Nápoles

Etapa 34: Castel Volturno – Nápoles (56 kms)

¡Ya estamos en Nápoles!. La exclamación no quiere decir que nos haya costado mucho llegar sino que teníamos muchas ganas de venir. Y lo que hemos visto entrando en la ciudad no nos ha defraudado en absoluto, más bien al contrario. Hemos llegado por carreteras pegadas a la costa y hemos cruzado Pozzuoli, un bello pueblo del extrarradio de Nápoles.

Para llegar al centro histórico de la ciudad hemos tenido que subir una colina por el barrio de Posillipo. El esfuerzo bien ha valido la pena ya que las vistas desde lo alto son espectaculares.

Se ve toda el golfo con el Vesubio y Capri como incomparable marco, así que cada cincuenta metros teníamos que pararnos a hacer fotos y alucinar con las villas y mansiones que pueblan las laderas de Marechiaro y Posillipo.

De camino hacia aquí nos hemos encontrado con un ciclista napolitano, Giacomo, que hos ha acompañado durante unos cuantos kilómetros. Hemos venido entretenidos conversando, en nuestra mezcla ítalo-española. Nos ha invitado a un rico café antes de volverse a casa ya que tenía que trabajar. Ha sido realmente un placer el rato que hemos compartido.

Pero lo mejor de todo es que esta tarde, mientras paseábamos por el centro de la ciudad, un autobús urbano ha empezado a pitarnos. Nosotros no sabíamos qué es lo que quería hasta que hemos visto que el conductor era Giacomo, ¡menuda coincidencia!. Hemos cenado algo juntos (nos ha vuelto a invitar, ¡cómo son estos napolitanos!) y hemos quedado en vernos mañana. Es un lujo encontrar a gente así.

Veníamos con cierto recelo por el famoso caos del tráfico de Nápoles pero, la verdad, no ha sido para tanto. No hemos visto mucha diferencia respecto a otras ciudades del mismo tamaño.

Así que pasaremos un par de días por aquí, conociendo esta hermosa ciudad y disfrutando de sus famosos manjares. Ah, ¡y por fin hemos visto búfalas!.

Etapa 33: Terracina – Castel Volturno (87 kms)

Ayer llegamos a Terracina por la Via Appia y hoy la hemos dejado por la Vía Flacca, que es la ruta más próxima a la costa. Todo este tramo del litoral es bastante más escarpado que el que recorrimos ayer y eso hace que sea mucho más interesante.

Pocos kilómetros después de salir nos hemos topado con un bellísimo pueblo enclavado en lo alto de una cornisa asomada al mar. Se llama Sperlonga y además de ser un famoso destino de veraneo, guarda un enorme tesoro arqueológico, la Villa y Gruta del emperador Tiberio. Antes de visitar este enclave hemos paseado las estrechas y sinuosas calles de Spelonga que nos han recordado a los pueblos andaluces.

Después, hemos parado en las ruinas de la mansión de Tiberio. Este fue emperador de Roma entre los años 14 d.C y 37 d.C, es decir, totalmente contemporáneo de Jesucristo y en última instancia, suponemos, el responsable de su crucifixión. También es responsable indirecto del nombre del famoso lago de Galilea, el Tiberíades. Antes de exiliarse a otra enorme villa en Capri, en la que murió, Tiberio hizo construir aquí, en Sperlonga, una gran mansión que incluía una enorme gruta, la cual se ornamentó con todo un conjunto escultural compuesto de escenas alusivas a episodios de la Odisea. En el museo se pueden ver los restos del mismo y, aún siendo sólo fragmentos impresiona. Nos imaginamos cómo tuvo que ser la enorme villa y el teatral efecto de la gruta decorada con las enormes esculturas, todo rodeado por el mar.

Con la imaginación jugando a reconstruir tan hermoso lugar hemos continuado el pedaleo. Pronto hemos pasado de la belleza creada por el hombre a la de la naturaleza, absortos por la hermosura de las zonas de acantilados, las calas y el azul del mar. Hemos comido en una pequeña área de descanso de la carretera, mirando al mar. Después hemos avanzado hacia Gaeta. Nuestra intención era visitar este lugar pero, al llegar, nos hemos despistado y hemos seguido la carretera principal cuando deberíamos habernos desviado hacia un promontorio de la costa. La ciudad estaba detrás de esta elevación. Nos hemos dado cuenta bastante después y volver nos trastocaba los planes. De todas formas hemos disfrutado de su bella estampa según nos alejábamos.

