Etapa 19: Agay – Niza (70 kms)

Hay varias palabras que podrían resumir la etapa de hoy: disfrute, gozo… Y es que, en realidad, el recorrido por esta parte de la Riviera francesa es un auténtico placer. Durante todo el camino hemos seguido la carretera que discurre junto a la costa, con el mar siempre a nuestra derecha. El primer tramo hasta Cannes es, quizás, la parte más pintoresca. El macizo del Esterel se eleva prácticamente desde la línea del mar produciendo escarpadas laderas de un tono rojizo. La carreteza zigzaguea siguiendo la caprichosa orografía, que en esta parte de la ruta crea numerosas calas y lo que aquí llaman “calanques«, unas abruptas hendiduras que el mar provoca en la roca. Mientras avanzábamos hemos empezado a vislumbrar, en la lejanía, el perfil nevado de las primeras estribaciones alpinas lo cual crea un impactante efecto. El azul intenso del mar frente a la nieve de la montaña.

Esta carretera es muy frecuentada por ciclistas aficionados que suelen ir en grupo. Los coches, aunque abundan, avanzan con sumo respeto y cuidado. A media mañana estábamos en las calles de Cannes. Falta algo menos de un mes para su famoso festival pero la alfombra roja ya está puesta y llena de espontáneos jugando a ser famosos. No íbamos a ser menos.

Tras dar un pequeño paseo por el centro de la ciudad y almorzar en un agradable mercado, hemos continuado nuestra ruta junto al mar en dirección a Niza. A partir de Cannes el perfil de la costa se suaviza y da lugar a largas playas de aguas azul turquesa. Hemos hecho un alto en el camino en Antibes. El centro del pueblo conserva algo de la esencia de lo que debió ser en los días en los que Picasso trabajo aquí, pero hoy está sembrado de todo tipo de tiendas destinadas al turismo y rodeado de lujosos yates por todas partes.

Finalmente, hemos llegado a Niza hacia las cuatro de la tarde entrando por el fastuso Paseo de los Ingleses. Toda la parte moderna de la ciudad presenta ese aspecto, un tanto señorial, que caracteriza a las ciudades de veraneo de las clases adineradas. Pero el barrio antiguo delata su esencia mediterránea y su antiguo pasado italiano. Calles estrechas y sinuosas jalonadas de coloridos edificios. Eso si, todo repleto de turistas y diseñado para ellos. No queremos ni imaginarnos lo que puede llegar a ser esto en verano.

Etapa 18: Brignoles – Agay (Saint Raphael) (82 kms)

Hoy nos hemos reencontrado con el Mediterráneo. Finalmente, ayer optamos por continuar por la carretera DN7 hasta Fréjus. Nos hemos ahorrado unos cuantos kilómetros pero no creemos que haya sido la mejor opción. Esta ruta tiene bastante tráfico aunque, por suerte, el tramo de hoy está todo prácticamente desdoblado lo que hace que los adelantamientos de los coches sean más tranquilos. Lo malo de ir por carretera es que estás tan pendiente de los coches que te pierdes el paisaje. Así que si volvieramos a Brignoles, intentaríamos bajar a la costa lo antes posible.

En fin, el caso es que ya estamos junto al mar. La carretera que serpentea paralela a la costa es una delicia. También hay algún que otro coche pero circulan a poca velocidad. Y los paisajes lo compensan todo. Da igual hacer kilómetros de más o que haya alguna que otra cuesta. Uno mira hacia el sur y se olvida de todo eso. Estamos en la Costa Azul, la Riviera francesa, un icono de lo que algunos llaman glamour y otros simplemente pijerío. Es cierto que esta zona puede ser algo más cara que otros lugares de Francia. Nosotros lo hemos notado, por ejemplo, en el camping. Pero tampoco es algo privativo. Supongo que los lugares a los que va la jet set serán algo menos económicos pero, de momento, a nosotros no nos ha dado por ir al casino.

