Mes: abril 2016
Etapa 16: Salon de Provence – Aix en Provence (46 kms)
Hoy pensábamos hacer una etapa corta y relajada por tierras de la Provenza. Corta, como véis, ha sido. Relajada no tanto. Cierto que, durante casi todo el camino, hemos tenido una continua subida (aunque sin demasiada pendiente) pero el problema no ha sido ese. Lo que nos ha hecho sudar ha sido el constante viento de E-SE. Pero bueno, nos teníamos que ganar la comida ¿no?.
Como la etapa iba a ser corta, hemos aprovechado, en Salon de Provence, para visitar una de las fábricas de jabones que siguen funcionando en la ciudad. Por si no lo sabíais, nosotros tampoco, en Salon se hace el típico jabón de Marsella. Nos apetecía ver el lugar y además nos quedaba de camino.
Después de deleitarnos con los perfumes y las formas de los jabones e ilustrarnos con las curiosidades del museo, hemos seguido camino en dirección a Aix en Provence. Hemos salido por una carretera secundaria. A pocos kilómetros, hemos enfilado por un agradable camino pedregoso entre pinos y viñedos. Después, hemos seguido por otra carretera, un poco más transitada, en la que el viento ha empezado a azotar con ganas. Así, hemos llegado a Éguilles, un pueblo del extraradio de Aix, un tanto agotados. Después de tomar un refrigerio allí, hemos recorrido lo que nos quedaba hasta Aix, ya casi en contínua bajada.
La entrada en Aix denota que es una ciudad más grande que Salon. Una de las primeras cosas que nos han llamado la atención son los letreros que había en varias pastelerías: “Fabrique de Calissons”. ¿Será que eran las tres de la tarde y estábamos sin comer?. La curiosidad nos ha llevado a preguntar y nos han aclarado que los Calissons son un dulce típico de aquí consitente en una masa de almendra y frutas (especialmente melón y naranja). Debe de ser una especie de mazapán con una costra de azucar por encima… umm. Hemos decidido ir a comer antes de hartarnos de Calissons.
Con el asunto alimenticio resuelto, nos hemos instalado en un bonito apartamento, escondido en una tranquila calle del centro de la ciudad.
Por la tarde hemos quedado con el amigo Charlélie. Nos conocimos el año pasado en Etiopía donde compartimos interesantes charlas, especialmente sobre una pasión común, el jazz, y casualidades de la vida, ahora pasamos por aquí, ciudad en la que vive. Ha sido un gran cicerone y hemos disfrutado de una tarde estupenda junto a él. Esperamos que un día nos devuelva la visita a Soria y podamos ser nosotros sus guías.
Mañana nos quedaremos de reposo por aquí. Puede que incluso visitemos Marsella, que está a tan solo 40 kms, pero esta vez iremos en autobús. Así, cogeremos fuerzas para afrontar el siguiente tramo del camino que se presenta con una orografía un poco más accidentada.
Etapa 15: Saint Gilles – Salon de Provence (73 kms)
Hoy hemos dejado La Camarga para adentrarnos en La Provenza. No podemos quejarnos del recorrido, está bien surtido de sitios apetitosos de conocer.
A eso de las diez de la mañana, con todo bien recogido y bien desayunados, nos hemos despedido de Matías, el napolitano, y hemos emprendido el camino, no sin antes darnos una vuelta por Saint Gilles. En este país da igual donde estés, sabes seguro que el lugar esconde algún secreto interesante. Saint Gilles de Gard no iba a ser menos. Allí se encuentra una abadía románica del siglo XII. Ha sido, y es, un importante lugar de peregrinaje. Pero además, era el punto de embarque de los peregrinos franceses que iban a Roma y de los que comenzaban la ruta hacia Santiago. Es curioso que, aunque no seamos peregrinos, justo aquí nos hayamos cruzado nosotros, que vamos dirección Roma y Matías, que va a Santiago.
