Etapa 2: Girona – Pau-Vilajuïga (74 kms)

Después de disfrutar durante toda una semana de la maravillosa Girona y sus gentes hemos reemprendido el camino con nuevas energías. Para salir de la ciudad hemos cruzado todo el casco histórico y «hem fet un petó al cul de la lleona» para que nos ayude a volver en una próxima ocasión.

Tenemos que daros las gracias a todos los amigos que nos habéis acogido con tanto cariño. Gracias Leo, Joan, Sole y parroquianos… Esperamos volver pronto.

Hasta la próxima Joan, Leo, ¡Gràcies per tot!
Hasta la próxima Joan, Leo, ¡Gràcies per tot!

Desde Girona nos hemos dirigido a Celrá. De allí hemos continuado en dirección Este hasta Sant Joan de Mollet en donde nos hemos desviado hacia Flaçá. Aquí hemos tomado un camino de tierra junto al río Ter con un precioso paisaje de bosque mediterráneo de encinas y pinos con bastante barro por las recientes lluvias.

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Casa fortaleza junto al Ter antes de Flaçá

Hemos cruzado el Ter por la presa de Colomers y desde allí hemos cogido un camino de ribera hasta Jafré. Nuestras bicis se han ganado una buena limpieza. Finalmente hemos llegado a L´Escala, lugar en el que hemos parado para comer.

Camino de L´Escala con el Montgrí al fondo
Camino de L´Escala con el Montgrí al fondo

Como no podía ser de otra forma hemos dado buena cuenta de unas anchoas con «pà amb tomaquet». Tras disfrutar de la comida y de las vistas de la pequeña cala del pueblo, hemos reemprendido el camino hacia las ruinas de la mayor colonia griega conocida en la Península, Ampurias. A pesar de que el lugar nos entusiasma no hemos parado, seguros de que en un futuro haremos un viaje por la zona para disfrutar con más pausa y detalle de los encantos de esta bellísima tierra.

Hemos dejado atrás Sant Marti D’Empuries, un estupendo conjunto medieval, y nos hemos dirigido hacia Sant Pere Pescador, con la lluvia pisándonos los talones, tanto que cuando hemos llegado a este pueblo ya estábamos chorreando. Como parece que amainaba un poco nos hemos decidido a continuar en busca de Castelló d´Empuries. Desde aquí, como aún nos quedaban fuerzas y la lluvia respetaba hemos decidido avanzar hasta Vilajuïga pero finalmente hemos pecado de confiados y nos ha pillado un buen chaparrón.

A veces son los elementos los que toman las decisiones por nosotros así que hoy las nubes han querido que durmamos aquí.

 

 

Etapa 1: Barcelona – Girona (122 Kms)

Primera etapa de nuestra nueva aventura. Encontrarse con los buenos amigos de casualidad el día antes de partir en una ciudad como Barcelona tiene que ser una buena señal.

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¿Son casuales los encuentros?

A pesar de los kilómetros que marcamos tenemos que decir que, en realidad, han sido dos etapas en una. La primera desde Barcelona hasta el aeropuerto de Girona (106 kms) y la segunda desde aquí hasta casa de nuestro amigo Leandro (16 kms), en donde nos hemos quedado una semana disfrutando de las delicias de esta preciosa ciudad, del calor de los grandes amigos y resolviendo algunas cuestiones pendientes que queríamos cerrar antes de partir.

 

La primera parte de la ruta, desde Barcelona hasta Malgrat de mar, ha avanzado por la línea litoral a través de carriles bici, paseos marítimos y pequeñas carreteras locales sin apenas tráfico. Como el tiempo ha acompañado este tramo ha sido una delicia.

