Etapa 4 (66 Kms): San Sebastián – Bayona

Etapa corta la de hoy pero no por ello menos meritoria. La verdad es que cruzar a Francia autopropulsados nunca es fácil. Hay fronteras naturales y fronteras mentales. La que separa España (o la Península Ibérica) de Francia (o del resto de Europa) es de las primeras. Y eso explica muchas cosas. Pero vamos con lo nuestro.
Después de un día de sufrimientos gastronómicos (si, es muy duro ver tantas cosas ricas y no poder probarlas todas) hemos empezado a pedalear con tranquilidad. Para salir de San Sebastián hemos subido en dirección a Intxaurrondo, pasando por la puerta del Arzak (pena de almuerzo, jaja), para bajar luego al Puerto de Pasajes. Hemos cruzado en una barca al otro lado de la bahía, la parte de San Juan, que es la más bonita y pintoresca.

Desde allí, hemos ido en dirección a Irún pasando por Lezo y subiendo alguna que otra cuesta, por una carretera con un poco de tráfico.

En Irún hemos comido en el bar The Bohemian, un pincho de tortilla exquisito y unas lentejas con Idiazabal no peores.

Con las fuerzas repuestas, menos mal, hemos ido en dirección a Behobia y de allí a Francia. Una vez aquí, nos ha tocado subir un primer puertecito (con los kilos que llevamos en las bicis todas las cuestas saben peor). Hasta Sant Jean de Luz hemos tenido un contínuo sube y baja por carreteras interiores. En Sant Jean hemos tomado el camino de la Eurovelo 1 (que ya hicimos hace unos años) bordeando la costa. Sólo por las vistas vale la pena venir por aquí.

Así, hemos cruzado Ghetary, Bidart, Biarritz… para llegar finalmente a Bayonne. Hemos disfrutado mucho del camino, ya que esta zona es espectacular, pero hemos llegado al final bastante agotados. Aún así, hemos dado un pequeño paseo por las bellas calles de Bayonne, ya casi desiertas a esas horas (no os penséis, serían las siete de la tarde). Francia es un país hermoso, pero muy tranquilo, a veces quizás demasiado.

Etapa 3 (89 Kms): Pamplona – San Sebastián

Bueno, ya hemos completado la tercera etapa y hemos llegado hasta la Costa Cantábrica. La verdad es que este tramo de la ruta lo habíamos hecho hace poco, a través de la Vía Verde del Plazaola (podéis ver el artículo del blog aquí).

El día ha salido espectacular, lo que nos ha permitido disfrutar de los preciosos paisajes de la ruta.

Ya sabíamos que los primeros cuarenta kilómetros tienen unas cuantas cuestas así que ya estábamos preparados mentalmente. Lo que nos ha dejado tocados ha sido una rampa del muchos% que nos hemos encontrado al intentar una ruta alternativa a la llegada a Lekunberri que hicimos la otra vez (que tambíen tenía lo suyo).

Menos mal que al llegar al pueblo hemos encontrado el bar Ainhoa, que nos ha devuelto las fuerzas en forma de chorizo a la sidra (capricho que nos ha entrado subiendo la cuesta) y callos, la típica dieta del deportista.
Después de Lekunberri la ruta sigue subiendo un poco pero de forma muy suave hasta llegar a un enorme tunel (de casi tres kilómetros) antes de pasar junto a Leitza. Estos tramos suelen estar iluminados pero dentro tienen mucha humedad (cuando no auténticas duchas) y las bicis han acabado rebozadas en barro.
El paisaje por el valle de Leitzaran es un espectáculo, y más cuando se tiene la suerte de cruzarlo con sol.