Hemos cruzado Fréjus, un bonito pueblo con un anfiteatro romano reconvertido en plaza de toros al estilo de Nimes o Arles. Hemos dado una vuelta por el pueblo y nos hemos sentado a tomar un refresco frente a la catedral de San Leoncio de Fréjus. Esta población fue tristemente famosa por el derrumbe, en 1959, de una presa situada a unos siete kilómetros al norte que provocó varios cientos de víctimas mortales.

Desde allí hemos ido a la ciudad colindante, Saint Raphael. Este es uno de los lugares emblemáticos de la Costa Azul, junto con otros como el cercano Saint Tropez o Cannes. Hemos atravesado su centro histórico y hemos enfilado la carretera de la costa en dirección a Cannes, atravesando el cabo de Esterel, que atesora atractivas playas y calas. Hemos hecho un alto en el camino para ver más de cerca la hermosa Isla de Oro, pequeña porción de tierra coronada por una elegante torre con cierto aire de tótem. Justo allí se produjo parte del desembarco de la Provenza, algo menos famoso que el de Normandía, pero también determintate para la victoria de los alíados en la II Guerra Mudial. Hay varios monumentos que lo conmemoran.

Un poco más adelante hay una bahía conocida como Agay, aunque pertenece al término de Sant Raphael. Hemos decidido hacer noche aquí, en un acogedor camping justo a pie de mar. Hoy dormiremos con banda sonora de oleaje mediterráneo.

Etapa 17: Aix en Provence – Brignoles (64 kms)

Esta mañana hemos salido remoloneando de Aix en Provence. Una vez más, nos daba pena dejar un lugar en el que hemos estado muy bien. Ayer nos despedimos de Charlélie, con el que da gusto estar y conversar, con la esperanza de poder verle pronto de nuevo. También pensábamos que nos gustaría volver por aquí con más tiempo y conocer todos los alrededores de la ciudad. Tampoco hemos visto el estudio de Paul Cezanne, aunque sí algunos de sus escenarios favoritos como el Mont Sainte Victorie.

Hoy a vuelto a salir un día estupendo y el viento se ha suavizado mucho así que no podemos quejarnos del tiempo. Por contra, la carretera por la que hemos pedaleado casi todo el día, la DN7, está más transitada de lo que nos gustaría. Pero barajar otras opciones por esta zona supondría dar mucho rodeo y enfrentarnos a carreteras con muchos más desniveles. Así que, seguiremos un poco más por esta ruta hasta llegar a Saint Raphael, ya junto al mar. Desde allí, seguiremos la línea de la costa hasta la frontera italiana. Ya tenemos ganas de avanzar con la compañía del mar.
Por el camino, viendo tanto viñedo, nos han entrado ganas de probar los caldos de la zona así que hemos decidido parar en un local que anunciaba la venta de productos locales. El dependiente nos ha atendido muy amablemente. Le hemos intentado explicar, en nuestro pobre francés, que buscábamos un vino de la tierra, algo sencillo para la comida de hoy. Nos ha dicho que el tenía una bodega cerca y hacía vino tinto y rosado, por si nos interesaba. Mientras hablábamos, se ha dado cuenta de que éramos españoles (él pensaba que éramos italianos). Resulta que él es de origen colombiano así que he dejado de sudar en francés. A partir de ahí hemos podido hablar mucho más tranquilamente. Nos ha dado a probar varios de los vinos que elabora, todos realmente ricos. Nos ha enseñado el local y hemos hablado de todo un poco. Alejandro, que así se llama, incluso nos ha invitado a comer en su casa. Se nota que lo decía de todo corazón y desde aquí, si lee esto, queremos volver a agradecerle, de todo corazón también, su extraordinaria amabilidad y gentileza. Lo cierto es que hoy, como decíamos, hemos hecho el remolón y queríamos avanzar un poco más antes de la comida así que hemos declinado la tentadora oferta, no sin pena. Cuando uno se encuentra con gente como Alejandro se siente más arropado en el camino.

Hemos llegado a Brignoles bastante pronto ya que el viento se ha puesto a soplar a favor y la última parte del camino ha sido de bajada (por todo lo que llevábamos subido, claro). Nuestra idea era haber continuado un poco más pero nos han entrado dudas de si seguir por la carretera que traíamos o desviarnos hacia la costa. Al final, hemos decidido hace noche aquí y consultarlo con la almohada.

