Etapa 29: Novalja – Zadar (77 km)

Hoy hemos recorrido la isla de Pag de norte a sur para pasar de nuevo, a través del puente de Paski Most, a tierra continental. Hacia las diez de la mañana hemos dejado Novalja (también llamado Novalis). Es un gran centro turístico famoso por su fiesta. Parece ser cierto porque anoche en el camping hubo verbena hasta bien tarde. Por suerte, el cansancio nos hace dormir profundamente y no nos enteramos demasiado. Disculpándose por el jaleo, el personal del camping no nos ha cobrado la noche, así que todos contentos.

Hemos salido por la carretera central que cruza la isla. A pesar de que es una vía sin demasiado tráfico, habíamos visto en el mapa que existe un camino paralelo para llegar a la ciudad de Pag así que hemos preferido esta opción. Desde luego ha sido un acierto porque el camino es de tierra pero el firme está bastante bien y el paisaje ha sido espectacular.

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Vista de la laguna de Pag

La isla tiene un entrante de mar por su parte oriental que forma una especie de laguna en su interior y el camino sigue la linea costera de ésta. Alrededor del agua hay algunas casas dispersas y un poco más allá se elevan murallones de roca caliza que forman un escenario muy pintoresco. Pag es, desde luego, una isla muy especial. Es muy árida pero, y quizás por eso, tiene unos paisajes muy originales.

Hemos llegado al pueblo de Pag, que da nombre a la isla, después de apenas veinte kilómetros. Es un pequeño lugar que tiene, como muchos otros de Croacia, una historia ligada a la República de Venecia. La mayor parte de su trazado urbano y sus monumentos son de aquella época. Todo realizado en la característica, y omnipresente en Croacia, piedra caliza blanquísima que le da un aire armonioso y elegante.

Pag tiene una buena playa sobre la laguna interior de la que hablábamos antes, lo que hace que en verano sea un destino muy turístico.

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Vista desde la playa de Pag

También es famosa por sus salinas que, antiguamente, fueron su fuente de sustento y quizás su razón de ser. Y no se nos olvida que también es conocida en toda Croacia por su queso, el Paski Sir, de leche de ovejas que pastan las hierbas de la zona. Sir significa queso y Paski significa que es de Pag, es decir Queso de Pag. Como no, hemos comprado uno para probarlo. Lo cierto es que no estaba mal pero tampoco vale lo que hemos pagamos por él. Esto de comprar en sitios de turistas a veces es lo que tiene.

Desde Pag hemos seguido por la carretera principal hacia el sur, siguiendo las estribaciones del entrante de mar que atraviesa la isla. Es aquí donde se encuentran las salinas. Ya era mediodía y el calor apretaba de lo lindo.

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Salinas de Pag

Por la parte sur hay también un entrante de mar. En este caso es más pequeño y estrecho. En esta parte también hay alguna playa pero las laderas de la costa con auténticos pedregales desprovistos de vegetación.

La isla de Pag conecta con la tierra continental a través de un puente llamado Paski Most, es decir el puente de Pag. En apariencia es un puente muy corto, nadie diría que estamos en una isla cuando vas a cruzarlo. Sin embargo es un lugar de paso que ha sido clave en la historia croata. Hay una fortificación derruida a los pies del puente y anterior a él, desde luego, que ya refleja el interés por controlar este estrecho paso. Más recientemente, durante la guerra serbo-croata, este puente fue clave para conectar el norte y el sur de Croacia cuando la parte del interior estaba incomunicada. Debido a ello fue atacado varias veces y luego finalmente reconstruido.

Si en Pag, entre el calor y el paisaje yermo, nos parecía estar en el desierto, nada más salir de la isla hemos entrado en el reino de las aguas. Un cielo oscuro se avecinaba por el sureste junto a las laderas de la montaña. Las mismas nubecillas que esta mañana posaban inocentes para nuestras fotos se habían convertido en oscuros, malhumorados y gruñones nubarrones. Ha empezado a gotear y hemos decidido resguardarnos en el porche de una casa.

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Los nubarrones amenazantes

Lo cierto es que teníamos que ir rumbo oeste, hacia Zadar y parece que por allí se abría un poco la tormenta. Después de un rato hemos intentado salir y, efectivamente, parece que la habíamos dejado atrás. Pero cuando ya estábamos pedaleando confiados nos ha sorprendido una tromba de agua que nos ha calado hasta que hemos encontrado un pueblo y logrado protegernos. Y justo cuando hemos entrado en una especie de cochera ha empezado a granizar violentamente. En el fondo, se puede decir que hasta hemos tenido suerte.

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Viendo caer la lluvia desde nuestro lugar de resguardo

Después de un rato de espera resignada la lluvia ha parado, ha salido el arco iris y hemos podido continuar el trayecto bajo un sol espléndido. Antes de llegar a Zadar nos hemos encontrado con un par de chicas francesas y un chico holandés muy simpáticos. Estaban viajando en bici también, haciendo la ruta de Split a Tallín. Hemos estado charlando un rato y nos hemos hecho una foto. Cuando nos la manden la ponemos. (Si leéis esto os mandamos un abrazo y mucha suerte para el viaje)

Nos gusta encontrar por el camino a colegas de alforjas e intercambiar experiencias pero, por desgracia, en esta zona no es muy frecuente.

Finalmente hemos llegado a Zadar. La entrada ha sido un poco anodina. Hemos tenido que llegar casi hasta el centro de la ciudad para tener la sensación de estar en el lugar que nos esperábamos. Zadar fue una ciudad muy castigada por los bombardeos durante la II Guerra Mundial, lo que ha hecho que la mayoría de su patrimonio se destruyese. Uno de los motivos de tal violencia parece deberse a que antes del estallido bélico contaba con una población de mayoría dálmata-italiana a la que Tito, futuro presidente de Yugoslavia, quería expulsar a toda costa.

Lo bueno de esto, si es que lo tiene, es que no ha tenido más remedio que reinventarse y creemos que no lo ha hecho mal. Una de las obras con las que han intentado dotar de nuevo atractivo a la ciudad es la intervención del arquitecto Nikola Bašić en el malecón de la ciudad. En este lugar se ha construido el órgano de mar, una especie de instrumento musical natural en el que el mar, a través de su vaivén, hace insuflar aire a un sistema de tubos afinados de modo pentatónico. El efecto es una música hipnótica. Es una de las obras arquitectónicas contemporáneas que nos despiertan más respeto, la verdad. La otra intervención es el llamado “Saludo al sol”, una gran circunferencia llena de placas fotovoltaicas que recogen la energía solar durante el día y, a la noche, la transforman en juegos de coloridos destellos aleatorios.

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Atardecer en el Órgano de Mar

Si el objetivo era crear nuevos atractivos para la ciudad creemos que lo han conseguido a tenor de la cantidad de gente que se arremolinaba por allí para ver la puesta de sol que, por lo que dicen, Hitchcock calificó como la más bella del mundo.

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Atardecer junto al órgano de mar

Es hermosa, que duda cabe, pero ya se sabe de estas cosas. Cuando tienes a cientos de personas a tu alrededor viendo algo especial esto empieza a serlo algo menos. Y si el órgano de mar es un instrumento musical se supone que la gente debería ir allí a escucharlo pero parece que ocurre como con la música en general, se va al concierto a hablar con el vecino.  Una pena porque, aun habiendo mucha gente, si el clima fuera de silencio y escucha el concierto marino al at atardecer sería un espectáculo emocionante.

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