Etapa 23: Génova – Chiavari (73 kms)

Esta mañana hemos aprovechado para hacer unos apaños en las bicis, que ya lo iban necesitando. Hemos recurrido a Marco, un mecánico que regenta un taller no muy lejos del camping en el que estábamos. Nos ha dejado las bicis estupendamente y listas para reemprender el camino después de la etapa de descanso (bueno, más que descanso hemos cambiado las bicis por las piernas puesto que ayer nos dimos un buen paseo por todo el centro de Génova, según dicen el casco histórico más grande de Europa).

El rato de taller ha hecho que saliésemos más tarde de lo acostumbrado. Cruzar Génova no ha sido fácil, especialmente en la zona industrial del puerto, ya que no es una ciudad pensada para la bici.

Poco a poco hemos ido atravesando Génova, aunque para ello hemos tenido que pedalear más de treinta kilómetros. El área metropolitana de la ciudad se extiende por la costa, ya que hacia el interior está la montaña, lo que hace que tenga una longitud considerable. No obstante, el extrarradio de esta metrópoli nos ha deparado agradables sorpresas como la bella estampa de Bocadesse, un pequeño pueblo pesquero no muy lejano del centro de la ciudad.

Una vez más, el camino de hoy ha sido una delicia. Hemos pedaleado todo el día junto al mar con unas vistas espectaculares. Esta parte de la costa es realmente recomendable, tanto por la belleza de los paisajes como por lo atractivo de los pueblos que se van atravesando. También nos dejan boquiabiertos las bellas mansiones diseminadas por las laderas (las villas) muchas de las cuales están hechas con tan buen gusto como afán de ostentación.

Estos días no os hemos hablado de los olores. Os podemos hacer cómplices de nuestro viaje con las fotografías, que os muestran la belleza de algunos de los rincones del mundo que atravesamos, pero no podemos hacer lo mismo con el olfato y es una lástima porque es un placer inenarrable estar acompañado durante todo el camino de exquisitos aromas como el azahar, de los muchos naranjos que adornan los jardines de las villas, o de las lilas, que también abundan.

Hoy esperábamos hacer una etapa corta y tranquila para preparar la de mañana pero al final hemos acabado bastante cansados ya que nos ha tocado subir un par de cotas nada desdeñables. Nos lo tomaremos como un aperitivo para el puerto del Bracco (bueno, más que un aperitivo casí un “café torero” en toda regla).

En esta zona de Liguria es casi imposible escaparse de las cuestas, qué se le va a hacer, aunque su belleza, como hemos dicho otras veces, lo compensa con creces. Como anticipaba, la etapa prevista para mañana nos tiene un poco inquietos. Desde hace unos cuantos días el Passo del Bracco ocupa el altar de nuestra bestiario particular del viaje. Es un puerto, de unos quince kilómetros, en donde la carretera asciende hacia el interior para salvar los inaccesibles escarpes de la costa. No es tanto su dureza en las rampas lo que nos preocupa como su longitud. Bueno, confiamos en que la preparación de estas etapas previas nos haya dejado listos para el ascenso. Mañana os contaremos.

Justo en esta zona tan abrupta de la costa (costa llamada de los poetas por haber sido hogar de unos cuantos autores reconocidos como Lord Byron) se encuentra la comarca de las Cinque Terre, un lugar famoso por su carácter singular y pintoresco. Cuando lleguemos a La Spezia (pues esperamos llegar) seguramente aprovechemos para conocer estos lugares tan especiales.

¡Feliz Día Mundial de la Bicicleta!