Marsella

Etapa 16: Salon de Provence – Aix en Provence (46 kms)

Hoy pensábamos hacer una etapa corta y relajada por tierras de la Provenza. Corta, como véis, ha sido. Relajada no tanto. Cierto que, durante casi todo el camino, hemos tenido una continua subida (aunque sin demasiada pendiente) pero el problema no ha sido ese. Lo que nos ha hecho sudar ha sido el constante viento de E-SE. Pero bueno, nos teníamos que ganar la comida ¿no?.

Como la etapa iba a ser corta, hemos aprovechado, en Salon de Provence, para visitar una de las fábricas de jabones que siguen funcionando en la ciudad. Por si no lo sabíais, nosotros tampoco, en Salon se hace el típico jabón de Marsella. Nos apetecía ver el lugar y además nos quedaba de camino.

Después de deleitarnos con los perfumes y las formas de los jabones e ilustrarnos con las curiosidades del museo, hemos seguido camino en dirección a Aix en Provence. Hemos salido por una carretera secundaria. A pocos kilómetros, hemos enfilado por un agradable camino pedregoso entre pinos y viñedos. Después, hemos seguido por otra carretera, un poco más transitada, en la que el viento ha empezado a azotar con ganas. Así, hemos llegado a Éguilles, un pueblo del extraradio de Aix, un tanto agotados. Después de tomar un refrigerio allí, hemos recorrido lo que nos quedaba hasta Aix, ya casi en contínua bajada.

La entrada en Aix denota que es una ciudad más grande que Salon. Una de las primeras cosas que nos han llamado la atención son los letreros que había en varias pastelerías: “Fabrique de Calissons”. ¿Será que eran las tres de la tarde y estábamos sin comer?. La curiosidad nos ha llevado a preguntar y nos han aclarado que los Calissons son un dulce típico de aquí consitente en una masa de almendra y frutas (especialmente melón y naranja). Debe de ser una especie de mazapán con una costra de azucar por encima… umm. Hemos decidido ir a comer antes de hartarnos de Calissons.
Con el asunto alimenticio resuelto, nos hemos instalado en un bonito apartamento, escondido en una tranquila calle del centro de la ciudad.

Por la tarde hemos quedado con el amigo Charlélie. Nos conocimos el año pasado en Etiopía donde compartimos interesantes charlas, especialmente sobre una pasión común, el jazz, y casualidades de la vida, ahora pasamos por aquí, ciudad en la que vive. Ha sido un gran cicerone y hemos disfrutado de una tarde estupenda junto a él. Esperamos que un día nos devuelva la visita a Soria y podamos ser nosotros sus guías.

Mañana nos quedaremos de reposo por aquí. Puede que incluso visitemos Marsella, que está a tan solo 40 kms, pero esta vez iremos en autobús. Así, cogeremos fuerzas para afrontar el siguiente tramo del camino que se presenta con una orografía un poco más accidentada.

Etapa 15: Saint Gilles – Salon de Provence (73 kms)

Hoy hemos dejado La Camarga para adentrarnos en La Provenza. No podemos quejarnos del recorrido, está bien surtido de sitios apetitosos de conocer.

A eso de las diez de la mañana, con todo bien recogido y bien desayunados, nos hemos despedido de Matías, el napolitano, y hemos emprendido el camino, no sin antes darnos una vuelta por Saint Gilles. En este país da igual donde estés, sabes seguro que el lugar esconde algún secreto interesante. Saint Gilles de Gard no iba a ser menos. Allí se encuentra una abadía románica del siglo XII. Ha sido, y es, un importante lugar de peregrinaje. Pero además, era el punto de embarque de los peregrinos franceses que iban a Roma y de los que comenzaban la ruta hacia Santiago. Es curioso que, aunque no seamos peregrinos, justo aquí nos hayamos cruzado nosotros, que vamos dirección Roma y Matías, que va a Santiago.
Por lo demás, el pueblo tiene el encanto de esta zona. Hoy, soleado domingo de mercado, las terrazas están llenas de gente tomando café y las calles surcadas por transeuntes con ganas de disfrutar del día o, quizás, de comprar algo en los puestos callejeros.