Por lo demás, el pueblo tiene el encanto de esta zona. Hoy, soleado domingo de mercado, las terrazas están llenas de gente tomando café y las calles surcadas por transeuntes con ganas de disfrutar del día o, quizás, de comprar algo en los puestos callejeros.
Desde Saint Gilles hemos avanzado por carreteras secundarias, sin apenas tráfico, entre campos de cereal, praderas donde pastan los caballos de Carmarga, algún arrozal… disfrutando de la tranquilidad del paisaje y del generoso sol que nos ha regalado el día. Deleitándonos de esta forma hemos llegado a Arles, casi sin darnos cuenta. Esta ciudad ya nos fascinó cuando llegamos a ella en el final de nuestro viaje por el Ródano. En aquella ocasión nos recibió en plenas fiestas locales, con charangas por la calle y un enorme bullicio. Esta vez el ambiente era bien diferente, pero la ciudad nos sigue pareciendo una delicia. Hemos vuelto a recorrer sus, esta vez, tranquilas calles y admirar sus flamantes teatro y anfiteatro romano.
Nos despedimos de Arlés y retomamos el camino hacia el este, adentrándonos en tierras de la Provenza. La carretera por la que hemos pedaleado tenía más tráfico del que nos hubiera gustado pero al menos contaba con un buen arcén. El viento ha cambiado de dirección. De NO, que soplaba estos días, a S-SE. En todo caso, nos sigue soplando lateralmente, a veces un poco a favor otras un poco en contra, pero nos consideramos muy afortunados por no tenerlo de cara. Esperamos que, al menos, siga como hasta ahora.
Hemos pedaleado con cierta alegría y hemos llegado pronto a Salon de Provence. No sabíamos si seguir en dirección a Aix en Provence o tomarnos el día con tranquilidad y hacer fin de etapa aquí. Como el lugar nos ha gustado mucho, hemos optado por la segunda opción. Tras tomar una cerveza en una de las soleadas y concurridas terrazas del centro, hemos dado un buen paseo por el lugar. Una vez más, nuestra ignorancia ha ayudado a nuestra sorpresa. En esta ciudad vivió y murió el médico y astrólogo Michel de Nôtre-Dame, Nostradamus, famoso por sus profecías. De hecho, el camping en el que nos alojamos lleva su nombre. Hay un museo sobre él en lo que fue su vivienda y son muchos los carteles, placas y estatuas dedicadas a su figura.
Por lo demás, Salon de Provence es una ciudad deliciosa, con un centro histórico amurallado y un enorme castillo en su interior (El Castillo del Imperio). En la parte nueva hay varias plazas y plazoletas muy agradables y abundan los bares con terraza que hoy, soleado domingo de abril, están a rebosar. Así si que dan ganas de quedarse aquí.
Etapa 14: Frontignan – Saint Gilles (76 kms)
Ya llevamos dos semanas de pedaleo. La verdad es que nos notamos mejor que al principio. Las piernas van más sueltas y las posaderas menos doloridas. Podemos decir que ya estamos acabando la fase de preparación física (si es que se acaba alguna vez de estar preparado). Más nos vale porque aún nos quedan etapas bastante duras. De hecho, hoy en el camping nos hemos encontrado con un chaval de Nápoles que va a Santiago en bici. Nos ha comentado que por la zona de Génova la cosa se complica bastante puesto que hay que subir algún puerto con fundamento. No se cómo lo vamos a hacer, pero bueno, no vamos a adelantar acontecimientos.
Toda la mañana de hoy, desde Frontignan hasta un precioso lugar llamado Aigues-mortes, hemos venido pedaleando por una estrecha lengua de tierra junto al canal del Ródano a Sète y entre marismas y lagunas de agua marina.