Una vez llegados a Malgrat nos hemos desviado hacia el interior para dirigirnos hacia la ciudad de Girona. Este segundo tramo ha sido bastante peor ya que hemos tenido que pedalear por la carretera nacional lo que ha hecho que no disfrutáramos tanto del trayecto. Finalmente, a unos quince kilómetros de Girona, hemos decidido dar por concluida la etapa. La temperatura ha empezado a bajar y el cansancio nos ha recordado que aún estamos un poco bajos de forma. De todas maneras ya llevábamos a nuestras espaldas más de 100 kms que como bautismo de viaje no está nada mal.

 

 

Prefacio Rumbo Este

Después de casi dos años de silencio volvemos a escribir en nuestro blog. Tras la enorme experiencia vivida con el Periplo Mediterráneo nos lanzamos, una vez más, al camino con dos nuevas compañeras de viaje.

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Una parte del camino ya la conocimos en el Periplo pero cada viaje es diferente, aunque atravesemos por los mismos lugares.

Es una sensación extraña esta de salir del círculo de la rutina para avanzar por la senda rectilínea del camino. Hemos de confesar que, a pesar de la ilusión que nos produce, el arranque de este viaje nos está costando un poco más que otras veces. Han sido varios los motivos pero lo importante es que ya estamos inmersos en la ruta con muchísimas ganas de avanzar y disfrutar de nuevas sendas que explorar. Intentaremos seguir escribiendo nuestras vivencias y pensamientos para compartirlas con vosotros y así también poder tener un recuerdo de los mismos.

Imágenes del Periplo Mediterráneo

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Etapa 53: San Vito lo Capo – Palermo (113 kms). Final del Periplo

Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar. Este viaje, que parecía tan largo, ha llegado a su final. Lo decimos con pena, sí, porque cada día sobre la bici ha sido un disfrute absoluto, pero también con la satisfacción de haberlo podido completar y de haberlo saboreado al máximo.
Hoy, como colofón, hemos hecho la etapa más larga de este viaje y hemos pasado de los 4000 kms.

Para llegar de San Vito a Palermo hay que dar una buena vuelta para rodear el monte Sparagio. Después, se vuelve a la costa y se llega al pueblo pesquero de Castellamare del Golfo.

A partir de ahí, el camino continua pegado a la costa hasta Sferracaballo, que se puede considerar prácticamente un barrio de Palermo. La entrada a la ciudad nos ha llevado un buen rato. Hemos atravesado un continuo de barrios periféricos que parecían no acabarse nunca. Hemos tenido que andar con ojo ya que los conductores palermitanos no se caracterizan por su gentileza.

Al final hemos acabado bastante cansados, así que apenas hemos callejeado un poco por las calles del barrio en el que nos encontramos, Castellmare, pero las primeras impresiones de la ciudad han sido muy positivas.
Queremos daros las gracias a todas y todos los que nos habéis acompañado en este viaje compartiendo nuestras vivencias a través del blog. Vuestros mensajes de ánimo siempre han sido bienvenidos.
También nos acordamos de todas las personas que nos hemos cruzado en el camino y que han compartido un trozo de sus vidas con nosotros.
¡Un abrazote fuerte a todos!
No sabemos si hemos llegado a Itaca, aunque sospechamos que tendremos que seguir en su búsqueda, sólo así tendremos la excusa para continuar. Va a ser difícil volver a contar con la posibilidad de hacer un periplo de estas características pero, cuando se viaja con la bici, no importan demasiado las distancias ni los lugares. Hacerlo es, de por sí, un disfrute al que os invitamos. Incluso, como decía nuestro amigo Giacomo de Nápoles, una forma de meditación. Así que esperamos que se os haya despertado el gusanillo y os animéis a ello. Os dejamos un montaje de recuerdo con una foto de cada una de las etapas (mejor poner en HD)

¡Nos vemos en el camino!

Etapa 52: Marsala – San Vito lo Capo (76 kms)

Preciosa etapa la de hoy. Como ya os imagináis, al final alquilamos la bicicleta en Marsala. Los chicos de Bike4fun nos han hecho un favor enorme permitiendo que dejemos la bicicleta en Palermo y evitándonos así el viaje de vuelta.