Desde Saint Gilles hemos avanzado por carreteras secundarias, sin apenas tráfico, entre campos de cereal, praderas donde pastan los caballos de Carmarga, algún arrozal… disfrutando de la tranquilidad del paisaje y del generoso sol que nos ha regalado el día. Deleitándonos de esta forma hemos llegado a Arles, casi sin darnos cuenta. Esta ciudad ya nos fascinó cuando llegamos a ella en el final de nuestro viaje por el Ródano. En aquella ocasión nos recibió en plenas fiestas locales, con charangas por la calle y un enorme bullicio. Esta vez el ambiente era bien diferente, pero la ciudad nos sigue pareciendo una delicia. Hemos vuelto a recorrer sus, esta vez, tranquilas calles y admirar sus flamantes teatro y anfiteatro romano.

Nos despedimos de Arlés y retomamos el camino hacia el este, adentrándonos en tierras de la Provenza. La carretera por la que hemos pedaleado tenía más tráfico del que nos hubiera gustado pero al menos contaba con un buen arcén. El viento ha cambiado de dirección. De NO, que soplaba estos días, a S-SE. En todo caso, nos sigue soplando lateralmente, a veces un poco a favor otras un poco en contra, pero nos consideramos muy afortunados por no tenerlo de cara. Esperamos que, al menos, siga como hasta ahora.
Hemos pedaleado con cierta alegría y hemos llegado pronto a Salon de Provence. No sabíamos si seguir en dirección a Aix en Provence o tomarnos el día con tranquilidad y hacer fin de etapa aquí. Como el lugar nos ha gustado mucho, hemos optado por la segunda opción. Tras tomar una cerveza en una de las soleadas y concurridas terrazas del centro, hemos dado un buen paseo por el lugar. Una vez más, nuestra ignorancia ha ayudado a nuestra sorpresa. En esta ciudad vivió y murió el médico y astrólogo Michel de Nôtre-Dame, Nostradamus, famoso por sus profecías. De hecho, el camping en el que nos alojamos lleva su nombre. Hay un museo sobre él en lo que fue su vivienda y son muchos los carteles, placas y estatuas dedicadas a su figura.

Por lo demás, Salon de Provence es una ciudad deliciosa, con un centro histórico amurallado y un enorme castillo en su interior (El Castillo del Imperio). En la parte nueva hay varias plazas y plazoletas muy agradables y abundan los bares con terraza que hoy, soleado domingo de abril, están a rebosar. Así si que dan ganas de quedarse aquí.

Etapa 14: Frontignan – Saint Gilles (76 kms)

Ya llevamos dos semanas de pedaleo. La verdad es que nos notamos mejor que al principio. Las piernas van más sueltas y las posaderas menos doloridas. Podemos decir que ya estamos acabando la fase de preparación física (si es que se acaba alguna vez de estar preparado). Más nos vale porque aún nos quedan etapas bastante duras. De hecho, hoy en el camping nos hemos encontrado con un chaval de Nápoles que va a Santiago en bici. Nos ha comentado que por la zona de Génova la cosa se complica bastante puesto que hay que subir algún puerto con fundamento. No se cómo lo vamos a hacer, pero bueno, no vamos a adelantar acontecimientos.
Toda la mañana de hoy, desde Frontignan hasta un precioso lugar llamado Aigues-mortes, hemos venido pedaleando por una estrecha lengua de tierra junto al canal del Ródano a Sète y entre marismas y lagunas de agua marina.

Este canal proviene de uno de los dos brazos en los que se divide el Ródano en Arles (entre los cuales se extiende La Camarga) y acaba en Sète. Se supone que es la continuación de la Vía Rhône, una gran ruta de bici, pero lo cierto es que por todas partes hay señales que prohiben la circulación de bicicletas. Obviamente nosotros no las hemos hecho ni caso, bueno ni nosotros ni el resto de ciclistas con los que nos hemos cruzado (no muchos eso si).