Génova

Etapa 22: Ceriale – Génova (84 kms)

Hoy hemos acabado bastante cansados. Durante todo el día ha soplado un viento de Levante que ha ido in crescendo a lo largo de la tarde. Además de esto, hemos tenido varias cuestas que han acabado de rematarnos.
El camino de hoy continua el trazado de la vía romana Julia Augusta, siempre junto a la costa. La Liguria es una region escarpada en la que la tierra se precipita abruptamente sobre el mar. Las comunicaciones aquí no han debido de ser fáciles nunca, pero si había un lugar más practicable, ese era la costa.
Hemos atravesado algunos pueblos interesantes pero ninguno tanto como los que nos encontramos ayer. Uno de los que hemos visitado ha sido Noli, junto al cabo de mismo nombre. Su pequeño centro histórico está recluído en un conjunto de murallas que trepan hasta lo alto de un promontorio rocoso. Hemos recorrido sus callejuelas y nos han seducido sus soportales junto a la playa. Este lugar fue un importante puerto durante la edad media y su esencia marinera rezuma por los cuatro costados.

Hemos comido un poco más adelante, en un pueblo llamado Spottorno que nos recuerda al apellido del hijo de Ortega y Gasset. Allí hemos probado el famoso pesto de la región que no nos ha defraudado.
Con la energía de la comida hemos salido con ánimo para hacer frente al viento que crecía por momentos. Por el camino nos hemos encontrado a varios grupos de cicloturistas. Primero a un grupo, en dirección contraria, viajando con varios niños en las bicis. Cuando vemos a los padres viajando con los hijos a cuestas nos parecen unos auténticos valientes. Después con un hombre francés junto a tres chavales de Corea del Sur. No hacían el mismo viaje pero estaban compartiendo varias etapas. Los Coreanos iban a Venecia y el francés, que viaja en una bicicleta reclinada, hacia Roma y Nápoles, como nosotros. Es probable que nos volvamos a encontrar.
Un poco después hemos pasado por Savona, la principal ciudad de la zona. Tiene un puerto bastate grande y algo de industria pesado en los alrededores, cuya razón de ser es su situación como salida natural al mar de las zonas industriales del Piamonte y Lombardía (Turín especialmente). Todo ello hace que la entrada en ella no sea demasiado amable. Sin embargo, el interior del casco antiguo guarda algunos rincones con bastante encanto, como una especie de pasaje comercial de época o algunos soportales de aire majestuoso, y algún secreto para nosotros pues, por lo visto, fue la ciudad natal de Colón. Cuenta, además, con un pasado histórico importante.
Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo pero, como el viento arreciaba, queríamos continuar el camino lo antes posible ya que íbamos a avanzar lentamente.

Hemos parado a tomar algo en Varazze, un agradable pueblo turístico de la costa. Después de dejarlo, hemos emprendido una de las subidas que la carretera traza para salvar los lugares más escarpados de la costa. Cuando ya estábamos casi en la cumbre del repecho, hemos visto con resignación como, junto a la costa, la gente paseaba alegremente por un excelente carril bici. ¡Nos hubiéramos ahorrado los sudores de la subida! Si hay que subir, se sube, pero lo de hacerlo teniendo una alternativa más fácil y sin coches…

En fin y por si fuera poco, unos kilómetros después un corte en la carretera, debido a un derrumbe en uno de los túneles, nos ha obligado a tomar un desvío por una carretera y parte de camino con unos desniveles de hasta el 20%. Hemos subido como campeones pero nos ha acabado de rematar.
Al final hemos llegado al destino, un camping en el extrarradio de Génova. Como no podía ser de otra forma, el camping está en lo alto de una ladera. Total, una más. Mañana haremos etapa de descanso para poder conocer la capital de la Liguria.

Etapa 21: San Remo – Ceriale (70 kms)

Volare ho ho, cantare ho ho hoo, nel blu dipinto di blu, felice di stare lasu… Pues así llevamos todo el día después de pasar por el Teatro Ariston, en el que se celebra el Festival de la Canción de San Remo. En su primeros años el Festival se celebraba en el Casino, pero desde los años 70 se trasladó a este teatro. La calle que une ambos lugares, el Corso Giacomo Matteotti, tiene placas conmemorativas de todas las canciones que han ganado el Festival.