Esta mañana hemos dado un paseo por el centro de Marsala y hemos visto que los carteles de recompensa que pusimos seguían en su sitio. Como imaginábamos han tenido escaso éxito, pero por intentarlo que no quede. Nos hemos despedido de la familia que nos ha tenido alojados en su casa. Han sido muy amables con nosotros y han compensado el amargor de nuestra estancia en la ciudad.
Desde Marsala, hemos pedaleado rumbo norte, justo de donde hoy soplaba un fuerte aire, por la carretera de las salinas. La atmósfera estaba muy limpia y los colores tenían una viveza especial.

De vez en cuando nos topábamos con la elegante figura de los viejos molinos, usados para bombear el agua entre las charcas. Hemos pasado junto a las ruinas de la antigua Mothia, rico testimonio de la fuerte presencia fenicia en la isla.

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Entre salinas y viñedos hemos llegado a Trapani. Nos ha sorprendido muy gratamente, quizás porque en Marsala nos habían predispuesto negativamente a ella. La rivalidad Trapani – Marsala es antigua en la zona.
Trapani es el principal puerto de comunicación con las islas Égadas y con Túnez. También cuenta con un notable puerto pesquero. Su centro histórico se extiende a lo largo de una fina lengua de tierra rodeada de mar por ambos lados. La punta de esta lengua es el barrio de pescadores.

Allí hemos degustado un delicioso atún rojo. Este pescado es muy habitual en esta parte de la isla y aún hoy, perviven por la zona los restos de las viejas tonnaras, que serían nuestras almadrabas. A la pesca del atún rojo en la tonnara la llaman matanzza y la última vez que se celebró una fue en el 2007, en la isla de Favignana.
Después de comer, hemos dado una última vuelta por las calles del centro peatonal, entre iglesias barrocas y palacetes. Si Marsala fue el puerto de entrada de Garibaldi y sus camisas rojas a la isla, Trapani fue el de los aragoneses, varios siglos antes. Decididamente, vale  la pena conocer esta ciudad.
Hemos dejado Trapani al sur mientras seguíamos la línea de la costa hacia el norte. A nuestra derecha, al este, quedaba la figura del imponente monte Erice con su famoso pueblo medieval en la cumbre. Nos hubiera gustado verlo si no estuviera a setecientos metros sobre el nivel del mar.
Hemos atravesado pequeños puertos pesqueros y antiguas tonnaras, como la de Bonagia. Hoy en día ya no se usan pero aún se pueden ver las antiguas barcas y las anclas que usaban para la matanzza.

Para llegar a San Vito lo Capo hay que rodear un enorme peñón llamado Monte Cofano. Se puede hacer por la carretera o por un camino pedregoso junto al mar. Esta opción es más difícil, ya que es un tramo un poco complicado para nuestras bicis cargadas de equipaje, pero es mucho más pintoresca. Así que nos hemos decidido por ella. Nos ha costado hacer los cuatro o cinco kilómetros de camino, pero el esfuerzo ha valido la pena ya que el escenario que se divisa es, simplemente, espectacular. Avanzar era difícil, no sólo por las piedras, sino por la necesidad de mirar y fotografiar cada rincón del hermoso lugar.

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Todo el conjunto forma el Parque Natural del Monte Cofano. De hecho, para atravesarlo, hay que pagar una pequeña cuota de dos euros. Los escarpes que caen hacia el mar están llenos de pequeñas palmas (palmitos) y de una variada  muestra de vegetación mediterránea.

Todo está bastante verde ya que el peñón hace de barrera a la humedad del mar. A mitad del camino, hay una antigua torre de vigilancia construida por los españoles. Formaba parte de todo un sistema de control de la costa frente a las incursiones piratas.