Así hemos llegado plácidamente, aunque algo embarrados, hasta Andoain. Allí, buscando una ruta para llegar a San Sebastián diferente de la que hicimos la otra vez, que no nos había convencido, hemos vuelto a encontrarnos con varias cuestas de las que escuecen. Nos hemos arrepentido bastante de nuestras ganas de innovar ya que la llegada a Donosti ha sido bastante más complicada que la anterior que hicimos (más cuestas y más coches). Entre el cambio de horario y los cambios de ruta hemos llegado justo al anochecer. Bueno, al menos hemos conseguido llegar bien aunque un poco cansados. Nos sacrificaremos y estaremos un día de descanso en esta ciudad donde no sabemos si podremos comer algo.

Etapas 1 (100 Kms) y 2 (92 Kms): Soria – Rincón de Soto – Pamplona

Hoy estrenamos las entradas de este nuevo diario de viaje. Como ya explicamos en el post previo, pretendemos alcanzar la Costa del Mediterráneo en el Sur de Francia para seguirla rumbo a la frontera italiana… Y como ya se sabe que el viaje de 1000 kms comienza por un paso, nosotros hemos decidido darlo (bueno, más que paso pedalada) en la puerta misma de casa. El destino final lo dejamos abierto al destino.

De momento en estas dos primeras etapas hemos llegado a Rincón de Soto, en la primera, y a Pamplona en la segunda.
El primer día de pedaleo empezó con un cielo bastante claro en Soria pero pasado Almajano (pueblo de muy gratos recuerdos para Mayte) comenzó a caer una fina lluvia que no nos abandonó en todo el camino.

Cruzamos Narros, con sus bellas casas palaciegas En Suellacabras recordamos una bonita ruta a pié que hicimos hace unos años. La carretera poco a poco va ascendiendo hasta pasado este pueblo. Después comienza una contínua bajada hasta llegar a Trévago. En Castilruiz paramos a comer y aprovechamos para comprar un riquísimo pan en la panadería del pueblo.
Se nos hace un poco raro empezar el camino por lugares que tenemos tan cerca en nuestro día a día. De repente nos sentimos un poco extraños, como forasteros en nuestra propia tierra.
Unos kilómetros después de Castilruiz comienza un trepidante descenso por el puerto de San Felices. Es curioso lo cerca que tenemos un pueblo tan interesante y aún no lo conocíamos. Mientras bajamos el puerto vamos pensando en lo afortunados que somos por no ir en dirección contraria.
Cruzamos Aguilar del rio Alhama, Cervera del rio Alhama, Los Baños de Fitero, en donde paramos a descansar un poco. Desde aquí tomamos la carretera que se dirige a Alfaro. Nada más dejar el pueblo nos topamos con una buena subida de unos dos kilómetros que provoca que el descanso que acabamos de hacer se nos olvide rápidamente.
Una vez superado este escollo, llaneamos por una carretera con enormes rectas entre preciosos frutales floridos. Así, llegamos por fin a Rincón de Soto, pueblo en el que nos estaban esperando Gabriel, Pili, Leyre y Jorge. Una vez más aprovechamos para dar las gracias a nuestros generosos anfitriones por habernos tratado a cuerpo de rey. Y a Toñi, por el riquísimo bizcocho que nos ha dado alas en las contínuas subidas de la segunda etapa. Es un lujo acabar la primera etapa de un largo viaje sinitiéndote como en casa. Lástima que se nos olvidó hacernos fotos con toda la familia. ¡Os mandamos un beso enorme!

Después de descansar estupendamente emprendemos el camino de la segunda etapa. El día ha amanecido con una espesa niebla pero a la hora de partir ya luce un brillante sol. Gabriel nos acompaña los primeros kilómetros y disfrutamos del paisaje del frutales floridos (las famosos perales de Rincón de Soto).

Pocos kilómetros después de cruzar el Ebro empezamos a subir pequeños tramos de terrazas con pendientes suaves pero constantes. Cruzamos Peralta, un bonito pueblo de la ribera del Arga. A los pocos kilómetros decidimos tomar una carretera secundaria con dirección a Artajona.