Más adelante hemos cruzado Formia, lugar donde ejecutaron a Cicerón. Después Minturno, cuyas ruinas reposan junto al rio Garigliano, que es la frontera natural entre la región del Lazio y la de Campania. En cuanto hemos cruzado a esta última han empezado a aparecer queserías que elaboran la famosa mozzarela de búfala, especialmente en la localidad de Mondragone, en la que se suceden sin solución de continuidad. Eso sí, de momento no hemos visto ninguna búfala, quizás las esconden con celo.

Al final, hemos llegado a un pequeño camping en Castel Volturno, una zona de playa sin demasiado atractivo, la verdad. Mañana esperamos llegar pronto a Nápoles. Allí nos quedaremos un par de días que, aun siendo insuficientes, esperemos que nos permitan empezar a conocerla.

Etapa 32: Anzio – Terracina (85 kms)

Hoy hemos salido un poco más tarde de lo acostumbrado. Ayer hicimos la colada y esta noche ha llovido, así que hemos tenido que esperar a que la ropa estuviera seca. Poco después de partir hemos atravesado Anzio, lugar natal de Nerón y Calígula y, más recientemente, famoso por ser escenario de una de las batallas clave en la liberación del nazismo en Italia, el desembarco de Anzio. Cerca de aquí está Nettuno, pueblo cuyo nombre se debe a un antiguo templo en honor al Dios marino. Nettuno tiene un pequeño centro histórico medieval amurallado. Allí hemos comido estupendamente en el restaruante de la cofradía de pescadores.

Con la felicidad del bien alimentado hemos continuado el pedaleo. Por esta zona de la costa hay muchos tramos cercados por instalaciones militares. Suponemos que serán lugares de importancia estratégica pero le dan un toque un tanto siniestro, la verdad. La mayoría de las zonas urbanizadas que hemos atravesado son meros centros de turismo estival y no muestran demasiado atractivo. Lo bueno es que, al ser temporada baja, hay poco tráfico en la carretera litoral.

Mientras avanzábamos, íbamos viendo en el horizonte un monte bastante escarpado. Hemos venido debatiendo sobre si pertenecía a una isla o era parte de un cabo peninsular. Un poco más tarde hemos descubierto que nuestra duda era más que razonable. Un veterano ciclista con el que nos hemos encontrado, llamado Silvio, nos ha sacado de dudas.

El monte se llama Circeo, en memoria de la maga Circe. La tradición dice que aquí estaba el hogar de la mítica hechicera solo que, en la antigüedad, este monte no estaba unido a tierra firme, era la isla de Ea. Por si no conocéis la historia os hacemos un pequeño resumen (aviso, contiene spoilers de la Odisea).
Después del mal trago pasado en la isla de los lestrigones (Sicilia o Cerdeña, según autores), Ulises y los supervivientes de aquel infausto encuentro atracaron en la isla de Ea. Un grupo de ellos avanzó en misión de reconocimiento mientras que Ulises, con el resto de sus hombres, esperaba en la nave. Todos los que componían la avanzadilla, salvo uno, Euríloco, llegaron al palacio de Circe. En un principio, ella les dio una calurosa bienvenida y los agasajó con alimento y bebida pero, tras esto, gracias a sus oscuras artes, los fue convirtiendo en todo tipo de animales según su propia naturaleza, cerdos, leones, perros… Euríloco, que vio todo desde fuera, corrió a contárselo a Ulises. Este, al enterarse, salió en ayuda de sus hombres. Por el camino se le apareció Hermes y le dio una planta con la que esquivar los hechizos de Circe. Cuando llego al palacio de la maga, ésta le invitó a un banquete tal y como hizo con sus compañeros pero Ulises, gracias a la planta que le dio Hermes, no sufrió el hechizo. Así que se plantó ante ella y la obligó a liberar a sus hombres. Tras esto, parece que ambos hicieron buenas migas ya que Ulises se quedó un año conviviendo con ella.
No sabemos si el lugar en el que la tradición situa este episodio es al que Homero se refería, pero no importa. Lo emocionante es pensar que todos estos sitios pertenecían al universo cultural del mundo que vio nacer la fascinante historia de la Odisea. Y, ¿por qué no?, nos encanta dejarnos llevar por la idea de que algún día anduvo por aquí el intrépido héroe.
Así que nuestra razonable duda sobre si el monte Circeo era una isla o un promontorio en tierra firme ha quedado resuelta. Y, gracias a Silvio, hemos descubierto que el lugar es la mítica isla de Ea. Quién sabe si, al estilo de la antigüedad, Silvio no es sino un Dios encarnado en humano para ayudarnos a rememorar tan hermoso episodio.

Hoy en día, el monte Circeo está protegido como Parque Nacional y es un destino habitual para los amantes de la naturaleza. Nuestra etapa ha acabado en Terracina, un poco más al sur del mítico monte. Estamos en un camping entre la Vía Apia, que acabamos de estrenar, y el mar, bajo la majestuosa estampa de los restos del antiguo santuario de Jupiter Anxur. ¿Qué más se puede pedir a un Periplo Mediterráneo?