El camino desemboca en una antigua tonnara de la que se conserva una hermosa torre. No hemos podido visitarla ya que estaban rodando un capítulo de una serie. Es una producción de la RAI sobre un comisario, pero no es nuestro querido Monatalbano, así que hemos pasado de largo.

Las bicis han acabado con algunas magulladuras que, amablemente, nos han reparado en San Vito lo Capo, en un taller de bicis – cafetería muy interesante.

Esta ciudad es uno de los puntos de atracción turística veraniega más frecuentados de la isla. Se nota por la cantidad de tiendas, restaurantes, heladerias… que llenan sus calles. Pero no es más que eso, un sitio de playa. Lo más interesante, desde luego, son sus alrededores, los espectaculares escarpes rocosos que la circundan. Pero creemos que en pleno agosto no se nos ocurriría poner nuestros pies por aquí.

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Nos quedaremos un par de días de descanso y disfrute, ahora que apenas hay gente, y después enfrentaremos, con tristeza, nuestra última etapa del periplo hasta Palermo. Nos gustaría que hubiera durado más pero todo tiene su fin y nuestro viaje se acerca a él. Desde luego, esta etapa podría ser un estupendo colofón.

Etapa 51: Sciacca – Marsala (75 kms)

Hoy hemos tenido una etapa un tanto especial, como ya os contaremos.
Esta mañana hemos salido temprano del hermoso lugar del que os hablábamos. El día se ha levantado con una temperatura mucho más suave que ayer gracias a una fina capa de nubes que amortiguaba la dureza del sol.
Hemos seguido pedaleando entre tierras de cultivo, donde cada vez abunda más el viñedo. Se nota que nos acercamos a Marsala, ciudad de renombre por sus caldos.

Hemos pasado cerca de las ruinas de Selinunte, una de las principales urbes de la Magna Grecia. No hemos entrado ya que nos hacía desviarnos de nuestra ruta y veníamos bien servidos de Agrigento, aunque nos consta que el lugar reviste mucho interés. Hemos llegado a ver, en la lejanía, uno de los templos que aún se mantiene en pie.

Hemos almorzado en una pequeña panadería de un pueblo agrícola llamado Campobello di Mazzara. Las pastas de masa de almendra, típicas de toda Sicila, nos han sabido deliciosas. Cuando encontramos una panadería de verdad, es un auténtico placer.
Cerca del mediodía hemos llegado a Mazzara del Vallo, una interesante ciudad portuaria. La cercanía con la costa tunecina se nota en todas partes, no sólo por la presencia de una fuerte colonia de magrebíes en la ciudad, sino en su propia base cultural. Por ejemplo, el plato típico del lugar es el cous-cous, que suelen hacer de pescado. El barrio histórico del centro se sigue llamando la kasbah y mantiene la estructura de callejuelas característica de las ciudades del norte de África, aunque con un aire menos pintoresco. Los dulces también son, en cierta forma, similares. Y hasta hemos escuchado el canto del muecín hacia el mediodía.

De Mazzara a Marsala es un paseo de unos veinte kilómetros que hemos hecho por pequeñas carreteras secundarias sin tráfico y rodeados de viñedos.

Cuando hemos llegado a Marsala serían las tres de la tarde. La ciudad estaba muy tranquila y hemos dado un pequeño paseo por el centro histórico. Nos hemos acercado a una heladería y hemos dejado las bicis en la puerta, puesto que pensábamos salir enseguida. Y ahora viene el por qué decíamos que ha sido una etapa especial.