Gabriel nos había recomendado la carretera Nacional hasta Tafalla para evitar los sube-baja de las carreteras secundarias pero el tráfico nos daba un poco de respeto. Nos alegramos de haber elegido esta ruta cuando visitamos el precioso pueblo de Artajona, pero nos hemos acordado de la recomendación de Gabriel cuando, pasada esta hermosa villa, hemos empezado a subir un puerto que nos ha dejado para el arrastre, ¡y aún nos quedaban casi treinta kilómetros hasta Pamplona!.

Menos mal que el paisaje de esta zona está espectacular con el verde intenso de los trigos que contrasta con el intenso azul del cielo. Al llegar a Muruarte de Reta hemos decidido tomar la carretera Nacional. Teníamos que elegir entre circular junto a bastantes coches o volver a subir otro puerto que nos esperaba por la otra ruta. No ha sido nuestra cabeza quien ha elegido sino nuestras piernas.

Así, hemos llegado a Noáin. Allí nos ha costado acertar con la carretera de entrada a Pamplona ya que parecía que todas iban directas a alguna autovía. De hecho hemos tenido que saltar un vallado para no entrar directamente en una.
Al llegar a Pamplona nos hemos encontrado con una situación que ya sospechábamos: ¡es Sábado Santo!. Eso significa que son vacaciones y que todo el mundo busca hoteles. Nos han dicho que no recordaban una Semana Santa con tantas reservas. Prácticamente no quedaban alojamientos en toda la ciudad por debajo de los 200€. Por suerte, al final hemos encontrado una habitación bastante barata en un hotel muy acogedor que ya conocíamos de cuando hicimos la vía del Plazaola. Está en la carretera que tenemos que seguir mañana así que nos ha venido estupendamente.
Ahora vamos a intentar descansar las piernas después de las dos primeras etapas en las que hemos tenido una sucesión de cuestas considerables (al menos para dos ciclistas que nos están en sus mejor estado físico y que van cargados como si se fueran a ir dos meses de viaje).

Rumbo al Mediterráneo

Hoy comenzamos nuestro mayor reto hasta el momento. No es especial tanto por su dureza como por su duración. Otras veces hemos realizado rutas de dos o tres semanas. Para esta, si todo sale como esperamos, contamos con un par de meses. ¿El destino? El camino dirá. Nuestra idea es salir desde la puerta de casa rumbo a San Sebastián. Desde allí cruzar Francia de oeste a este hasta la costa del Mediterráneo. Una vez allí, seguir más o menos la línea de la Costa hasta encontrar la frontera italiana. Llegados a Italia, descender hacia el Sur camino de Roma, Nápoles… En fin, tampoco queremos aventurar demasiado puesto que uno sabe cuando sale pero nunca cuando ni donde va a llegar. El camino dirá y ya sabemos que las Itacas no son más que la excusa para emprender el camino.

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Etapa 1: Genève-Belley (100 kms)

Hoy estrenamos ruta. Nuestra intención es unir Genève (Ginebra) con el mar Mediterráneo (en principio hasta Sète, si nos da tiempo) a través del valle del Ródano.

Esquema aproximado de la ruta
Esquema aproximado de la ruta

Esta mañana hemos salido de Ginebra cerca de las 10h de la mañana. Llegamos allí ayer por la tarde, después de casi 24 horas de un viaje un tanto tortuoso gracias a varios autobuses y trenes y bastante tiempo de espera entre ellos.

Espera en la Estación de tren de Lyon
Espera en la Estación de tren de Lyon

Menos mal que hemos descansado de maravilla en el hotel de Ginebra. De esta ciudad apenas hemos visto gran cosa (yo ya la conocía) ya que teníamos prisa por empezar el camino, no teníamos francos suizos, y los precios de este país invitan a huir lo más rápidamente posible. Aquí no hay problema en pagar con euros, pero los precios, ya de por sí desproporcionados, se inflan aún más con la conversión que te hacen. A pesar de todo, hemos podido dar un pequeño paseo por el precioso lago Leman. La ruta comienza justo donde el lago vuelve a convertirse en río, el Rhône (Ródano).