Este canal proviene de uno de los dos brazos en los que se divide el Ródano en Arles (entre los cuales se extiende La Camarga) y acaba en Sète. Se supone que es la continuación de la Vía Rhône, una gran ruta de bici, pero lo cierto es que por todas partes hay señales que prohiben la circulación de bicicletas. Obviamente nosotros no las hemos hecho ni caso, bueno ni nosotros ni el resto de ciclistas con los que nos hemos cruzado (no muchos eso si).
Entre ellos, dos españoles que venían de Marsella con la intención de llegar a Burdeos. Hemos estado charlando un rato y poniéndonos al día sobre el camino. La verdad es que cuando vas en bici se crea una especie de sentimiento de comunidad con el resto de los ciclistas. En parte de eso habla un librito, casi un panfleto, que estoy leyendo y que os recomiendo a los entusiastas de la bici (Elogio de la bicicleta, de Marc Augé).
Así, por estos parajes, hemos llegado a la bella Agües-Mortes. Es una de esas gratas sorpresas que, gracias a nuestra ignorancia, nos encontramos de vez en cuando en el camino. Uno no se espera una ciudad completamente amurallada en un recinto del s.XIII cuando viene de pedalear por paisajes casi despoblados. Después, nos hemos enterado de que este lugar fue el principal puerto del que partían las cruzadas hasta la anexión de Marsella al reino francés. En el camino siempre se aprenden cosas nuevas.
Hemos comido, ya que estábamos entrando en lo que se conoce como “pájara” y hemos continuado camino junto al canal. Nos ha costado volver a coger ritmo, y eso que esta parte del canal está asfaltada y se circula muy bien por ella.
Después de unos quince kilómetros hemos dejado el canal y hemos seguido por carreteras secundarias junto a muchos viñedos, praderas en las que pastaban los típicos caballos blancos de La Camarga, campos de frutales, caminos de hierba… hasta llegar a Saint Gilles, un pueblo a unos quince kilómetros de Arles. Mañana pasaremos por allí, a hacer otra visita a ese lugar que tanto nos gustó cuando hicimos la ruta del Ródano.
Primeros 1000 kms
Etapa 13: Capestang – Frontignan (86 kms)
Hoy tenemos varias cosas que celebrar. Una, que ya hemos completado los primeros mil kilómetros de recorrido. La segunda, que hemos llegado a la orilla del Mediterráneo.
En la etapa de hoy hemos seguido teniendo un fuerte viento del noroeste que no nos ha venido mal, aunque no siempre ha sido a favor. Hemos transitado los últimos kilómetros del Canal del Midi hasta Agde, lugar en el que desemboca en el río Hérault (que da nombre a estas tierras). El último tramo del Canal atraviesa una zona de marismas que anticipan la cercanía del mar. Algunos de estos terrenos están inundados y llenos de una gran variedad de aves y otros, secos, son aprovechados como pasto.
Por el camino hemos ido recordando los lugares por los que ya pasamos en el anterior viaje por aquí. Hemos vuelto a ver el tunel de Malpás, que se vieron obligados a construir para que el canal del Midi pudiera atravesar una colina junto a las ruinas de L’oppidum d’Ensérune.
También hemos vuelto a disfrutar de las vistas de la hermosa ciudad de Béziers. Lo que no hemos podido ver han sido las nueve esclusas puesto que el camino estaba cortado. Nos ha ocurrido en unas cuantas ocasiones en este viaje. Se conoce que están reforestando las riberas del Canal y hay muchos tramos cortados por obras. Eso si, suelen señalizar muy bien la alternativa.
En Agde nos hemos despedido definitivamente del Canal para buscar la la línea de la costa. Toda esta zona empieza a ser muy turística. Suerte que todavía no estamos en temporada alta.
Siguiendo junto a la playa y con un fuerte viento lateral, hemos llegado a Sète, una ciudad que nos encanta, especialmente por su puerto y también por ser la cuna de Brassens. Allí nos hemos tomado una caña en una soleada terraza y hemos conocido a un personaje del pueblo. Antonio, un pescador hijo de una andaluza y un corso, ¡menuda mezcla!. Sète tiene una fuerte actividad pesquera que se respira por todas partes.