En la heladería había una mesa y dos sillas y, como veníamos cansados, nos hemos sentado a tomar tranquilamente el helado y, ya de paso, degustar una copita de vino local. Cuando hemos acabado, hemos pagado y hemos salido. Nuestro disgusto ha sido mayúsculo al comprobar que una de las bicis, la de Mayte, no estaba. No las habíamos atado, aunque solemos hacerlo siempre, ya que pensábamos salir fuera con el helado y no sentarnos, como hemos hecho.
No había mucha gente por la calle. Hemos visto a unos voluntarios de la Cruz Roja y les hemos preguntado. Estos no han visto nada pero nos han ayudado. Han llamado a los carabinieri y se han dado unas cuantas vueltas por si veían algo. Hemos ido a la policía a poner una denuncia, con pocas esperanzas de que siriviera de algo, la verdad.
Al final, hemos alquilado una habitación en un B&B y nos hemos recogido a digerir el mal trago. Al cabo de un rato, nos han llamado de comisaría diciendo que habían encontrado las alforjas con la ropa pero de la bici nada de nada. Será difícil que aparezca. A los policías les molestaba especialmente que nos hubieran robado a unos turistas y se notaba que querían poner cartas en el asunto. Nos han hecho ir con ellos a un centro de acogida de inmigrantes a echar un vistazo por si veíamos nuestra bici. La escena ha sido dura, la verdad. Nos ha hecho asomarnos al trastero oscuro de nuestra sociedad, ese que parece que no queremos ver.
El centro en cuestión es un antiguo hospital en el que viven, en habitaciones repletas, más de trescientos subsaharianos. Había otras tantas bicicletas, por lo menos, ya que son prácticamente su única pertenencia y su único medio de transporte. Incluso en una de las galerías tienen montado una especie de taller donde un chico repara las bicis de los demás. Es un pequeño microcosmos. Cuando hemos entrado con los carabinieri, la mujer al frente del lugar se ha enfrentado a ellos diciendo que no se puede entrar así sin una orden ni nada. Yo pensaba que tenía razón, pero los carabinieri han hecho caso omiso y hemos empezado a mirar por todos los pasillos repletos de bicis, a ver si aparecía la nuestra. Yo pensaba que si alguno la había cogido no sería tan estúpido de dejarla a la vista. Mientras buscábamos, todos nos miraban con una cierta indiferencia, como acostumbrados a sentirse siempre bajo sospecha. A mi me resultaba muy dura la situación. Estos pobres chavales sí que tienen problemas. Lo de nuestra bici no lo es. Obviamente, no la hemos encontrado pero la policía ha demostrado que se preocupa por los turistas.
Gente de aquí nos ha dicho que, normalmente, los subsaharianos no roban. A veces, los toxicómanos roban bicis que les revenden a ellos por cuatro perras. En todo caso, haya sido quien haya sido, tiene que tener una vida dura para tener que sobrevivir malvendiendo bicis robadas. Y, aunque a nosotros nos ha hecho una buena puñeta, nos ha obligado a acercarnos a esa cruel realidad del Mediterráneo en la que apenas habíamos reparado en estas memorias. De todas esas personas que mueren cada día en este mar tratando de cruzarlo para llegar a esta orilla. De todas estas que malviven una vez llegados a ella, abandonados a su suerte salvo por algunos héroes y heroínas que cada día luchan por ellos. Y he pensado en la mujer que se ha enfrentado al policía diciéndole que esas no son formas de entrar en el albergue. En el fondo, estaba intentando defender la poca dignidad que les hemos dejado a estas personas. Y que te roben eso es bastante peor que una bicicleta.
Cuando volvíamos a la habitación, nos hemos cruzado con una limousina blanca larguísima que venía del puerto.
Y, aunque nuestro periplo estaba llegando a su final, no queremos acabarlo antes de tiempo. No podemos imaginar a Ulises rendido en la isla de Circe, o en la cueva de Polifemo. Itaca nos espera.

Así que, si después de los carteles de recompensa que hemos puesto por el centro no aparece, que no va a aparecer, alquilaremos una hasta Palermo y acabaremos el viaje donde pensábamos hacerlo. Ya os contaremos.

Etapa 50: Agrigento – Sciacca (77 kms)

Escribimos desde una casa rural cerca de Sciacca, con unas espectaculares vistas al mar y una huerta llena de rica fruta. Pero para llegar hasta aquí hemos tenido que sudar lo nuestro.

