucho más fácil para los coches.

En la puerta de entrada al yacimiento arqueológico nos hemos despedido de Giacomo con pena. Es curioso como, en apenas dos días y hablando idiomas diferentes, uno puede conectar tanto con alguien. Ayer hablábamos de eso entre nosotros. Giacomo, si lees esto, un fuerte abrazo y nuestros deseo de que todo te vaya estupendamente.

La visita a Pompeya es impresionante. Te transporta dos mil años atrás y te das cuenta de lo avanzados que estaban los romanos o lo poco que hemos progresado desde entonces en muchos aspectos. Una vez más, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?.

Después de algunas horas apasionantes pero agotadoras dentro del recinto, hemos salido a comer algo. Tras reponer fuerzas, hemos reemprendido el camino rumbo a la península Sorrentina. Hemos cambiado el asombro de la historia por el de la naturaleza. El relieve costero en esta parte de la bahía de Nápoles es todo un espectáculo. La costa cae abruptamente hacia el mar en vertiginosos acantilados y, salpicando las laderas de los escarpes, se distribuyen casas, villas, iglesias… con el Vesubio siempre presente al norte, como un vigía insomne.

Así, boquiabiertos por tanta belleza, hemos venido pedaleando hasta Meta, en el Piano de Sorrento.

Mañana cruzaremos al otro lado de la Península, hacia la costa amalfitana, uno de los lugares que domina nuestros anhelos desde hace tiempo.

Nápoles

Etapa 34: Castel Volturno – Nápoles (56 kms)

¡Ya estamos en Nápoles!. La exclamación no quiere decir que nos haya costado mucho llegar sino que teníamos muchas ganas de venir. Y lo que hemos visto entrando en la ciudad no nos ha defraudado en absoluto, más bien al contrario. Hemos llegado por carreteras pegadas a la costa y hemos cruzado Pozzuoli, un bello pueblo del extrarradio de Nápoles.

Para llegar al centro histórico de la ciudad hemos tenido que subir una colina por el barrio de Posillipo. El esfuerzo bien ha valido la pena ya que las vistas desde lo alto son espectaculares.

Se ve toda el golfo con el Vesubio y Capri como incomparable marco, así que cada cincuenta metros teníamos que pararnos a hacer fotos y alucinar con las villas y mansiones que pueblan las laderas de Marechiaro y Posillipo.

De camino hacia aquí nos hemos encontrado con un ciclista napolitano, Giacomo, que hos ha acompañado durante unos cuantos kilómetros. Hemos venido entretenidos conversando, en nuestra mezcla ítalo-española. Nos ha invitado a un rico café antes de volverse a casa ya que tenía que trabajar. Ha sido realmente un placer el rato que hemos compartido.

Pero lo mejor de todo es que esta tarde, mientras paseábamos por el centro de la ciudad, un autobús urbano ha empezado a pitarnos. Nosotros no sabíamos qué es lo que quería hasta que hemos visto que el conductor era Giacomo, ¡menuda coincidencia!. Hemos cenado algo juntos (nos ha vuelto a invitar, ¡cómo son estos napolitanos!) y hemos quedado en vernos mañana. Es un lujo encontrar a gente así.

Veníamos con cierto recelo por el famoso caos del tráfico de Nápoles pero, la verdad, no ha sido para tanto. No hemos visto mucha diferencia respecto a otras ciudades del mismo tamaño.

Así que pasaremos un par de días por aquí, conociendo esta hermosa ciudad y disfrutando de sus famosos manjares. Ah, ¡y por fin hemos visto búfalas!.

Etapa 33: Terracina – Castel Volturno (87 kms)

Ayer llegamos a Terracina por la Via Appia y hoy la hemos dejado por la Vía Flacca, que es la ruta más próxima a la costa. Todo este tramo del litoral es bastante más escarpado que el que recorrimos ayer y eso hace que sea mucho más interesante.

Pocos kilómetros después de salir nos hemos topado con un bellísimo pueblo enclavado en lo alto de una cornisa asomada al mar. Se llama Sperlonga y además de ser un famoso destino de veraneo, guarda un enorme tesoro arqueológico, la Villa y Gruta del emperador Tiberio. Antes de visitar este enclave hemos paseado las estrechas y sinuosas calles de Spelonga que nos han recordado a los pueblos andaluces.

Después, hemos parado en las ruinas de la mansión de Tiberio. Este fue emperador de Roma entre los años 14 d.C y 37 d.C, es decir, totalmente contemporáneo de Jesucristo y en última instancia, suponemos, el responsable de su crucifixión. También es responsable indirecto del nombre del famoso lago de Galilea, el Tiberíades. Antes de exiliarse a otra enorme villa en Capri, en la que murió, Tiberio hizo construir aquí, en Sperlonga, una gran mansión que incluía una enorme gruta, la cual se ornamentó con todo un conjunto escultural compuesto de escenas alusivas a episodios de la Odisea. En el museo se pueden ver los restos del mismo y, aún siendo sólo fragmentos impresiona. Nos imaginamos cómo tuvo que ser la enorme villa y el teatral efecto de la gruta decorada con las enormes esculturas, todo rodeado por el mar.