Posando junto al lago Leman
Posando junto al lago Leman
Patriotismo suizo en el lago
Patriotismo suizo en el lago

El día ha empezado lluvioso y ha acabado muy lluvioso. Calor, no hemos pasado. Bueno, quizás un poco en alguna de las numerosas cuestas que nos ha tocado subir. Lo bueno del camino ha sido el paisaje. Todas las laderas de las montañas que flanquean el cauce del Ródano estaban envueltas en niebla, los pequeños pueblos que hemos ido atravesando han mostrado una armoniosa estampa de preciosas y cuidadas casas, y el paisaje nos ha deleitado con pintorescos cortados y cañones.

Una de las granjas del camino
Una de las granjas del camino
Vista del valle desde una colina
Vista del valle desde una colina
Fortaleza de control de un desfiladero
Fortaleza de control de un desfiladero
La niebla cubriendo la ladera de la montaña
La niebla cubriendo la ladera de la montaña

También hemos cruzado numerosas zonas de viñedo y muchas bodegas, pero no hemos llegado a degustar los caldos de la zona.

Uno de los muchos viñedos que hemos visto
Uno de los muchos viñedos que hemos visto

Después de 100 kms de inclemencias meteorológicas y bellos lugares hemos llegado a Belley, una pequeña ciudad o pueblo grande, en el cual hemos encontrado un Hotel llamado «Dulce Hogar». Para nosotros es, desde luego, un hogar en el que reponer fuerzas para la etapa de mañana en la cual, quizás, no haya tantas cuestas, pero, casi con toda seguridad, bastante lluvia. Ya os contaremos.

Desde Suiza con amor
Desde Suiza con amor

Etapa 2: Belley-Hières sur Amby (90kms)

Hemos comenzado la segunda etapa de esta ruta con la compañía de la lluvia, nuevamente. Después de desayunar en Belley, hemos vuelto al cauce del Ródano para continuar el itinerario. El camino continua paralelo al río, entre majestuosas paredes calcáreas, si bien poco a poco el valle se va abriendo y el cañón que forma el río se vuelve menos angosto. Nuevamente, las laderas de crestas calizas han aparecido rodeadas de niebla, creando un halo misterioso.

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Las crestas calizas cubiertas por la niebla

De vez en cuando pequeños pueblos salpican el horizonte, con casas hechas con mucho gusto y antiguas granjas muy bien conservadas.

Pequeño pueblo en el camino
Pequeño pueblo en el camino

Así hemos ido avanzando, entretenidos por el hermoso paisaje y con las posaderas doloridas aún, pues han no se han acostumbrado a la montura (cosa de un día más). A unos veinte kilómetros de la salida hemos tenido que circular por una carretera con bastante tráfico para atravesar un estrecho cañón. En la entrada del mismo, una fortaleza custodia el paso. Las vistas han sido espectaculares. El río baja con mucha fuerza, y el caudal roza el máximo algunos puntos.

Cañón formado por el río
Cañón formado por el río

Hemos tenido que cruzar el río varias veces de un lado a otro. En uno de los puentes, hemos perdido la señal de la ruta (algo raro ya que está estupendamente indicada casi siempre) y hemos buscado el camino por el interior de la campiña.

Puente sobre el Ródano
Puente sobre el Ródano

Han sido unos kilómetros un tanto duros por los continuos sube y baja de las colinas y por el viento en contra, a pesar de lo hermoso del paisaje. Tras unos cuantos kilómetros y un pinchazo, hemos conseguido volver a la ruta original en la margen derecha del río.

Reparando el pinchazo
Reparando el pinchazo

En este tramo hemos visto unos cuantos pueblos con majestuosos palacios y castillos que nos han recordado a los que se extienden a lo largo del Loira. También hemos pasado por una famosa cuevas que nos ha traído a la memoria el santuario de Covadonga.