Ayer pasamos el día visitando la moderna Agrigento y el majestuoso Valle de los Templos. Nos ha gustado esta ciudad. Aunque a primera vista no asombra por su belleza, de sus rincones brota un aura que revela la cantidad de posos de historia que descansan entre sus piedras.

Un buen ejemplo de ello es la Iglesia de Santa María de los Griegos, del siglo V d.C pero construída sobre un templo griego del que aún quedan restos más que notables. Esto es Agrigento, y quizás toda Sicilia. Un sinfin de capas de historia superpuestas y entremezcladas formando un todo diferente.

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Hoy ha salido un sol de justicia y nada más empezar el camino ya nos goteaba el sudor. Nuestro termómetro ha alcanzado los treinta y cuatro grados hacia el medio día. No queremos imaginar lo que puede ser esto en pleno julio. Para compensar el calor, ha corrido una ligera brisa de levante que, según ha ido pasando el día, se ha ido haciendo más fuerte, ayudándonos bastante al final de la etapa.
Tras ver por última vez el insólito perfil del valle de los templos, hemos encarado el camino hacia Porto Empédocle. Esta ciudad portuaria debe su nombre al filósofo nacido en la vecina Akragas (Agrigento). Ya desde entonces, Agrigento es tierra fértil para la literatura. De aquí era, aparte del citado filósofo, Luigi Pirandello, premio Nobel de literatura en 1934. También de esta provincia, de Racalmuto, era Leonardo Sciascia, otro de los referentes de la literatura italiana y universal. Y de Porto Empédocle es Andrea Camilleri, del que os hablamos el otro día cuando le vimos en Ragusa. En las ficciones de éste último, su ciudad natal aparece con el nombre de Vigata. La vecina Agrigento aparece como Montelusa. Realmonte, por donde también hemos pasado, como Muntiriali y Sciacca, en la que nos encontramos hoy, como Fiacca. O sea que, si el otro día conocíamos la geografía cinematográfica de Montalbano, hoy hemos atravesado la literaria.

Por lo demás, Porto Empédocle es una ciudad que conserva muy poco de su pasado pesquero y exhibe mucho, quizás demasiado, de la arquitectura utilitaria de los años sesenta y setenta. Al menos en lo poco que nos ha dado tiempo a ver. Nos recuerda, en parte, a Licata, que atravesamos en la etapa anterior.
Hemos continuado junto a la costa y cerca de Realmonte, nos hemos topado con uno de los rincones más pintorescos y conocidos de la costa sur siciliana, la Escala dei Turchi.

Es una formación natural de margas blancas que forman una serie de peldaños que caen al mar. Este tipo de material abunda por toda la zona. El blanco radiante de la piedra y el azul intenso del mar forman un bello contraste. En verano es un lugar muy frecuentado pero en esta época no se ve a demasiada gente.

Desde aquí, hemos avanzado por carreteras secundarias sin apenas tráfico y algunos tramos de la SS115. Hacia el mediodía el sol atacaba con ganas y todo tomaba un aspecto duro y desolado.

Hemos pensado que, incluso hoy en día, deben de ser tierras difíciles de habitar. No es de extrañar que hayan hecho emigrar a muchos de sus paisanos. Sin embargo, vemos por las calles de los pueblos a jóvenes con rasgos sudaneses, quizás mauritanos… Suponemos que para ellos esto es mejor que el lugar de donde vienen. La rueda de la emigración es un mecanismo imparable, en estas tierras lo saben muy bien.
La mayoría del terreno cultivable está plantado de viñas, olivos, cereal y, en las partes más bajas, cítricos.