Desde Séte, hemos avanzado algún kilómetro hacia el norte para llegar a Frontignan. Aquí hemos buscado un camping cerca del mar y a refugio del fuerte viento que sigue soplando. El camping, como no podía ser de otra forma, se llama “Mediterráneo”.
Etapa 12: Carcassonne – Capestang (92 Kms)
Nos vamos acercando al Mediterráneo y se nota en el paisaje. La vegetación va cambiando, se ven cada vez más encinas, olivos (y alguna que otra almazara). Esta parte del canal es, quizás, la más salvaje y abandonada. La pista está en mal estado en muchos tramos (baches, sendero estrecho, raíces…) pero aún así, el camino guarda unos cuantos rincones con encanto.
En los alrededores de Carcassonne hemos visto, al igual que la otra vez que pasamos, más ajetreo de barcos de recreo debido a que es donde se concentra más turismo. Hoy es el primer día en el que nos hemos cruzado con otros cicloturistas de alforjas (la otra vez vimos más). Unos de ellos eran una pareja con dos niños pequeños, venían de Toulouse y se dirigían a Marseilla o Niza. ¡Eso sí que tiene mérito!, viajar con dos niños y todos los bártulos que conlleva. Lo que no nos explicamos es cómo podían transitar por esos estrechos y accidentados senderos con el carrito de los niños (esos que se ponen detrás de la bici). Buen carro tenía que ser para no romperse por allí.
Durante todo el día ha soplado un fuerte viento del Oeste-Noroeste que hemos tenido a favor en bastantes tramos. Por momentos las bicis avanzaban solas, como si tuvieran motor eléctrico. Pero en los pocos ratos en los que lo hemos tenido en contra hemos dado las gracias porque han sido cortos.
Hemos seguido el curso del canal prácticamente durante toda la etapa salvo en algunos tramos en los que estaba en obras y hemos tenido que circular por alguna carretera secundaria. Pensábamos llegar a un pueblo llamado Columbieres pero al final nos hemos quedado en el pueblo anterior, Capestang, porque ya llevábamos hecha una buena etapa y nuestro cuerpo pedía reposo. Además, tres pinchazos en la bici de Mayte han hecho que nos retrasáramos más de lo previsto. Mañana, sin falta, tenemos que cambiar la cubierta trasera porque está desgastadísima.
Etapa 11: Castelnaudary – Carcassonne (45 kms)
Hoy hemos continuado el camino por tierra de Cátaros y Cassoulet. De los primeros, que sepamos, no hemos visto ninguno. De lo segundo, ver, hemos visto bastante pero no hemos llegado a probarlo. No parece la comida más apropiada para tener que pedalear después. Para los que no lo sepáis el cassoulet es un plato muy conocido de esta zona, especialmente de Castelnaudary, consistente en un puchero de alubias con carne, hígado de pato y embutidos. Pues eso.

Hoy hemos hecho una etapa corta, casi de paseo, porque nos apetecía y porque Carcassonne es un lugar tan pintoresco que da pena dejarlo de lado. La figura de la ciudadela antigua es realmente impactante. Te transporta a otros tiempos o incluso a algún capítulo de Juego de Tronos. Por dentro es también atractiva, aunque tiene un cierto aire de parque temático pues está todo lleno de comercios y restaurantes para el turista.
Por lo demás la etapa ha sido muy agradable. Hemos tenido bastantes ratos de sol y el viento completamente a favor. De hecho soplaba un aire considerable que, de haberlo tenido en contra, nos habría puesto las cosas un poco más complicadas. Hoy hemos tenido suerte con el tiempo.
Hemos continuado el trazado del canal, que sigue siendo un camino sin asfaltar pero en mejores condiciones que el barrizal de ayer. Cerca de Carcassone hemos abandonado el canal durante varios kilómetros para cambiar un poco de paisaje.