La cueva con un pequeño santuario
La cueva con un pequeño santuario

Finalmente, hemos hecho meta en un pequeño y bello pueblo llamado Hières sur Amby. La única pega es que tras la bella estampa que forman la torre de la iglesia, las bonitas casas de piedra, el lavadero, las cuidadas calles…aparece una monstruosa central nuclear con cuatro enormes chimeneas. Pero estamos en Francia y aquí, este tipo de edificios, son bastante frecuentes (hay cerca de 60 en todo el país).

Llegando de Hières
Llegando de Hières

Mañana esperamos que la lluvia y el viento vayan remitiendo (aunque por lo visto hasta el miércoles algo nos tocará). Vamos a dormir para reponer fuerzas. Por si acaso.

Etapa 3: Hières sur Amby-Condrieu (100Kms)

Hoy acabamos la tercera etapa de este pequeño periplo. Por suerte, no hemos tenido lluvia y el viento, aunque ha soplado, lo ha hecho con menos frecuencia. Ahora escribimos desde Condrieu, un pequeño pueblo de la ribera del Ródano. El río, por aquí, baja bastante desbocado y asusta el ver la velocidad de su caudal.

Presa en el río desaguando
Presa en el río desaguando

Esta mañana hemos empezado a pedalear con algún que otro rayo de sol que ha realzado aún más la belleza del paisaje. Lástima las omnipresentes torres de la central nuclear.

¡Hemos visto el sol!
¡Hemos visto el sol!

Hemos pedaleado por varias carreteras secundarias, algunas con bastante tráfico, otras sin apenas coches. También nos ha tocado transitar algún camino de barro, para mancharnos las bicis y que parezca que venimos de un rally.

Uno de los caminos de la ruta
Uno de los caminos de la ruta

Hemos cruzado varios pequeños pueblos hasta acabar en una vía verde junto al Ródano que, tras pedalear cerca de veinte kilómetros, nos ha llevado directamente al corazón de Lyon. Antes de llegar a la ciudad hemos hecho una pequeña parada. Mientras comíamos unas manzanas, un francés muy simpático llamado Michel, se ha acercado y nos hemos puesto a conversar. El también es cicloturista y nos ha hablado de su último viaje por la Patagonia. También nos ha obsequiado con una bolsa de frutos secos que nos ha venido de perlas para el último tramo de la ruta. Michel, merci beaucoup pour tout et ¡à la prochaine!

Con Michel, antes de llegar a Lyon
Con Michel, antes de llegar a Lyon

No hemos disfrutado de Lyon todo lo que nos hubiera gustado pero al menos hemos tomado un aperitivo de su sabor.

Plaza del Ayuntamiento de Lyon
Plaza del Ayuntamiento de Lyon

Después de comer hemos salido por el sur. La verdad es que la salida de Lyon por esta parte es bastante fea y desagradable. En la página oficial de la ruta recomiendan coger un tren para evitarla pero nosotros queremos ver también este lado menos vistoso del camino. El sur de Lyon es conocido como el Valle de la Química por la cantidad de industria petroquímica que aquí se concentra. Además, el tráfico en estos kilómetros ha sido intenso, y eso siempre hace más difícil disfrutar del camino. Tras veinte kilómetros hemos tomado una carretera con menos coches en la margen derecha del río y finalmente un carril bici junto al río. Poco a poco, todas las laderas de la margen derecha del río se han cubierto de viñedos. No hay apenas un resquicio de terreno sin viñas y es impresionante los desniveles sobre los que están puestas. En algunas zonas salvan este impedimento con terrazas, pero la mayoría de las viñas están en pendiente. Este es el corazón de la denominación Côtes du Rhône, una de las más importantes de Francia.

Una de las laderas del Ródano cubierta de viñedos
Una de las laderas del Ródano cubierta de viñedos

Hemos pasado por la ciudad de Vienne, que cuenta con un teatro romano muy bien conservado en el que se hace uno de los Festivales de Jazz más importantes de Europa en julio.