Los nombres de los pueblos que atravesamos nos resultan, en cierta forma, familiares. En toda esta región la presencia árabe fue notable durante la Edad Media. Después, la influencia española dejó también su poso. Es normal que la toponimía tenga similitudes con la nuestra. Abundan los prefijos Calat- o Calta- (Caltabellota, Caltanissetta, Calatabiano, Calamonaci..). Incluso vimos un pueblo llamado Arizza.
Hemos llegado a Sciacca a la hora de comer, con más sed que hambre. Nos ha costado un buen rato quitarnos el calor que llevábamos acumulado pero un buen gelatto italiano siempre ayuda.

Sciacca es un destino turístico conocido desde antiguo por tener unas de las más importantes termas de la isla. Además cuenta con un bello puerto y unos cuantos edificios de interés. Entre ellos destaca el castillo del Conde Luna, otro de los testimonios de la presencia española aquí.
Hemos dejado Sciacca y a unos diez kilómetros, hemos alquilado, por un precio estupendo, la hermosa casa de la que os hablábamos al principio.
Mañana nos dará pereza irnos pero hoy vamos a disfrutar de las fabulosas vistas y de la sabrosa fruta.

Etapa 49: Gela – Agrigento (80 kms)

Hoy esperábamos volver a subir al ring para habérnoslas con Céfiro, pero al final no hemos tenido mucho combate. Sí que hemos tenido el viento de cara, pero con una intensidad mucho más moderada que ayer.
Hemos salido de Gela por la carretera principal, la SS115. Como ya dijimos, hay una ruta de bicicleta que une Siracusa con Trapani. La ruta aparece indicada como SIBIT, y generalmente está muy bien marcada, pero cuando se pierde la pista de los letreros nos cuesta reencontrarla. Unos kilómetros más tarde lo hemos conseguido.
La carretera principal no es muy cómoda de transitar. No tiene mucho arcén y lo poco que hay está cubierto de vegetación, generalmente cactus, chumberas o plantas espinosas, que nos acarician de vez en cuando.

El paisaje es bastante árido y muy similar a algunas zonas de España. Nos vuelve a recordar al valle del Ebro. De tanto en tanto aparece el perfil de un pueblo colgado en lo alto de un escarpe, como Butera.

Un poco más tarde un castillo medieval, el caso de Falconara, del siglo XIV.

También hemos visto unas cuantas construcciones de la II Guerra Mundial ya que esta zona se blindó ante un posible desembarco.
Hemos hecho una primera parada en Licata, una pequeña ciudad portuaria. El núcleo urbano se extiende a lo largo de las laderas de una colina hasta el mar. Junto al puerto está el barrio de pescadores, que aún conserva un cierto sabor auténtico. Por lo demás, la ciudad no llama especialmente la atención ya que los anodinos bloques de edificios de los años sesenta y setenta se han aporerado de la mayor parte del espacio urbano.

Hemos continuado el pedaleo alternando entre la SS115 y los caminos señalizados de la SIBIT.

Hemos parado a comer en Palma de Montechiaro. La ciudad queda encaramada en un alto promontorio y su aspecto no nos seduce especialmente, pero exhibe con orgullo el ser uno de los escenarios donde Giuseppe Tomasi di Lampedusa ambientó la novela El Gatopardo.

Continuamos nuestro camino entre campos de cereal, de vid y de olivos, los tres exponentes principales de la agricultura mediterránea.

Después de subir varias colinas, hemos empezado a ver en la lejanía la figura de Agrigento. Como casi todas las ciudades y pueblos de Sicilia, se encuentra encaramada en lo alto de una sierrezuela. Suponemos que es la consecuencia de haber sido un territorio en el que la gente que llegaba desde el mar no siempre traía buenas intenciones.

Nos hemos quedado en la parte costera del municipio de Agrigento, en un acogedor camping junto al famoso Valle de los Templos. Mañana visitaremos este conjunto arqueológico que conserva restos de varios de los muchos templos griegos que albergó la antigua Akragante. También aprovecharemos para pasear por el corazón de la moderna Agrigento. La temperatura es deliciosa y el turismo aún es escaso, así que podremos disfrutar cómodamente de los encantos del lugar.