Por lo demás, San Remo, como las demás ciudades de la zona, tiene un encanto especial. Su parte antigua está asentada sobre un promontorio. Por su estructura de casas abigarradas, es conocida como la piña.
Mientras paseábamos por la ciudad se ha puesto a llover. Nos hemos cobiajado en un pequeño local que sirve focaccias ligures, una auténtica delicia. Después de esto, hemos tenido un día soleado aunque un poco más fresco. En todo caso, ideal para la bici.
Estos días nos está costando avanzar, no sólo por las cuestas, que las hay, sino especialmente por la belleza de los sitios que atravesamos. Nos gustaría parar en todos y cada uno de los pueblos que cruzamos, pasear sus calles, sentarnos en una terraza a tomar algo, comer sus deliciosos platos tradicionales… pero entonces haríamos un viaje mucho más corto y acabaríamos arruinados, mucho más gordos o ambas cosas. Así que tenemos que buscar un término medio entre conocer los lugares con cierto detalle y avanzar en la ruta. Por regla general, solemos parar en los enclaves que más nos seducen desde su entrada, salvo que estén en un lugar demasiado alto, en cuyo caso nos tiene que seducir mucho más. Uno de los primeros pueblos que hemos visitado, y al que hemos subido, es Imperia. En realidad, el municipio de Imperia lo forman dos pueblos separadaos por el río Impero (de ahí su nombre). El primero de ellos, Porto Maurizio, es en el que hemos parado. Como es habitual en la zona, está enclavado en un alto y sus casas distribuídas por las laderas. El segundo es Oneglia, con una topografía más llana. Como curiosidad para los colegas músicos y musicólogos, Oneglia es el lugar de nacimiento de Luciano Berio.

Hemos ido cruzando muchos otros pueblos con mucho atractivo, pero el listón en esta zona está muy alto. El siguiente lugar que nos ha deslumbrado ha sido Cervo, pueblecito hermanado con uno homónimo de Asturias (lo pone en un cartel a la entrada del pueblo). Ya en la lejanía, Cervo llama la atención por su carácter. Su conjunto de casas asciende las empinadas laderas de un afilado alcor. En lo alto, destaca la ostentosa figura de la iglesia barroca de San Giovanni Battista, una de las más importantes de Liguria y también conocida por Il Coralino, ya que se financió gracias al comercio del coral.

Por toda la ruta abundan los invernaderos. Una de las principales actividades económicas de la región, junto con el turismo, es el cultivo de todo tipo de flores y las plantas ornamentales.

Hemos parado a descansar en otro pequeño pueblo, Laigueglia. Está muy volcado al turismo y, sin ser tan espectacular como otros que hemos visto, si que guarda en su interior un conjunto de atractivas calles y callejuelas con los característicos arcos entre casas, que abundan en la arquitectura de la zona.

Finalmente, hemos llegado a Albenga, un lugar que nos ha fascinado. El núcleo antiguo es un entramado de calles y callejuelas, casi un laberinto, salpicado de edificios imponentes y con un aura de historia por todos sus rincones. Alberga fué la capital de los ligues y posteriormente, un lugar importante en el trazado de la calzada Julia Augusta, que seguía la costa, más o menos por el mismo camino que estamos haciendo nosotros. El trazado de la ciudad sigue fiel al diseño romano y se conservan gran parte de sus murallas originales, así como varios torreones medievales.

Después de la visita hemos continuado varios kilómetros hasta la vecina Ceriale. Nos hemos alojado en un acogedor camping rodeado de invernaderos y plantaciones de flores. Mañana seguiremos recorriendo la Vía Julia Augusta en dirección a Génova, disfrutando de los muchos encantos que nos está revelando la Liguria italiana.

Etapa 20: Niza – San Remo (60 kms)

Hoy estrenamos país en la ruta. A partir de ahora y durante bastantes días más, tenemos la intención de recorrer Italia de Norte a Sur. Es la primera vez que pedaleamos en este país así que tenemos bastantes ganas de descubrirlo. Nos despedimos de Francia con la bella ciudad de Menton pero Italia nos recibe con otro hermoso lugar, Ventimiglia. De hecho, las fronteras actuales son artificios que no borran las huellas de un pasado común en ambos lados de la línea divisoria.