Con la imaginación jugando a reconstruir tan hermoso lugar hemos continuado el pedaleo. Pronto hemos pasado de la belleza creada por el hombre a la de la naturaleza, absortos por la hermosura de las zonas de acantilados, las calas y el azul del mar. Hemos comido en una pequeña área de descanso de la carretera, mirando al mar. Después hemos avanzado hacia Gaeta. Nuestra intención era visitar este lugar pero, al llegar, nos hemos despistado y hemos seguido la carretera principal cuando deberíamos habernos desviado hacia un promontorio de la costa. La ciudad estaba detrás de esta elevación. Nos hemos dado cuenta bastante después y volver nos trastocaba los planes. De todas formas hemos disfrutado de su bella estampa según nos alejábamos.

Más adelante hemos cruzado Formia, lugar donde ejecutaron a Cicerón. Después Minturno, cuyas ruinas reposan junto al rio Garigliano, que es la frontera natural entre la región del Lazio y la de Campania. En cuanto hemos cruzado a esta última han empezado a aparecer queserías que elaboran la famosa mozzarela de búfala, especialmente en la localidad de Mondragone, en la que se suceden sin solución de continuidad. Eso sí, de momento no hemos visto ninguna búfala, quizás las esconden con celo.

Al final, hemos llegado a un pequeño camping en Castel Volturno, una zona de playa sin demasiado atractivo, la verdad. Mañana esperamos llegar pronto a Nápoles. Allí nos quedaremos un par de días que, aun siendo insuficientes, esperemos que nos permitan empezar a conocerla.

Etapa 32: Anzio – Terracina (85 kms)

Hoy hemos salido un poco más tarde de lo acostumbrado. Ayer hicimos la colada y esta noche ha llovido, así que hemos tenido que esperar a que la ropa estuviera seca. Poco después de partir hemos atravesado Anzio, lugar natal de Nerón y Calígula y, más recientemente, famoso por ser escenario de una de las batallas clave en la liberación del nazismo en Italia, el desembarco de Anzio. Cerca de aquí está Nettuno, pueblo cuyo nombre se debe a un antiguo templo en honor al Dios marino. Nettuno tiene un pequeño centro histórico medieval amurallado. Allí hemos comido estupendamente en el restaruante de la cofradía de pescadores.

Con la felicidad del bien alimentado hemos continuado el pedaleo. Por esta zona de la costa hay muchos tramos cercados por instalaciones militares. Suponemos que serán lugares de importancia estratégica pero le dan un toque un tanto siniestro, la verdad. La mayoría de las zonas urbanizadas que hemos atravesado son meros centros de turismo estival y no muestran demasiado atractivo. Lo bueno es que, al ser temporada baja, hay poco tráfico en la carretera litoral.

Mientras avanzábamos, íbamos viendo en el horizonte un monte bastante escarpado. Hemos venido debatiendo sobre si pertenecía a una isla o era parte de un cabo peninsular. Un poco más tarde hemos descubierto que nuestra duda era más que razonable. Un veterano ciclista con el que nos hemos encontrado, llamado Silvio, nos ha sacado de dudas.

El monte se llama Circeo, en memoria de la maga Circe. La tradición dice que aquí estaba el hogar de la mítica hechicera solo que, en la antigüedad, este monte no estaba unido a tierra firme, era la isla de Ea. Por si no conocéis la historia os hacemos un pequeño resumen (aviso, contiene spoilers de la Odisea).
Después del mal trago pasado en la isla de los lestrigones (Sicilia o Cerdeña, según autores), Ulises y los supervivientes de aquel infausto encuentro atracaron en la isla de Ea. Un grupo de ellos avanzó en misión de reconocimiento mientras que Ulises, con el resto de sus hombres, esperaba en la nave. Todos los que componían la avanzadilla, salvo uno, Euríloco, llegaron al palacio de Circe. En un principio, ella les dio una calurosa bienvenida y los agasajó con alimento y bebida pero, tras esto, gracias a sus oscuras artes, los fue convirtiendo en todo tipo de animales según su propia naturaleza, cerdos, leones, perros… Euríloco, que vio todo desde fuera, corrió a contárselo a Ulises. Este, al enterarse, salió en ayuda de sus hombres. Por el camino se le apareció Hermes y le dio una planta con la que esquivar los hechizos de Circe. Cuando llego al palacio de la maga, ésta le invitó a un banquete tal y como hizo con sus compañeros pero Ulises, gracias a la planta que le dio Hermes, no sufrió el hechizo. Así que se plantó ante ella y la obligó a liberar a sus hombres. Tras esto, parece que ambos hicieron buenas migas ya que Ulises se quedó un año conviviendo con ella.
No sabemos si el lugar en el que la tradición situa este episodio es al que Homero se refería, pero no importa. Lo emocionante es pensar que todos estos sitios pertenecían al universo cultural del mundo que vio nacer la fascinante historia de la Odisea. Y, ¿por qué no?, nos encanta dejarnos llevar por la idea de que algún día anduvo por aquí el intrépido héroe.
Así que nuestra razonable duda sobre si el monte Circeo era una isla o un promontorio en tierra firme ha quedado resuelta. Y, gracias a Silvio, hemos descubierto que el lugar es la mítica isla de Ea. Quién sabe si, al estilo de la antigüedad, Silvio no es sino un Dios encarnado en humano para ayudarnos a rememorar tan hermoso episodio.

Hoy en día, el monte Circeo está protegido como Parque Nacional y es un destino habitual para los amantes de la naturaleza. Nuestra etapa ha acabado en Terracina, un poco más al sur del mítico monte. Estamos en un camping entre la Vía Apia, que acabamos de estrenar, y el mar, bajo la majestuosa estampa de los restos del antiguo santuario de Jupiter Anxur. ¿Qué más se puede pedir a un Periplo Mediterráneo?