 

Etapa 31: Roma – Anzio (77 kms)

Arrivederci Roma…
good bye… au revoir…

Como dice la canción, adiós Roma. Nos despedimos de ella con tristeza porque Roma, con su desbordante riqueza, siempre sabe a poco. Es una ciudad tan sobrecargada de arte, de historia, de rincones… que apabulla. Ayer nos dimos un buen paseo con las bicicletas por varios barrios de la ciudad. Es algo que recomendamos fervientemente. Las distancias entre sus lugares más emblemáticos se recorren fácilmente a pedales y el disfrute es máximo. Empezamos por la zona del Vaticano, subimos al Gianicolo, bajamos por Trastévere, cruzamos al monte Aventino para volver por Campi de´Fiori. Al final, más de veinte kilómetros que se nos hicieron una delicia.
Pero hoy nos ha tocado despedirnos y la salida de Roma, la verdad, se nos ha dado peor que la entrada. Todos los caminos llevan a Roma pero, cuando sales de Roma, ¿adónde llevan?.
Hoy no tenemos demasiadas fotos que mostrar ya que los lugares que hemos atravesado no nos han inspirado demasiado. Ha sido una sucesión de barrrios residenciales y carreteras con bastantes coches. Si pensáis en, por ejemplo, Móstoles os podéis hacer una idea muy aproximada. Aquí te das cuenta de que la forma de vida, el urbanismo, la cultura… entre España e Italia difiere muy poco. Y si comparamos los barrios periféricos de Madrid y Roma la semejanza es notable.

Además, hemos tenido que rectificar el recorrido varias veces. En un principio queríamos salir por la llamada Vía Pontina. Una vez en ella, hemos visto que es una carretera tipo autovía con un montón de tráfico. Hemos buscado alternativas cercanas pero todos los caminos de los alrededores están cerrados ya que, o son privados, o son parte de una reserva natural que llega hasta la costa. Finalmente, hemos decidido volver hacia atrás para tomar la Vía Cristóbal Colón. Esta es bastante más tranquila que la Vía Pontina. Por ella hemos llegado hasta el mar. Después ha sido fácil, solamente hay que seguir la carretera que avanza paralela a la costa. Esta parte del litoral está menos explotada que la zona norte, desde Civitavecchia. Aquí no hay apenas pueblos y los que aparecen están claramente orientados al turismo estival, por lo que ahora todo está muy tranquilo y se pedalea de maravilla.
Hoy dormiremos en un camping junto a la playa, a unos pocos kilómetros de Anzio. Desde la tienda se ven las cometas de la gente que hace Kite surf y se escucha el rugido del mar alentado por la incipiente brisa de la tarde.

Roma

 

Etapa 30: Tarquinia – Roma (110kms)

¡Ave Roma, los que acabamos de entrar te saludan!

Hemos cumplido uno de los objetivos importantes de nuestro camino. Muchas veces nos habíamos imaginado la sensación de llegar a Roma con nuestras bicis pero, hoy por fin, lo hemos experimentado. Y la verdad es que ha sido emocionante, especialmente cuando, tras una pequeña curva, ha aparecido, imponente, la figura del Coliseo. Aunque para llegar a él hemos tenido que pedalear unos cuantos kilómetros por los suburbios de la ciudad, atravesando zonas no demasiado pintorescas. La entrada a las grandes urbes no está hecha para las bicicletas. El centro de algunas quizás sí, pero no su periferia. Además, es como si en sus capas externas guardaran toda la fealdad que no quieren que aparezca en su centro. Desde luego, es una interesante lección de geografía urbana.

En un principio barajamos la posibilidad de quedarnos cerca de Roma para llegar aquí mañana pero, como la etapa de hoy se nos ha dado bastante bien, hemos decidido llegar aquí. Por el camino, nos hemos venido imaginando cual podría haber sido la sensación de llegar a Roma para un habitante de las provincias del Imperio hace dos mil años. Un ciudadano de, por ejemplo, Numancia. ¿Sería algo parecido?. Quien sabe, pero Roma siempre será Roma, por algo la llaman la Ciudad Eterna.

Han sido treinta días, con mucha calma eso sí, para llegar aquí y unos dos mil trescientos kilómetros de pedaleo. Lo que sí tenemos claro es que no sabe igual venir en avión que en bicicleta. Como decíamos, todos los caminos vienen a parar a Roma, pero no todos son iguales. El nuestro, hasta ahora, ha sido fascinante.

Nos quedaremos un par de días para disfrutar de los encantos de la ciudad, que son demasiados para tan corto tiempo, pero nuestro camino tiene que seguir hacia nuevas metas.