Hoy, también hemos disfrutado mucho con la etapa. Desde Niza a Menton hay tres rutas alternativas que llaman las carreteras de las “corniches” o «tres corniches» (cornisas o acantilados). Nosotros, obviamente, hemos ido por la baja, la que va pegada al mar, para evitar tener que subir mucho desnivel. La “corniche media” va un poco más alta y por encima de esta se encuentra la “corniche superior”. Estas dos últimas tienen unas vistas más ámplias sobre el mar, pero la inferior te permite atravesar los pueblos costeros y las vistas son espectaculares también. La carretera superior es por la que circulan Cary Grant y Grace Kelly en “Atrapa a un ladrón”. En esa escena se ve la estampa de Mónaco, país del que Grace Kelly sería reina unos años después.

Hemos entrado en Mónaco casi sin darnos cuenta. Niza y el Principado están realmente cerca y no hemos visto ningún indicativo que anunciase que llegábamos a él. Lo que sí que hemos notado ha sido la gran cantidad de coches de lujo con los que nos cruzábamos. Suponemos que aquí será algo cotidiano pero, además, había carteles de un evento que anunciaba una especie de feria de relojes, yates y coches de alta gama… vamos, lo normal. No entendemos mucho de coches deportivos pero cada dos por tres nos pasaba uno de esos modelos que van pegados al suelo y hacen más ruído que las motos de los chavales de pueblo.

Hemos comido en un puesto de pasta fresca de un agradable mercado del centro de la ciudad. Se nota la cercanía de Italia. Después de comer, hemos subido a la parte antigua de Mónaco, donde se encuentra el palacio de los Grimaldi. Esta familia lleva más de 700 años de reinado en este lugar. De hecho, no han cambiado de palacio en este tiempo, entre otras cosas porque terreno, a diferencia de dinero, aquí no sobra.

Después del agradable paseo hemos continuado camino. Hemos cruzado Montecarlo y justo se estaba disputando la semifinal del Master de tenis en el que jugaba Nadal. Hasta hemos podido ver un trocito de pista desde la carretera y escuchar al público que, dicho sea de paso, animaba a Nadal mucho más que a Murray.

Después de un par de juegos hemos continuado. Según nos alejábamos, Mónaco se veía en el horizonte como un conjunto abigarrado de edificios colonizando la ladera de los escarpes calizos. Es un país en pugna con el terreno.

Tras Mónaco, hemos llegado a Menton. Esta es una hermosa ciudad cuya parte antigua se eleva sobre un promontorio junto al mar. El conjunto del pueblo forma una estampa preciosa a base de fachadas de colores superpuestas unas sobre otras.

Menton es el último pueblo de Francia así que nada más salir de él entrábamos en Italia. Como decíamos antes, los pueblos de una lado y otro de la frontera tienen bastante en común. De hecho, Ventimiglia presenta una estampa similar a la de Menton. Casas de colores repartidas sobre la ladera de una colina. En este pueblo ya habíamos estado alguna vez cuando que el tren se detuvo aquí, así que hemos continuado camino. Hemos llegado a San Remo, lugar que todos identificamos con su Festival de la canción. De momento no hemos visitado el pueblo porque teníamos ganas de descansar pero mañana lo haremos. Hoy dormiremos en un «curioso» camping en el que hemos tenido que montar la tienda sobre baldosas de cemento. Es la primera vez que nos ocurre, a ver cómo nos apañamos.