Finalmente, hemos cruzado la ciudad nueva para acabar en el puente frente a la antigua ciudadela.
Etapa 10: Toulouse – Castelnaudary (65 kms)
Después de dos días allí, hemos dejado Toulouse con bastante pena. Entre que el día ha salido lluvioso y que no nos importaba quedarnos un poco más, hemos salido casi a las dos de la tarde. Después de comer en un restaurante libanés (el mismo en el que cenamos el día que llegamos) hemos emprendido el camino nuevamente. Hoy nos reencontramos con el Canal del Midi.
Como ya comentamos en alguna otra entrada del blog, Toulouse divide las aguas del Canal del Garona de las del Canal del Midi, obras ambas con las que se pretendía unir, por vía fluvial, el Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo. Ambas cuencas, la del Atlántico y la del Mediterráneo, se dividen a unos cincuenta kilómetros de Toulouse en lo que se llama Partage des Eaux., en el Seuil de Naurouze. Este es el punto más elevado del Canal del Midi (189 m) y justo aquí parte del agua del canal se vierte hacia el oeste, a la cuenca atlántica y parte hacia el este, a la cuenca mediterránea. De hecho, la primera esclusa hacia el oeste se llama Esclusa del Océano, y la primera hacia el este, obviamente, la del Mediterráneo. Así que ya vamos estando más cerca del lugar que da nombre nuestro periplo. Este lugar fue fundamental a la hora de diseñar un canal que uniera los dos mares. Hay que pensar en la tecnología de la época y en lo difícil que tuvo que ser encontrar el punto justo en el que las aguas, de forma natural, siguieran un curso u otro. Es casi mágico. El agua procede de la Montaña Negra, que está al norte, y es retenida en el estanque de Saint Ferréol. Todo este sistema fue ingeniado por Paul Riquet, del que hay numerosos homenajes en Toulouse. Para más información podéis consultar aquí (en francés, eso sí).
Pasado este punto, al igual que el agua, hemos empezado a descender hacia el Mediterráneo. La primera esclusa, como ya hemos dicho, lleva este nombre pero llegar a ella no ha sido fácil. El camino en este tramo ya no es el flamante carril bici por el que veníamos circulando sino un sendero sinuoso y de tierra. Si a esto le añadimos que ha estado todo el día lloviendo, el resultado es un barrizal. Hacer los seis o siete kilómetros que serparan la partición de las aguas de la esclusa del Mediterráneo ha sido, vamos a ser positivos, “divertido». Nos hemos puesto de barro hasta el gorro, por no hablar de las pobres bicis. Por lo menos no hemos acabado en el suelo, o en el canal, aunque algún resbalón casi lo consigue. Ni que decir tiene que llevar pedales automáticos por aquí lo hace aún más entretenido.
Con este panorama habíamos decidido abandonar el sendero, justo en la esclusa del Mediterráneo, y acabar la jornada por la carretera. Pero una amable pareja que estaba paseando por allí, al ver nuestra intención, nos ha dicho que a partir de ese punto el camino era mucho mejor, más ancho y con piedra y que no merecía la pena ir por la carretera. Tenían razón y nos han ahorrado circular junto a los coches y algún kilómetro de más.
Al final hemos conseguido llegar a Castelnaudary, pueblo del que ya hablamos en el anterior viaje. Nuestra intención era buscar el camping pero, cuando hemos preguntado por él, nos han dicho que no abre hasta mayo. Al final nos hemos venido a acampar a una de las numerosas áreas de autocaravanas que hay en este país. Son lugares muy bien preparados para la enorme cantidad de gente que viaja en estos furgones. Tienen tomas de agua y de luz y están muy bien protegidas. A nosotros nos ha venido estupendamente. Total, aquí en Francia cualquier rincón tiene un suelo y una hierba que ya la querrían muchos campings españoles de 1ª categoría.