Entre ellos, dos españoles que venían de Marsella con la intención de llegar a Burdeos. Hemos estado charlando un rato y poniéndonos al día sobre el camino. La verdad es que cuando vas en bici se crea una especie de sentimiento de comunidad con el resto de los ciclistas. En parte de eso habla un librito, casi un panfleto, que estoy leyendo y que os recomiendo a los entusiastas de la bici (Elogio de la bicicleta, de Marc Augé).
Así, por estos parajes, hemos llegado a la bella Agües-Mortes. Es una de esas gratas sorpresas que, gracias a nuestra ignorancia, nos encontramos de vez en cuando en el camino. Uno no se espera una ciudad completamente amurallada en un recinto del s.XIII cuando viene de pedalear por paisajes casi despoblados. Después, nos hemos enterado de que este lugar fue el principal puerto del que partían las cruzadas hasta la anexión de Marsella al reino francés. En el camino siempre se aprenden cosas nuevas.

Hemos comido, ya que estábamos entrando en lo que se conoce como “pájara” y hemos continuado camino junto al canal. Nos ha costado volver a coger ritmo, y eso que esta parte del canal está asfaltada y se circula muy bien por ella.
Después de unos quince kilómetros hemos dejado el canal y hemos seguido por carreteras secundarias junto a muchos viñedos, praderas en las que pastaban los típicos caballos blancos de La Camarga, campos de frutales, caminos de hierba… hasta llegar a Saint Gilles, un pueblo a unos quince kilómetros de Arles. Mañana pasaremos por allí, a hacer otra visita a ese lugar que tanto nos gustó cuando hicimos la ruta del Ródano.

Primeros 1000 kms

Etapa 13: Capestang – Frontignan (86 kms)

Hoy tenemos varias cosas que celebrar. Una, que ya hemos completado los primeros mil kilómetros de recorrido. La segunda, que hemos llegado a la orilla del Mediterráneo.

En la etapa de hoy hemos seguido teniendo un fuerte viento del noroeste que no nos ha venido mal, aunque no siempre ha sido a favor. Hemos transitado los últimos kilómetros del Canal del Midi hasta Agde, lugar en el que desemboca en el río Hérault (que da nombre a estas tierras). El último tramo del Canal atraviesa una zona de marismas que anticipan la cercanía del mar. Algunos de estos terrenos están inundados y llenos de una gran variedad de aves y otros, secos, son aprovechados como pasto.

Por el camino hemos ido recordando los lugares por los que ya pasamos en el anterior viaje por aquí. Hemos vuelto a ver el tunel de Malpás, que se vieron obligados a construir para que el canal del Midi pudiera atravesar una colina junto a las ruinas de L’oppidum d’Ensérune.

También hemos vuelto a disfrutar de las vistas de la hermosa ciudad de Béziers. Lo que no hemos podido ver han sido las nueve esclusas puesto que el camino estaba cortado. Nos ha ocurrido en unas cuantas ocasiones en este viaje. Se conoce que están reforestando las riberas del Canal y hay muchos tramos cortados por obras. Eso si, suelen señalizar muy bien la alternativa.

En Agde nos hemos despedido definitivamente del Canal para buscar la la línea de la costa. Toda esta zona empieza a ser muy turística. Suerte que todavía no estamos en temporada alta.

Siguiendo junto a la playa y con un fuerte viento lateral, hemos llegado a Sète, una ciudad que nos encanta, especialmente por su puerto y también por ser la cuna de Brassens. Allí nos hemos tomado una caña en una soleada terraza y hemos conocido a un personaje del pueblo. Antonio, un pescador hijo de una andaluza y un corso, ¡menuda mezcla!. Sète tiene una fuerte actividad pesquera que se respira por todas partes.

Desde Séte, hemos avanzado algún kilómetro hacia el norte para llegar a Frontignan. Aquí hemos buscado un camping cerca del mar y a refugio del fuerte viento que sigue soplando. El camping, como no podía ser de otra forma, se llama “Mediterráneo”.