Etapa 19: Agay – Niza (70 kms)

Hay varias palabras que podrían resumir la etapa de hoy: disfrute, gozo… Y es que, en realidad, el recorrido por esta parte de la Riviera francesa es un auténtico placer. Durante todo el camino hemos seguido la carretera que discurre junto a la costa, con el mar siempre a nuestra derecha. El primer tramo hasta Cannes es, quizás, la parte más pintoresca. El macizo del Esterel se eleva prácticamente desde la línea del mar produciendo escarpadas laderas de un tono rojizo. La carreteza zigzaguea siguiendo la caprichosa orografía, que en esta parte de la ruta crea numerosas calas y lo que aquí llaman “calanques«, unas abruptas hendiduras que el mar provoca en la roca. Mientras avanzábamos hemos empezado a vislumbrar, en la lejanía, el perfil nevado de las primeras estribaciones alpinas lo cual crea un impactante efecto. El azul intenso del mar frente a la nieve de la montaña.

Esta carretera es muy frecuentada por ciclistas aficionados que suelen ir en grupo. Los coches, aunque abundan, avanzan con sumo respeto y cuidado. A media mañana estábamos en las calles de Cannes. Falta algo menos de un mes para su famoso festival pero la alfombra roja ya está puesta y llena de espontáneos jugando a ser famosos. No íbamos a ser menos.

Tras dar un pequeño paseo por el centro de la ciudad y almorzar en un agradable mercado, hemos continuado nuestra ruta junto al mar en dirección a Niza. A partir de Cannes el perfil de la costa se suaviza y da lugar a largas playas de aguas azul turquesa. Hemos hecho un alto en el camino en Antibes. El centro del pueblo conserva algo de la esencia de lo que debió ser en los días en los que Picasso trabajo aquí, pero hoy está sembrado de todo tipo de tiendas destinadas al turismo y rodeado de lujosos yates por todas partes.

Finalmente, hemos llegado a Niza hacia las cuatro de la tarde entrando por el fastuso Paseo de los Ingleses. Toda la parte moderna de la ciudad presenta ese aspecto, un tanto señorial, que caracteriza a las ciudades de veraneo de las clases adineradas. Pero el barrio antiguo delata su esencia mediterránea y su antiguo pasado italiano. Calles estrechas y sinuosas jalonadas de coloridos edificios. Eso si, todo repleto de turistas y diseñado para ellos. No queremos ni imaginarnos lo que puede llegar a ser esto en verano.

Etapa 18: Brignoles – Agay (Saint Raphael) (82 kms)

Hoy nos hemos reencontrado con el Mediterráneo. Finalmente, ayer optamos por continuar por la carretera DN7 hasta Fréjus. Nos hemos ahorrado unos cuantos kilómetros pero no creemos que haya sido la mejor opción. Esta ruta tiene bastante tráfico aunque, por suerte, el tramo de hoy está todo prácticamente desdoblado lo que hace que los adelantamientos de los coches sean más tranquilos. Lo malo de ir por carretera es que estás tan pendiente de los coches que te pierdes el paisaje. Así que si volvieramos a Brignoles, intentaríamos bajar a la costa lo antes posible.

En fin, el caso es que ya estamos junto al mar. La carretera que serpentea paralela a la costa es una delicia. También hay algún que otro coche pero circulan a poca velocidad. Y los paisajes lo compensan todo. Da igual hacer kilómetros de más o que haya alguna que otra cuesta. Uno mira hacia el sur y se olvida de todo eso. Estamos en la Costa Azul, la Riviera francesa, un icono de lo que algunos llaman glamour y otros simplemente pijerío. Es cierto que esta zona puede ser algo más cara que otros lugares de Francia. Nosotros lo hemos notado, por ejemplo, en el camping. Pero tampoco es algo privativo. Supongo que los lugares a los que va la jet set serán algo menos económicos pero, de momento, a nosotros no nos ha dado por ir al casino.

Hemos cruzado Fréjus, un bonito pueblo con un anfiteatro romano reconvertido en plaza de toros al estilo de Nimes o Arles. Hemos dado una vuelta por el pueblo y nos hemos sentado a tomar un refresco frente a la catedral de San Leoncio de Fréjus. Esta población fue tristemente famosa por el derrumbe, en 1959, de una presa situada a unos siete kilómetros al norte que provocó varios cientos de víctimas mortales.