Posando con Vienne al fondo
Posando con Vienne al fondo

Finalmente hemos llegado a Condrieu, después de 100kms de y con el cuerpo pidiendo tierra.

Vista del pueblo de Condrieu
Vista del pueblo de Condrieu

Etapa 4: Condrieu-Portes les Valence (93kms)

Seguimos nuestro camino junto al Ródano. Hoy nos ha llevado a la ciudad de Valence, donde, según dicen los franceses, comienza el sur: » la porte du Midi de la France». Así que podemos decir que mañana comenzaremos a pedalear por el sur. Esperamos que el tiempo se corresponda. Y no es por que hoy hayamos tenido queja: no ha llovido, la temperatura ha sido suave y el viento, bastante fuerte, ha soplado casi todo el camino a favor, lo que ha hecho que hayamos rodado bastante más rápido que otros días. La única pega ha sido que por la tarde el viento venía cada vez más fresco y en cuanto nos deteníamos un poco nos enfriábamos enseguida.

Atardecer en Condrieu
Atardecer en Condrieu

Hemos comenzado en Condrieu por la margen derecha del río. Hemos desayunado en una de las panaderías que nos enamoran. Creo que ya hemos hablado de esto antes pero volvemos a remarcar que no todos los croissants franceses merecen su fama. De hecho, la mayoría no valen mucho y no se diferencian de los que puedes encontrar en cualquier panadería de barrio española ya que están hechos con masas industriales congeladas. Pero nosotros estamos desarrollando una habilidad especial para detectar las panaderías de verdad (por la cuenta que nos trae) y esas sí que valen la pena. Cuando encontramos una realmente artesanal, normalmente en un pequeño pueblo, es cuando aprovechamos para deleitarnos con los pain au chocolat, los croissants y todo tipo de panes y ahí sí que hay diferencia…

Bueno, ya desayunados hemos seguido el camino ayudados por el viento del norte. En este tramo hay un gran contraste entre la margen izquierda, con bellos pueblos de carácter auténtico, laderas cubiertas de viñas y bancales, bosques de roble… y la margen derecha, con mucha industria pesada, refinerías, papeleras y otras plantas químicas.

Vista del pueblo de Andance
Vista del pueblo de Andance
Vista de la margen izquierda, con mucha industria pesada
Vista de la margen izquierda, con mucha industria pesada

Hemos pedaleado hasta el bello pueblo o ciudad pequeña de Tournon-sur-Rhône. Allí hemos comido y, por fin, hemos probado los caldos de la zona con un estupendo vino de Crozes Hermitage, una pequeña denominación de la zona restringida a los viñedos de un sector de la margen izquierda del Ródano, junto a Tournon. No nos hemos detenido en este último lugar todo lo que nos hubiera gustado pero en este viaje tenemos el tiempo un poco ajustado y preferimos continuar camino.

Degustando el vino de Crozes Hermitage
Degustando el vino de Crozes Hermitage

Hemos pasado a la margen izquierda y hemos continuado por ella hasta Valence. En cuanto hemos entrado en la ciudad hemos notado mucha vida por sus calles, y nos hemos perdido por rincones muy atractivos. Desde luego es una ciudad que valdría la pena degustar durante uno o dos días por los menos. Lo malo es que el viento del norte cada vez era más fresco y al parar nos hemos empezado a quedar un poco fríos.

Plaza de Valence
Plaza en Valence
Calle con Tiovivo en Valence
Calle con Tiovivo en Valence
Ayuntamiento de Valence
Ayuntamiento de Valence

Hemos decido buscar alojamiento y descansar para la etapa de mañana. Se van pasando los días y vemos que el objetivo final planteado, Sète, se va alejando. Acabamos de descubrir que la información que se muestra en el mapa de la página oficial es errónea y nos quedan más kilómetros de los que pensábamos. En todo caso, aunque tengamos que buscar un punto de llegada más cercano, ello no nos va a impedir disfrutar de lo que nos queda de camino.