Desde allí hemos ido a la ciudad colindante, Saint Raphael. Este es uno de los lugares emblemáticos de la Costa Azul, junto con otros como el cercano Saint Tropez o Cannes. Hemos atravesado su centro histórico y hemos enfilado la carretera de la costa en dirección a Cannes, atravesando el cabo de Esterel, que atesora atractivas playas y calas. Hemos hecho un alto en el camino para ver más de cerca la hermosa Isla de Oro, pequeña porción de tierra coronada por una elegante torre con cierto aire de tótem. Justo allí se produjo parte del desembarco de la Provenza, algo menos famoso que el de Normandía, pero también determintate para la victoria de los alíados en la II Guerra Mudial. Hay varios monumentos que lo conmemoran.

Un poco más adelante hay una bahía conocida como Agay, aunque pertenece al término de Sant Raphael. Hemos decidido hacer noche aquí, en un acogedor camping justo a pie de mar. Hoy dormiremos con banda sonora de oleaje mediterráneo.

Etapa 17: Aix en Provence – Brignoles (64 kms)

Esta mañana hemos salido remoloneando de Aix en Provence. Una vez más, nos daba pena dejar un lugar en el que hemos estado muy bien. Ayer nos despedimos de Charlélie, con el que da gusto estar y conversar, con la esperanza de poder verle pronto de nuevo. También pensábamos que nos gustaría volver por aquí con más tiempo y conocer todos los alrededores de la ciudad. Tampoco hemos visto el estudio de Paul Cezanne, aunque sí algunos de sus escenarios favoritos como el Mont Sainte Victorie.

Hoy a vuelto a salir un día estupendo y el viento se ha suavizado mucho así que no podemos quejarnos del tiempo. Por contra, la carretera por la que hemos pedaleado casi todo el día, la DN7, está más transitada de lo que nos gustaría. Pero barajar otras opciones por esta zona supondría dar mucho rodeo y enfrentarnos a carreteras con muchos más desniveles. Así que, seguiremos un poco más por esta ruta hasta llegar a Saint Raphael, ya junto al mar. Desde allí, seguiremos la línea de la costa hasta la frontera italiana. Ya tenemos ganas de avanzar con la compañía del mar.
Por el camino, viendo tanto viñedo, nos han entrado ganas de probar los caldos de la zona así que hemos decidido parar en un local que anunciaba la venta de productos locales. El dependiente nos ha atendido muy amablemente. Le hemos intentado explicar, en nuestro pobre francés, que buscábamos un vino de la tierra, algo sencillo para la comida de hoy. Nos ha dicho que el tenía una bodega cerca y hacía vino tinto y rosado, por si nos interesaba. Mientras hablábamos, se ha dado cuenta de que éramos españoles (él pensaba que éramos italianos). Resulta que él es de origen colombiano así que he dejado de sudar en francés. A partir de ahí hemos podido hablar mucho más tranquilamente. Nos ha dado a probar varios de los vinos que elabora, todos realmente ricos. Nos ha enseñado el local y hemos hablado de todo un poco. Alejandro, que así se llama, incluso nos ha invitado a comer en su casa. Se nota que lo decía de todo corazón y desde aquí, si lee esto, queremos volver a agradecerle, de todo corazón también, su extraordinaria amabilidad y gentileza. Lo cierto es que hoy, como decíamos, hemos hecho el remolón y queríamos avanzar un poco más antes de la comida así que hemos declinado la tentadora oferta, no sin pena. Cuando uno se encuentra con gente como Alejandro se siente más arropado en el camino.

Hemos llegado a Brignoles bastante pronto ya que el viento se ha puesto a soplar a favor y la última parte del camino ha sido de bajada (por todo lo que llevábamos subido, claro). Nuestra idea era haber continuado un poco más pero nos han entrado dudas de si seguir por la carretera que traíamos o desviarnos hacia la costa. Al final, hemos decidido hace noche aquí y consultarlo con la almohada.